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Monchi enciende el debate en Cornellà por el Balón de Oro

La pregunta parecía inocente. ¿Mbappé, Harry Kane o Lamine Yamal para el próximo Balón de Oro? La respuesta de Monchi, director deportivo del Espanyol, abrió una grieta incómoda en Cornellà-El Prat.

Monchi eligió a la joya del Barcelona. Y en un club que vive con la rivalidad vecinal a flor de piel, esa elección no pasó de puntillas.

“Disparo por ser español; creo que Lamine lo merecería”, respondió en su momento.

Una frase corta, suficiente para encender el debate entre una afición que todavía digiere el regreso del equipo a la élite y que no está para guiños al eterno rival.

La reacción no tardó. En tertulias, redes y peñas, muchos socios del Espanyol no entendieron que su director deportivo se alineara públicamente con la gran esperanza del Barça, por muy prometedor que sea el extremo.

Monchi, consciente del ruido generado, decidió dar la cara en los micrófonos de Cadena SER. Allí matizó su postura y pidió perdón a quien se hubiera sentido traicionado.

“Me preguntaron entre Mbappé, que es francés, Harry Kane, que es inglés, y Lamine Yamal, que es español, y tiré por la opción española”, explicó, subrayando que su respuesta se apoyaba en la nacionalidad, no en el escudo.

Reconoció sin rodeos que su comentario no había sentado bien a una parte de la grada: “He liado un poco de revuelo entre los aficionados del Espanyol”, admitió. Y remató con una disculpa directa: “Si alguien se ha sentido ofendido, pido perdón”.

El matiz es claro: Monchi defendió que su elección nace del orgullo de país, no de simpatía hacia el Barcelona. Aun así, él mismo asumió la contradicción que encierra su respuesta en clave blanquiazul. Respaldó a Yamal “porque estaba tirando por lo español, pero como aficionado del Espanyol debería haber dicho cualquier otro”.

Ahí está el nudo del asunto. Entre el instinto de respaldar al talento nacional y el peso de una rivalidad histórica, Monchi eligió primero al jugador y luego tuvo que salir a explicar el contexto. En un entorno tan emocional como el del Espanyol, cada gesto hacia el vecino del Camp Nou se mide al milímetro.

La temporada apenas ha arrancado y el director deportivo ya ha comprobado que en Barcelona, y especialmente en el lado perico de la ciudad, hasta una simple elección de Balón de Oro puede convertirse en un termómetro de sensibilidad.