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Inglaterra y el tercer capítulo del Mundial: ¿podrá Tuchel levantar el trofeo?

Thomas Tuchel ya ha puesto título a lo que viene: “el tercer capítulo”. El técnico de Inglaterra ve estas eliminatorias del Mundial como la fase decisiva de una historia que, en su cabeza, solo tiene un final aceptable: levantar el trofeo por primera vez desde 1966.

El prólogo fue el campamento de preparación en Miami. El primer capítulo, la clasificación como líderes del Grupo L. Correcto, efectivo, sin brillo deslumbrante: victorias ante Croacia y Panamá, apagadas por un 0-0 gris frente a Ghana. Trabajo hecho, sí. Pero nada que haga temblar a los gigantes.

Ahora cambia el tono. Se acabaron las redes de seguridad. Un mal día, un despiste, y la novela de Tuchel se cierra de golpe.

El miércoles, en Atlanta (17:00 BST), espera RD Congo, con el eco de las sorpresas ya retumbando en el torneo. Las grandes potencias han recibido el aviso: este puede ser el Mundial de los golpes inesperados.

Un Mundial en modo “sudden death”

Inglaterra se refugiará bajo el techo cerrado del futurista Atlanta Stadium, un coloso de 1.600 millones de dólares que la protegerá del calor y la humedad brutales de la ciudad. Dentro, el clima será controlado. Fuera, la presión no entiende de aire acondicionado.

Hasta ahora, el recorrido inglés se resume en dos palabras: misión cumplida. A partir de aquí, cada minuto es vida o muerte deportiva.

Tuchel ha manejado sus alineaciones como un ajedrecista inquieto: retoques tácticos, minutos racionados, parches por lesiones, fórmulas probadas y descartadas sobre la marcha. El problema es que hay una zona del tablero que chirría, una debilidad tan evidente que cualquier rival de élite ya la habrá marcado en rojo.

La defensa.

Wayne Rooney lo resumió sin anestesia en BBC Sport: “El área del campo en la que quieres estabilidad es tu portero y tu línea de cuatro. Y con la defensa no la hemos tenido”. No hay mucho más que añadir.

Las dudas ya venían de antes del torneo. Tino Livramento, de Newcastle, y el capitán del Chelsea, Reece James, arrastraban problemas físicos de larga duración. Livramento cayó antes de empezar el Mundial. James, otra vez el isquiotibial, se lesionó ante Croacia. Tuchel se declaró sorprendido. El resto del planeta, no tanto.

El golpe se agravó cuando Jarell Quansah, suplente natural de James, se lesionó frente a Panamá. El costado derecho quedó desnudo.

Tuchel confirmó que ni James ni Quansah llegarán a tiempo para RD Congo: “Se están acercando cada vez más. Jarell va un poco por delante de Reece, pero la carrera está igualada”. Palabras tranquilizadoras, pero la realidad es tozuda: para el cruce solo queda un lateral derecho puro, Djed Spence.

La otra opción es forzar un movimiento de piezas: Ezri Konsa al lateral, hueco en el centro y posible regreso de John Stones. Nada de esto entra en la categoría de estabilidad.

Una defensa en construcción… a contrarreloj

Jordan Pickford es la única constante. El resto es un puzzle todavía sin encajar. Tuchel arrancó el Mundial con Stones y Konsa en el 4-2 ante Croacia. Después, cambió: Konsa y Marc Guehi de inicio, y Stones al banquillo.

En el fondo, el técnico paga decisiones y contextos que vienen de atrás. Stones, con 32 años, solo jugó cinco partidos de Premier League antes de salir del Manchester City al final de la pasada temporada. James apenas disputó 20 con el Chelsea. Futbolistas importantes, pero sin ritmo de máxima exigencia.

Tuchel, además, se ha aferrado a una idea muy suya: defensas versátiles, laterales que pueden jugar en las dos bandas, centrales capaces de caer a los costados. Sobre el papel, flexibilidad. En la práctica, un riesgo evidente cuando llegan las noches grandes.

Si el cruce de cuartos en Miami termina siendo contra Brasil y un Vinicius Jr desatado, Inglaterra necesitará especialistas, no improvisaciones. Tuchel confía en recuperar a James a tiempo, pero ahora mismo su plan defensivo se sostiene con demasiados “si”.

