Konaté se marcha gratis: un golpe para el Liverpool
Ibrahima Konaté se encamina a la puerta de salida de Anfield. Sin traspaso, sin despedida, sin acuerdo. El central francés dejará el Liverpool cuando expire su contrato en junio, tras el naufragio definitivo de unas negociaciones que comenzaron con optimismo y han acabado en silencio.
De “gran oportunidad” a punto final
Cuando habló tras el derbi de Merseyside en abril, Konaté sonaba seguro. Habló de estar “cerca de un acuerdo”, de una “gran posibilidad” de seguir en el club. Incluso invitó a los periodistas a preguntar al director deportivo, Richard Hughes, convencido de que su voluntad de continuar quedaría clara.
Las conversaciones se habían abierto en noviembre de 2023. El plan era sencillo: blindar a un central de 27 años, fichado en 2021 desde RB Leipzig por 35 millones de libras, pieza importante en los últimos años y todavía en plenitud física. Arne Slot llegó a describirlo como “vital” y dejó claro que, si el club no quisiera que siguiera, ni siquiera se estaría negociando.
Pero el tiempo fue pasando. Y el dinero, como casi siempre en el fútbol moderno, se interpuso.
Brecha salarial y una decisión fría
El problema no fue deportivo, sino económico. Entre lo que Konaté considera que debe cobrar y lo que el Liverpool está dispuesto a pagar hay una brecha que nadie ha logrado cerrar. El club entiende que no puede romper su estructura salarial ni alterar el equilibrio financiero de la plantilla por un solo jugador, por importante que sea.
Resultado: conversaciones detenidas. Sin prisa por retomarlas. BBC Sport da por hecho que Konaté se marchará libre este verano, sumándose a una lista incómoda para la directiva: Andy Robertson y Mohamed Salah también se irán sin dejar un solo euro en caja.
Para un club que presume de planificación, es un golpe. Otro más.
Un patrón que preocupa
El caso de Konaté no es aislado. Hace un año, Trent Alexander-Arnold abandonó Anfield rumbo al Real Madrid apenas un mes antes de que expirara su contrato, con los blancos pagando una cantidad para adelantar su llegada al Mundial de Clubes. Un desenlace que ya encendió las alarmas.
El capitán Virgil van Dijk termina contrato el próximo verano. El intento de firmar a Marc Guehi en el último día de mercado, en septiembre, también se quedó en nada; el internacional inglés acabó recalando en Manchester City en enero. Demasiados avisos, demasiadas oportunidades perdidas.
En el caso de Konaté, la sensación es aún más áspera. A sus 27 años, entra en el tramo dorado de su carrera. Si el Liverpool hubiera decidido vender el pasado verano, o incluso en enero, habría habido mercado y dinero. Ahora, medio mundo estará atento a la posibilidad de firmar gratis a un central de nivel élite, pendiente también de lo que ocurra tras el próximo Mundial.
Profundidad… pero poca experiencia
En Anfield, sin embargo, aseguran estar tranquilos con la profundidad en el centro de la defensa. El club ha incorporado a Giovanni Leoni el verano pasado y este año ha cerrado la llegada de Jeremy Jacquet por 60 millones de libras. Dos apuestas fuertes, dos proyectos de largo recorrido.
Pero la letra pequeña pesa. Van Dijk, con 34 años, se queda como el único central verdaderamente curtido, acompañado por Joe Gomez, de 29. Jacquet, francés, cumplirá 21 en julio: disputó 21 partidos con Rennes la pasada temporada, pero se perdió los últimos cuatro meses por una lesión de hombro. Leoni, 19 años, se rompió el ligamento cruzado anterior en septiembre, apenas un mes después de llegar desde Parma por 26 millones más variables, y estará un año fuera de los terrenos de juego.
Sobre el papel hay número de centrales. Sobre el césped, la experiencia se reduce a dos nombres.
Prioridades cambiadas
Dentro del club la lectura es clara: hay urgencias mayores. Reemplazar a Mohamed Salah, cubrir el vacío que deja la lesión de Hugo Ekitike y ajustar otras líneas se consideran prioridades por delante de una renovación muy cara para Konaté.
El francés, que siempre transmitió que quería seguir en el Liverpool, se encuentra ahora en una posición incómoda. No consigue el contrato que reclama y, al mismo tiempo, ve cómo se cierra la puerta del club al que decía querer quedarse. El pulso económico lo deja en tierra de nadie, a la espera de que algún gigante europeo asuma sus pretensiones salariales.
El Liverpool, por su parte, asume el coste deportivo de perder gratis a otro titular, pero se aferra a su política: ningún acuerdo a cualquier precio.
Una salida por la puerta de atrás
Lo que parecía un trámite se ha convertido en un caso de estudio sobre cómo no gestionar activos clave. El club debería haber tomado una decisión hace un año: renovar o vender. No hizo ni lo uno ni lo otro. Ahora ve marcharse a un internacional francés en plenitud sin compensación económica, como ya ocurrirá con Salah y Robertson.
El desenlace, salvo giro inesperado, será silencioso. Sin homenaje, sin gran despedida, sin ovación final en Anfield. Konaté se irá por la puerta de atrás, justo lo contrario de lo que su impacto deportivo sugería cuando llegó desde Leipzig.
La temporada para olvidar del Liverpool terminó sobre el césped la semana pasada. En los despachos, para Arne Slot y su equipo, apenas acaba de empezar.






