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Italia muestra carácter en la Nations League

La vieja guardia de Mancini aún manda. Y en Bolonia dejó claro que Italia no piensa soltar el timón en la Nations League.

Golpe de autoridad en el Renato Dall’Ara

El sello del seleccionador se notó desde el primer cuarto de hora: equipo corto, agresivo, decidido a mandar. La recompensa llegó en el minuto 26. Una combinación limpia entre Antonio Vergara y Giovanni Di Lorenzo abrió una rendija en la zaga turca, y Gianluca Scamacca la convirtió en un portazo.

Media volea, balón que besa el larguero por debajo y entra. Un gol de delantero de élite, de los que silencian dudas y encienden estadios. El Renato Dall’Ara rugió; el grupo de Mancini, no. Italia siguió concentrada, sin concesiones a la euforia, como si el 1-0 fuera apenas un punto de partida.

Turkiye, dirigida por Vincenzo Montella, no se achicó. Presionó alto, mordió en cada duelo, buscó castigar cualquier imprecisión en la salida de los Azzurri. La primera parte se fue en ese pulso: Italia con más control y calidad, los visitantes con filo y orgullo.

El susto de Simsir y la respuesta de carácter

Nada más arrancar la segunda mitad, llegó el golpe inesperado. Aral Simsir cazó la ocasión que buscaba Turkiye y firmó un empate que heló por un momento el ambiente en Bolonia. Un mazazo. El tipo de acción que, en otros tiempos, habría descompuesto a esta Italia.

Esta vez no. El equipo no se partió, no se desordenó, no entró en pánico. La reacción fue inmediata, casi instintiva. El balón volvió a pasar por los pies italianos, los laterales se proyectaron, los interiores pisaron área. La sensación era clara: el 1-1 no iba a ser el último capítulo.

Riccardo Calafiori se encargó de confirmarlo. Un centro preciso encontró su carrera y el defensa se elevó con decisión para conectar un cabezazo que devolvió a Italia a la delantera. Gol de rabia, de jerarquía, de un equipo que ya no se derrumba al primer contratiempo.

Turkiye apretó de nuevo, adelantó líneas, intentó ensuciar el partido. Italia, sin embargo, empezó a encontrar espacios a la espalda. Cada transición parecía un aviso. Faltaba el golpe final.

Esposito entra en la historia

Ese golpe lo dio Francesco Pio Esposito en el tramo final. Oportunista, frío, letal a pocos metros de la portería. Un toque desde cerca, pero con un peso enorme.

Con ese tanto, el joven delantero se metió de lleno en los libros de historia de la selección: se convirtió en el segundo jugador que alcanza los siete goles con la absoluta antes de cumplir los 21 años. Por delante, solo un nombre: Giuseppe Meazza, enero de 1931. No es una comparación menor.

El 3-1 no solo cerró el partido. Certificó una noche que mezcló sufrimiento, madurez y ambición ofensiva. Italia aguantó los momentos de apuro, respondió con fútbol cuando el marcador se torció y mostró una transición en ataque que, por fin, empieza a tener continuidad.

Scamacca, gol y mensaje de vestuario

Al término del encuentro, Scamacca rehuyó el foco individual pese a su golazo. Ante los micrófonos de RAI, el delantero de Atalanta fue directo: la prioridad era el resultado.

“Estoy felicísimo, no tanto por el gol, sino por el resultado, porque ganar era crucial para nosotros. Sabíamos que no sería fácil, porque Turkiye es un equipo agresivo, pero jugamos un partido excelente”, explicó, subrayando el trabajo colectivo por encima del lucimiento personal.

Después, dejó claro que su rol en esta Italia va más allá de una noche inspirada: siempre preparado, siempre disponible. “Estoy siempre concentrado en estar listo y darlo todo cuando me llaman para jugar; lo más importante es ayudar a la selección”, remató. Un discurso alineado con la imagen que ofreció el grupo sobre el césped: compromiso, sacrificio y hambre.

Italia se cita con Francia y Bélgica

El triunfo en Bolonia empuja a los campeones de Europa de 2020 hasta los siete puntos en cuatro jornadas y consolida el segundo puesto en el Grupo A1. No es un detalle menor en un torneo que castiga cualquier despiste.

Ahora llega el tramo que separa a las buenas sensaciones de las grandes certezas. En la próxima ventana de noviembre, Italia recibirá a Francia y viajará a Bélgica. Dos exámenes de máximo nivel, sin red, ante selecciones que miden de verdad la estatura competitiva de cualquiera.

Mancini ya ha logrado algo importante: un equipo que no se derrumba cuando el viento sopla en contra. Falta por ver si esta versión, más sólida y con colmillo, está preparada para discutirle el trono continental a los gigantes que vienen. La respuesta, pronto, bajo los focos de la Nations League.