Josko Gvardiol: El Soldado que Domina en el Nuevo City de Maresca
El verano pasado, Josko Gvardiol avisó: necesitaría “al menos un año para que todo se cure por dentro” tras su grave lesión. Ese plazo ya pasó. Y se nota.
Después del 0-3 en la Community Shield ante Arsenal en agosto, el Manchester City ha reaccionado con una contundencia que roza lo implacable: seis victorias consecutivas en todas las competiciones, solo dos goles encajados en las primeras cuatro jornadas de la Premier League y una defensa que ha encontrado una nueva cara dominante… en el lateral izquierdo.
De central de élite a lateral total
Con Ruben Dias, nuevo capitán, y Marc Guehi consolidándose como pareja de centrales, Enzo Maresca necesitaba encajar a Gvardiol en su once. La solución ha sido clara: lateral izquierdo. Y el croata no solo ha aceptado el rol. Lo está convirtiendo en su territorio.
Fuentes cercanas le describen como un “soldado”: juega donde le toque, sin quejarse, y rinde al máximo por el bien del equipo. Él mismo se siente “satisfecho” con la decisión del técnico y convencido de que desde su llegada a Inglaterra ha ganado una capa extra de conocimiento táctico.
No es una posición cómoda. Gvardiol considera que el lateral exige más físicamente que el puesto de central. Más ida y vuelta, más metros, más duelos. Pero le gusta. Le permite lanzarse hacia adelante, pisar área, aparecer en posiciones de remate. Y ahí también está brillando.
En el estreno liguero ante Bournemouth firmó un gol en el tiempo añadido y repartió dos asistencias, una de ellas en el polémico tanto de Erling Haaland que decidió el derbi en Old Trafford frente al Manchester United. Un lateral que asiste, marca y, al mismo tiempo, cierra su banda con fiereza.
Del banquillo a la banda: víctimas colaterales
Su irrupción como lateral ha tenido consecuencias internas. Nico O’Reilly, que el curso pasado ocupó ese costado de forma casi forzada durante los cinco meses de baja de Gvardiol por la fractura de pierna, ha regresado al banquillo. Maresca ya le ha prometido más minutos en su posición natural, el centro del campo, pero el mensaje es evidente: mientras el croata esté a este nivel, el lateral izquierdo tiene dueño.
Rayan Ait-Nouri, fichado el verano pasado procedente de Wolves precisamente para ese puesto, también lo sufre. El argelino apenas ha tenido opciones en su demarcación y el entrenador lo ha adelantado unos metros, utilizándolo más arriba para no perder su talento, pero sin tocar la estructura defensiva que hoy manda en el Etihad Stadium.
Exhibición en Old Trafford y números de élite
La mejor fotografía del momento de Gvardiol llegó el pasado domingo en Old Trafford. El City se quedó con diez hombres tras la expulsión de Phil Foden en el minuto 23. El escenario pedía resistencia, concentración, carácter. El croata respondió con una actuación de jerarquía.
Secó durante gran parte del partido a Bryan Mbeumo, ganó nueve de sus once duelos —nadie en el campo ganó más— y firmó cuatro entradas, la cifra más alta entre los jugadores de Maresca. El City acabó con una portería a cero que pocos habrían pronosticado tras quedarse en inferioridad numérica tan pronto.
Sus datos en este arranque de temporada lo confirman como uno de los defensas más dominantes de la liga: séptimo jugador con más duelos ganados en toda la Premier League y entre los diez primeros en número de entradas realizadas. Intensidad, lectura y agresividad bien medida.
No todo ha sido perfecto. En Porto, en la Champions League, vivió una noche complicada: amarilla en la primera parte y sustitución temprana tras el descanso. Un borrón aislado en una serie de actuaciones que, dentro del club, se interpreta como un simple mal día, no como un síntoma.
Un futuro atado al Etihad
Gvardiol aterrizó en Manchester en 2023 procedente del RB Leipzig por 77 millones de libras, una cifra que lo convirtió en el segundo defensa más caro de la historia, solo por detrás de Harry Maguire. La apuesta económica era enorme. Hoy, el rendimiento empieza a justificar cada libra.
Este verano, con Bayern Munich y Barcelona al acecho, el croata zanjó cualquier debate: firmó una renovación por cinco años y ató su futuro a largo plazo al Manchester City. Lo hizo con un mensaje claro: en el equipo de Maresca “todos tienen que pelear por su puesto, nadie lo tiene asegurado”.
La paradoja es que, si mantiene este nivel, el suyo sí parece blindado.
El reto Sunderland y un parón diferente
El domingo, el City recibe a Sunderland (14:00 BST). Maresca lo ha etiquetado como el partido “más duro” del curso hasta ahora “por lo buenos que son”. No es una frase vacía: el técnico quiere mantener el nivel de alerta de un grupo que llega lanzado.
Un triunfo ante los Black Cats alargaría la racha victoriosa y enviaría a Gvardiol a la concentración de Croacia con la moral en lo más alto. Le esperan Inglaterra y España en la UEFA Nations League, un escaparate mayúsculo después de la decepción del pasado verano, cuando su selección cayó en octavos de final del Mundial.
Esta vez, el contexto es distinto. Sin dolor, con el físico al cien por cien y con un nuevo papel que le ha abierto el campo y el horizonte.
La pregunta ya no es si Gvardiol volverá a ser el de antes. La cuestión, viendo su impacto como lateral, es hasta dónde puede llegar esta versión mejorada en un City que no parece dispuesto a aflojar.





