Marruecos busca su primera victoria en el Mundial 2026
Marruecos busca su primera victoria en el Mundial 2026. Cuatro años después de rozar la gloria con aquel histórico cuarto puesto en Catar, la selección de Mohamed Ouahbi llega a su segundo partido con una mezcla de orgullo y frustración. Plantarle cara a Brasil siempre suma prestigio; quedarse otra vez a medias, no tanto.
Ismael Saibari encendió el torneo marroquí con el primer gol del duelo inaugural ante la ‘Canarinha’. Gol tempranero, golpe de autoridad, mensaje al mundo: este equipo no fue una moda pasajera en 2022. Pero el talento de Vini Jr. apareció en el minuto 32 para equilibrar el marcador y congelar el impulso norteafricano. Un punto ante Brasil es un botín respetable, pero deja a Marruecos obligado a acelerar ya en la segunda jornada.
Ahora espera Escocia, líder del Grupo C tras imponerse a Haití en su debut. Un escenario distinto, un tipo de partido completamente diferente… y un riesgo muy real.
Un partido con aroma a cruce directo
Escocia nunca ha superado una fase de grupos en sus ocho participaciones mundialistas. Precisamente por eso este duelo en Foxborough, Massachusetts, se le presenta como una oportunidad dorada: puntuar frente a Marruecos la acercaría, quizá como nunca antes, a los octavos de final.
Para Marruecos, el choque en el Gillette Stadium el 19 de junio tiene un tono de cruce eliminatorio encubierto. Perder complicaría el grupo de forma severa. Ganar cambiaría el paisaje de inmediato, con Haití esperando en la tercera jornada en Atlanta.
La grada también jugará su partido. Se espera una marea de aficionados escoceses, la famosa Tartan Army, tiñendo de azul las gradas. Ambiente hostil, ruido constante, himnos a pleno pulmón. Un contexto perfecto para medir el carácter de un grupo que se acostumbró a los grandes escenarios en 2022 y que ahora quiere demostrar que no fue un espejismo.
El once que perfila Ouahbi
Marruecos llega con una base reconocible y un esqueleto competitivo que mezcla jerarquía europea y hambre juvenil. El once proyectado ante Escocia apunta a continuidad, con matices.
En la portería, no hay debate: Yassine “Bono” Bounou (Al-Hilal) sigue siendo el guardián de las noches grandes. Su experiencia en eliminatorias y su calma bajo presión son un seguro en este tipo de partidos.
La defensa, uno de los pilares de la selección, se sostiene en nombres de peso. Achraf Hakimi (PSG) ofrecerá profundidad y agresividad desde el lateral derecho, mientras que Noussair Mazraoui (Manchester United) partirá desde la izquierda, con capacidad tanto para cerrarse por dentro como para proyectarse en ataque. En el eje, Issa Diop (Fulham) y Chadi Riad (Crystal Palace) se perfilan como la pareja elegida, mezcla de físico, juego aéreo y salida limpia de balón.
Por delante, un doble pivote joven pero con personalidad: Ayyoub Bouaddi (Lille) y Neil El Aynaoui (Roma). Dos centrocampistas con recorrido, presión intensa y criterio para el primer pase. Su misión será doble: proteger a los centrales ante el juego directo escocés y lanzar rápido a los hombres de talento entre líneas.
Ahí es donde Marruecos puede marcar la diferencia. La línea de mediapuntas proyectada es de puro desequilibrio: Brahim Diaz (Real Madrid), Azzedine Ounahi (Girona) y Bilal El Khannouss (Stuttgart). Tres perfiles distintos, todos capaces de romper líneas con regate, pase o llegada al área. Brahim, flotando entre líneas; Ounahi, con su zancada elegante y su lectura de espacios; El Khannouss, cada vez más asentado como enlace moderno.
Arriba, Ismael Saibari (PSV) se ha ganado el derecho a liderar el ataque tras su gol ante Brasil. No es el ‘9’ clásico de área, pero su movilidad y su capacidad para fijar centrales y asociarse con los mediapuntas encajan con la idea de Ouahbi. Ya ha demostrado que no le pesa el escenario.
Calendario apretado, margen mínimo
El grupo no concede demasiados respiros. Tras Escocia, Marruecos cerrará la fase de grupos frente a Haití el 24 de junio en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. Sobre el papel, el rival menos potente del grupo. En la práctica, un partido que puede llegar cargado de tensión si el resultado ante los escoceses no acompaña.
El cuerpo técnico lo sabe: el margen de error es corto. El empate con Brasil fue una carta de presentación digna, pero no resuelve nada. El verdadero filtro competitivo arranca ahora.
Profundidad y competencia en la lista
La convocatoria marroquí ofrece variantes en casi todas las líneas, aunque la base parece clara.
En la portería, Bono está respaldado por Munir El Kajoui (RS Berkane) y Ahmed Reda Tagnaouti (AS FAR), dos opciones fiables para sostener el nivel si hiciera falta rotar.
En defensa, Ouahbi cuenta con recursos para cambiar matices según el rival: además de Hakimi y Mazraoui, aparecen nombres como Anass Salah-Eddine (PSV), Youssef Belammari (Al Ahly), Nayef Aguerd (Marseille, posteriormente reemplazado por Marwane Saâdane de Al Fateh), Chadi Riad, Issa Diop, Redouane Halhal (Mechelen) y Zakaria El Ouahdi (Genk). Un bloque que combina potencia física, altura y laterales con vocación ofensiva.
El centro del campo, tradicionalmente el corazón competitivo de Marruecos, presenta una mezcla interesante. Samir El Mourabet (Strasbourg), Bouaddi, El Aynaoui, Sofyan Amrabat (Real Betis), Ounahi, El Khannouss y Saibari ofrecen perfiles para casi todos los guiones posibles: contención, presión alta, posesión más pausada o transiciones vertiginosas.
En ataque, las alternativas también son numerosas: Soufiane Rahimi (Al Ain), Ayoub El Kaabi (Olympiacos), Brahim Diaz, Gessime Yassine (Strasbourg), Ayoube Amaimouni (Eintracht Frankfurt), Amine Sbaï (Angers) y Chemsdine Talbi (Sunderland). Abde Ezzalzouli (Real Betis) y Nayef Aguerd abandonaron la lista y dejaron su sitio a Sbaï y Saâdane, ajustes que no restan competitividad al bloque ofensivo.
Una encrucijada temprana
Marruecos se presenta a este segundo partido con una etiqueta incómoda: la de selección revelación que ya no sorprende a nadie. Los rivales han tomado nota de su solidez, de su intensidad y de su pegada a la contra. Escocia lo sabe y no regalará un metro.
El reto, ahora, es distinto al de 2022. Entonces, el equipo se subió a una ola de entusiasmo y fue derribando muros uno tras otro. En 2026, debe demostrar que también sabe vivir con la expectativa, con el peso de ser favorito en determinados partidos y con la obligación de proponer.
Foxborough será una prueba de carácter. Si este grupo aspira de verdad a repetir –o incluso superar– la hazaña de Catar, el camino empieza por noches como esta, en un Gillette Stadium dominado por la Tartan Army, con la clasificación en juego y sin margen para la duda.





