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Lando Norris logra la pole en Interlagos bajo la lluvia

La lluvia se adueñó de Interlagos. El reloj marcaba la hora prevista, los motores estaban listos, pero el circuito era una trampa. Dirección de carrera detuvo la sesión antes de que nadie pudiera marcar un tiempo. A partir de ahí, comenzó una larga espera: 1 hora y 26 minutos de pausa, charcos creciendo en el asfalto y miradas al cielo.

Cuando por fin el semáforo se puso en verde de nuevo, Lando Norris estaba preparado.

El piloto de McLaren, campeón del mundo de 2025, firmó la pole para el Gran Premio de São Paulo en una clasificación caótica, empapada y llena de sanciones que desfiguraron la parrilla. En esas condiciones traicioneras, Norris volvió a demostrar por qué Interlagos le sienta tan bien: repitió la pole que ya había logrado en Brasil el año pasado y arrancará desde la primera posición por primera vez desde el Gran Premio de España de septiembre.

Superó a George Russell por 0,204 segundos, un margen pequeño pero suficiente para encender el enfado del piloto de Mercedes. Russell estaba convencido de tener más ritmo antes de que la lluvia arreciera, pero su ingeniero le ordenó abortar una vuelta que apuntaba a ser más rápida. El británico no lo escondió al bajar del coche: esa decisión le dejó con la sensación de haber dejado la pole escapar en el muro, no en la pista.

La sanción, sin embargo, convierte su frustración en un castigo doble. Russell arrastra una penalización de cinco puestos en parrilla por exceder el número permitido de componentes de motor, así que su segundo puesto en la tabla de tiempos se transforma en una salida desde más atrás. Quien se beneficia es su compañero: el nuevo campeón del mundo, Kimi Antonelli, asciende a la segunda posición de la parrilla y compartirá la primera fila con Norris.

El baile de sanciones no se detiene ahí. Charles Leclerc, cuarto en la clasificación con el Ferrari, deberá retroceder diez posiciones por otra penalización de motor. Ese castigo abre la puerta del tercer puesto al Racing Bulls de Liam Lawson, que firmó una de las actuaciones del día.

El neozelandés fue uno de los grandes ganadores del aguacero. En un sábado normal, su coche no está para pelear por la segunda fila. Bajo el agua, sí. La lluvia igualó fuerzas, borró diferencias aerodinámicas y permitió que manos finas y nervios fríos se colaran entre los habituales. Lawson aprovechó el momento y se llevó su mejor sábado del año.

No fue el único en sacar oro del caos. Nico Hülkenberg llevó al Audi hasta el sexto mejor tiempo y arrancará cuarto gracias a las sanciones. Oliver Bearman, con el Haas, se coló octavo en la clasificación y saldrá sexto, en una jornada que no olvidará: se enfrentó a las condiciones más extremas de su corta carrera y acabó contra el muro al final de la Q2, pero con un resultado notable en el bolsillo. Él mismo lo resumió con una frase que retrata el diluvio: eran las condiciones más mojadas que había vivido en un coche de carreras, “si no en cualquier coche”, pese a haber crecido en el Reino Unido.

Detrás, otro veterano volvió a reivindicarse. Fernando Alonso, con un Aston Martin-Honda que ha sido uno de los coches más lentos de la parrilla durante buena parte del año, encontró en el agua un aliado parcial. El español se mantuvo entre los primeros durante buena parte de la sesión, exprimiendo cada gota de agarre disponible. Aun así, el déficit de potencia del motor Honda se dejó notar incluso en mojado. Terminó noveno en tiempos, pero las sanciones le colocan octavo en la parrilla. Justo detrás saldrá Alex Albon, que también aprovechó la lotería del agua con su Williams.

En McLaren, la cara y la cruz. Mientras Norris volaba hacia la pole, Oscar Piastri caía en la Q2. El australiano no consiguió meterse entre los diez mejores, pero la cascada de penalizaciones le permitirá partir décimo, una posición que mantiene sus opciones de remontada el domingo.

El héroe local tendrá que remar. Rafael Camara, en su debut en la Fórmula 1 con Haas, cerró el sábado con sensaciones encontradas: se fue contra el muro al final de la segunda sesión, pero aun así saldrá undécimo en su primera parrilla en el gran circo. En casa, bajo la lluvia y con toda la presión encima, no es un mal comienzo.

La otra gran historia del día se escribió a la sombra de los cronómetros. Max Verstappen, tercero más rápido en la primera sesión, decidió ni siquiera participar en la segunda. El motivo: una sanción de motor que le condena al fondo de la parrilla. Con ese escenario, el equipo optó por guardar neumáticos y kilómetros de motor. Ferrari tomó un camino distinto con Lewis Hamilton, también sancionado y obligado a salir desde atrás. El británico sí disputó la Q2, pero se quedó fuera del corte y marcó el undécimo mejor tiempo antes de que las penalizaciones lo enviaran igualmente al fondo.

Mientras la lluvia iba y venía, el guion del sábado cambiaba a cada vuelta. Los tiempos caían, las nubes se cerraban, los ingenieros dudaban entre arriesgar una vuelta más o proteger el coche. En ese filo vivió Mercedes su gran error del día. El muro llamó a Russell a boxes justo cuando la pista aún le ofrecía una última oportunidad. Él levantó, obedeció, y vio cómo Norris convertía ese momento en la vuelta de la pole.

Norris, por su parte, no falló. En un día largo, tenso, con un inicio interrumpido por la peligrosidad del asfalto y una reanudación tardía, el británico se centró en lo esencial: colocar dos vueltas limpias al principio de la sesión y no cometer errores cuando el circuito aún daba algo de agarre. Él mismo lo explicó: todo pasaba por aprovechar ese primer momento y no salirse del guion.

Lo logró. Y lo hizo con un McLaren actualizado que ya había mostrado velocidad durante todo el fin de semana. El coche respondió, el piloto ejecutó y la lluvia, esta vez, no se interpuso en su camino.

La parrilla del domingo queda partida en dos: talento y ritmo al frente, campeones y favoritos atrapados en el tráfico del fondo por culpa de los motores. Entre un Norris que saldrá desde la pole, un Antonelli recién coronado como campeón mundial arrancando segundo y un Verstappen obligado a remontar desde atrás, el Gran Premio de São Paulo se asoma a un escenario perfecto para el caos.

Interlagos ya ha visto muchas carreras memorables. Con esta mezcla de agua, sanciones y egos heridos, todo apunta a que está lista para otra.