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Manchester City: unidad y determinación ante Paris St-Germain

En Manchester City nadie finge que no pasa nada. El ruido es ensordecedor fuera del club, las miradas se han endurecido desde que se conoció la sanción por incumplimiento de normas financieras y, sin embargo, en el interior del vestuario el mensaje es otro: calma, unión y una fe casi obstinada en el césped como única respuesta.

A las puertas de un duelo de alto voltaje ante Paris St-Germain en la Champions League, el equipo de Enzo Maresca se presenta con una mezcla peculiar: alivio por el 3-0 en Anfield y una determinación casi militante por defender su escudo.

Haaland como referencia, pero sin divismos

Rúben Dias, capitán y voz fuerte del vestuario, no se esconde cuando le preguntan por Erling Haaland y su peso en el equipo. No solo por los goles, también por la figura que se ha convertido en el epicentro de las celebraciones, como se vio en Anfield.

“Obviamente es él, es importante como todos en el equipo”, subraya el central. Habla de fortaleza mental, de calma en los momentos calientes, de un grupo que sonríe en medio de la tormenta. Para Dias, ese detalle no es cosmética: es carácter. Es la manera que tiene este City de decir que sigue de pie.

Anfield, una catarsis compartida

La victoria en Anfield no fue un triunfo cualquiera. El 3-0 ante Liverpool llegó en uno de los contextos más delicados de la era reciente del club. Maresca lo notó en la grada tanto como en el césped.

“Después estábamos muy felices en el campo, compartiendo con nuestros aficionados. Probablemente ha sido más duro para ellos que para los jugadores o para mí”, admite el técnico. Señala un punto incómodo: el día a día del aficionado, el que tiene que aguantar bromas y acusaciones en el trabajo, en casa, en la calle. “Si yo fuera aficionado del Arsenal o del United y tú del City, podría decirte ‘amigo, eres un tramposo’”, ilustra Maresca. El golpe va ahí, en el orgullo del hincha.

Por eso, el desahogo en Anfield tuvo algo de reivindicación. Dentro del vestuario, el ambiente fue de celebración pura. “Sabemos lo difícil que es Anfield fuera de casa, por eso estábamos tan felices”, remata el entrenador.

Dias va en la misma línea. Para él, ganar en ese estadio siempre tendrá un sabor especial, sin importar el momento de la temporada ni el ruido exterior. “Lo celebraremos como nos salga en el momento, y será una muestra de cuánto significa para nosotros”, resume. No hay disculpas, ni intención de rebajar el gesto.

Capitanes en modo trinchera

El contexto obliga a los líderes a dar un paso más. Dias lo asume sin dramatismo, casi con naturalidad. Ser capitán, recuerda, va de estar disponible “para lo que haga falta”. Y ahora hace falta más que nunca.

“Estoy aquí para esto y también los otros tres capitanes y el resto del equipo”, afirma. El mensaje es claro, directo, sin adornos: “Defenderemos al club, lucharemos por él y confiamos en el club”.

Maresca, que desde verano se apoya mucho en el portugués, no escatima elogios. “Desde el primer día ha sido un verdadero líder y lo está haciendo muy bien en todos los aspectos”, reconoce. En un equipo lleno de estrellas, el técnico señala a Dias como eje emocional y competitivo.

El ruido fuera, el fútbol dentro

La gran cuestión es cómo se gestiona, desde dentro, una sanción de este calibre. Dias no oculta que el impacto inicial fue fuerte. La noticia saltó en pleno parón internacional, con la plantilla desperdigada por medio mundo.

“Cuando salió sentimos que debíamos hablarlo en cuanto volviéramos”, explica. Lo hicieron rápido. Se reunieron, se pusieron “en la misma página”, buscaron paz mental y decidieron seguir adelante. El grupo, dice, “encontró la calma y progresó hacia delante”.

Maresca va por el mismo carril. No minimiza la gravedad del asunto, pero se niega a convertirlo en el centro de su trabajo diario. “Sé la seriedad de la situación, pero no es algo en lo que podamos hacer nada. Donde sí podemos hacer cosas es en el campo”, insiste. Su obsesión, admite, está en los planes de partido, en los entrenamientos, en la evolución del juego.

Tras el triunfo en Anfield, el técnico fue muy claro con sus jugadores: el ruido alrededor es enorme, pero ellos deben generar el suyo propio. ¿Cómo? Ganando partidos.

Un vestuario que se alimenta de la hostilidad

Dias va un paso más allá cuando habla de la reacción de las aficiones rivales. No hay sorpresa, casi ni queja. Hay una constatación: el City no despierta simpatías fuera de su entorno, y eso ya forma parte del paisaje.

“Confiamos en el club. Estamos muy tranquilos y muy centrados en disfrutar del fútbol”, afirma el central. Sabe el equipo que tienen, sabe lo que quieren: ganar. Todo lo demás es ruido. “Si hay más o menos ruido o sea cual sea la razón, al final es lo mismo que antes, porque a la gente no le gusta que ganemos y a nosotros nos encanta ganar”.

Ahí está la esencia de este City sitiado: sentirse el villano y usarlo como combustible.

El laboratorio de Maresca y la obsesión Champions

Entre polémicas y celebraciones, el cuerpo técnico no ha dejado de mirarse al espejo. Maresca reconoce que aprovechó el parón internacional para diseccionar los siete partidos previos. Lo revisó todo, con y sin balón. Detectó puntos a mejorar, especialmente en la circulación y en la primera parte del duelo ante Liverpool, donde no le gustó lo que vio con pelota. Defensivamente, en cambio, quedó satisfecho.

Cada encuentro, repite, deja algo que pulir. Y la Champions no espera. El club encadena 16 temporadas consecutivas en la máxima competición europea, un dato que el técnico no ignora, aunque se niega a vivir anclado en la estadística.

Para la organización, admite, la Champions es “muy importante, sin duda”. Su reto inmediato es mejorar lo hecho en los últimos dos o tres años, donde el equipo “sufrió un poco” en el torneo. No promete nada, no lanza grandes declaraciones. Solo marca la ruta: intentar llegar más lejos, exprimir al máximo esta edición, sin saber siquiera si será la última durante un tiempo.

El presente, para Maresca, se llama Paris St-Germain y se juega mañana. El futuro, con sanciones, recursos y consecuencias, se resolverá lejos del césped.

La respuesta del City, en cambio, ya está definida: ganar mientras todos miran, ganar mientras todos pitan, ganar mientras todos señalan. Porque, como repite su capitán, “a la gente no le gusta que ganemos y a nosotros nos encanta ganar”. Y esa batalla, la que se libra entre el ruido y el resultado, apenas acaba de empezar.