Saka, Rice y el frágil equilibrio del mediocampo

El rompecabezas no acaba atrás. En ataque, la gran duda se llama Bukayo Saka. El jugador del Arsenal fue titular por primera vez en este Mundial ante Panamá, jugó 63 minutos y se marchó con el talón de Aquiles aún entre algodones. Decidir si arriesgarlo o no ante RD Congo es una de esas decisiones que pueden marcar un torneo.

En Atlanta, Tuchel lo dejó claro: “Sabemos que estos son los momentos en los que tenemos que encontrar maneras de ganar. Tenemos que cavar hondo y jugar al máximo nivel”. Y fue más allá: “Somos los favoritos. Jugamos contra nuestras propias expectativas. Esperamos llegar más lejos que los octavos de final, así que ¿por qué el público no debería esperar lo mismo?”.

La exigencia está marcada. Y el margen de error, reducido a cero.

Tuchel ya demostró que no piensa regalar ni una amarilla. Con la clasificación asegurada, dejó fuera a Declan Rice ante Panamá. Pura lógica: el centrocampista del Arsenal, amonestado y con molestias, es una pieza demasiado valiosa para perderla por una tarjeta tonta.

Rice arrastra un problema en el isquiotibial y recibió un golpe en la pantorrilla frente a Ghana. Su ausencia ante Panamá destapó todas las costuras: Inglaterra concedió 13 disparos ante un rival muy inferior y se mostró vulnerable a cada contraataque.

La elección de un mediocampo ofensivo, con Jude Bellingham y Morgan Rogers, dio llegada y chispa, pero dejó a Elliot Anderson desbordado en la sala de máquinas. No fue una cuestión de actitud, sino de estructura: estaba solo ante un plan demasiado abierto.

Un rival más afinado que Panamá habría castigado sin piedad.

Ese partido dejó una conclusión nítida: Rice está ya en el mismo escalón de imprescindibles que Harry Kane y Bellingham. Sin él, el equipo pierde el escudo y parte del filo.

Rice no solo protege a una defensa en entredicho. También organiza, acelera, pausa y ejecuta a balón parado. Es ancla y lanzadera. Hoy por hoy, irremplazable.

Un Mundial que no perdona el despiste

Si algo no va a tumbar a esta Inglaterra de Tuchel es la autocomplacencia. El contexto se ha encargado de vacunar al vestuario.

La eliminación de Alemania ante Paraguay en los penaltis ha desatado una tormenta sobre Julian Nagelsmann, con el nombre de Jürgen Klopp flotando en el ambiente como posible sucesor. Un gigante fuera demasiado pronto, y una selección entera bajo juicio.

Los Países Bajos corrieron la misma suerte ante una talentosa Marruecos, y la caída costó el puesto a Ronald Koeman en menos de 24 horas. Una derrota, una puerta cerrada.

El mensaje para Inglaterra es brutalmente simple: el premio es enorme, el castigo, inmediato.

Tuchel lo sabe y lo repite: “No hay ni un porcentaje de exceso de confianza en nuestro enfoque. Los partidos en esta ronda hablan un lenguaje muy claro. Los márgenes son muy estrechos. En realidad, eso me hace estar más calmado que nervioso”.

El alemán va más lejos: “Esta es la naturaleza del fútbol de eliminación directa. Países Bajos y Marruecos podrían haber sido un cuarto o una semifinal, igual que Japón y Brasil. Son partidos de márgenes mínimos. Puede ayudarnos a no esperar demasiado. Los equipos están bien preparados. Es difícil para cualquiera derribar al de enfrente”.

La advertencia se extiende incluso a Brasil. El equipo de Carlo Ancelotti solo pudo eliminar a Japón con un gol de Gabriel Martinelli en el tiempo añadido. Otro gigante al borde del susto.

En ese contexto, Inglaterra entra en el “tercer capítulo” con una mezcla de ambición y vértigo. La defensa cojea, Rice sostiene el mediocampo, Saka juega contra el reloj de su talón, y Tuchel camina por una delgada línea entre la flexibilidad táctica y el desorden.

El siguiente paso se llama RD Congo. En un Mundial que empieza a oler a sorpresa mayúscula, Inglaterra no puede permitirse ser el siguiente nombre en la lista.