Lesiones de Anselmino y Sarr preocupan al Chelsea
El gesto lo decía todo. Aaron Anselmino abandonó el césped del Stadium Sultan Ibrahim entre sollozos, arropado por sus compañeros, y con la sensación de que algo más que un simple amistoso se escapaba por el túnel de vestuarios. Minuto 29, mano en la parte posterior del muslo, mirada perdida. Una imagen que perseguirá a la afición del Chelsea mientras se acerca el inicio de la temporada.
El central argentino, de 21 años, fichado en 2024 y señalado como una de las grandes apuestas de futuro del club, sufrió lo que parece un serio problema en los isquiotibiales. Cayó al suelo, pidió asistencia de inmediato y, mientras recibía tratamiento sobre el césped, golpeó con rabia el terreno de juego. No era solo dolor físico. Era miedo. Miedo a otra parada forzosa en una carrera ya marcada por las lesiones.
Anselmino, que pasó por Borussia Dortmund y Strasbourg en calidad de cedido antes de aterrizar en Stamford Bridge, arrastra contratiempos físicos desde su llegada a Londres. Este nuevo golpe llega en el peor momento posible: justo cuando intentaba convencer a Alonso de que puede ser una pieza estable en la rotación del primer equipo. Sus opciones de ganarse un sitio de forma continuada se reducen drásticamente antes incluso de que ruede el balón de verdad.
Un problema antes del pitido inicial
La tarde en Johor se torció para Alonso incluso antes de que el árbitro señalara el comienzo. Mamadou Sarr, central de 20 años, estaba en el once inicial. No llegó ni al minuto uno. El internacional senegalés se vio obligado a retirarse durante el calentamiento, dejando al técnico sin otra pieza clave en una línea ya de por sí corta de efectivos.
De un plumazo, dos de los jóvenes defensas en los que el club confiaba para sostener la temporada caían en el mismo día. En un verano en el que el Chelsea ha gastado fuerte en otras zonas del campo y las informaciones apuntan a un margen de maniobra cada vez más reducido en el mercado, el plan de Alonso era claro: exprimir al máximo la profundidad en el eje de la zaga.
Ese plan saltó por los aires en Malasia. Sin Sarr, sin Anselmino y con el calendario oficial asomando, la dirección deportiva se ve obligada a revisar sus prioridades. ¿Alcanzará con lo que hay o tocará improvisar a contrarreloj?
Tensión en la banda y un 3-3 que deja más dudas que certezas
El caos no se limitó a la enfermería. El amistoso terminó convertido en un carrusel de goles, errores y nervios. Un 3-3 abierto, vibrante por momentos, pero que dejó a la vista las grietas que Alonso intenta sellar a marchas forzadas.
Liam Delap sostuvo al equipo en ataque desde los once metros, encontrando puerta desde el punto de penalti y aportando algo de calma en un encuentro por momentos descontrolado. Cada avance ofensivo parecía una bocanada de aire fresco. Cada pérdida atrás, un nuevo sobresalto.
La tensión se trasladó también a la banda. Tras una dura entrada sobre Delap, el banquillo del Chelsea estalló. Austin MacPhee, especialista en jugadas a balón parado recién incorporado al cuerpo técnico, tuvo que ser sujetado por el propio Alonso en plena discusión con el banquillo rival. El amistoso se convirtió en un pequeño volcán a pie de campo, síntoma de un equipo que aún busca su equilibrio emocional y táctico.
Un proyecto que ya conoce la adversidad
El empate, en sí, importa poco. Lo que pesa es el contexto. Las desconexiones defensivas, la falta de solidez atrás y, sobre todo, la doble pérdida de Anselmino y Sarr convierten un simple partido de preparación en una señal de alarma temprana.
Alonso llega a Stamford Bridge con la misión de devolver al Chelsea a la Champions League. No es un objetivo menor. Para lograrlo, necesitaba una defensa joven, física, con margen de crecimiento y capaz de soportar el desgaste de una temporada larga. En Johor, esa idea recibió su primer golpe serio.
El equipo regresa ahora a Londres con la vista clavada en la sala médica. Los próximos partes de lesión marcarán no solo el inicio de curso, sino también las decisiones de despacho en las próximas semanas. Porque una cosa está clara: si el proyecto quiere mirar a Europa desde la zona noble, no puede permitirse empezar el camino con la zaga en cuadro.






