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Mundial 2022: Messi y Mbappé en la recta final

El Mundial se encamina a su último acto y el torneo vive ese extraño punto intermedio en el que todo el mundo sigue hablando de lo que ya pasó mientras mira de reojo lo que está por venir. Inglaterra aún se revuelve en su propia autopsia deportiva. España y Argentina afinan detalles para una final que huele a clásico. Y, entre tanto, la política, la FIFA y hasta la MLS se cuelan en la conversación.

Messi, Mbappé y el eterno debate del gol

Kylian Mbappé y Lionel Messi llegan igualados en la carrera por la Bota de Oro. Misma cifra de goles, pero el argentino manda en la tabla gracias a una asistencia más. El dato reabre un viejo debate: ¿deberían valer más los goles marcados en una final que los anotados en un partido por el tercer puesto?

La discusión tiene algo de chiste de barra. Como el lector que recordaba al César presumiendo de “2000 galos” abatidos, corregido por su lugarteniente: “fueron solo 1000”. “Es que los galos fuera de casa valen doble”, remata el emperador en la anécdota. En el fútbol moderno, por suerte, ya no existe el valor doble, pero la jerarquía de los goles sigue alimentando tertulias.

Rodri, un Mundial para reivindicarse

En medio de tanta estrella ofensiva, el torneo también ha sido el escenario de la resurrección competitiva de Rodri. El centrocampista ha firmado un Mundial sobresaliente, mandando en el juego con una autoridad que parecía en duda cuando regresó de su rotura de ligamento cruzado.

Tardó en volver a confiar en su cuerpo, en encadenar partidos a su máximo nivel. Ahora se le ve otra vez dominante, liberado. Y, con ese rendimiento, asoma una sospecha: quizá haya jugado ya su último encuentro con Manchester City. No hay nada cerrado, pero el verano promete ruido en torno a su futuro.

Vida sin Mundial: horarios, MLS y ligas sudamericanas

Mientras la final se acerca, algunos aficionados ya sienten el vértigo del vacío. Un lector confesaba que no sabe qué hará cuando deje de acostarse de madrugada y levantarse de noche para seguir partidos. Su reloj biológico, decía, acababa de adaptarse.

Una posible salida: engancharse a las ligas sudamericanas o a la MLS. La temporada en América ofrece un puente perfecto para quienes no quieren bajarse del carrusel de partidos. El Mundial termina, el fútbol no.

Infantino, blindado para un cuarto mandato

En los despachos, Gianni Infantino sigue reforzando su poder. El presidente de la FIFA cuenta ya con el respaldo formal de más de 200 de las 211 federaciones miembro para ser reelegido por cuarta vez en el congreso de marzo.

Solo un puñado de asociaciones, algunas europeas, no han enviado todavía su carta de apoyo. Alemania destaca entre las que se resisten a dar el paso. Pese al clima de malestar que dejó el escándalo por la polémica exoneración de Folarin Balogun, Infantino se encamina a una reelección por goleada.

En un libro reciente, Mel Brennan escribía con cierto optimismo: “El fútbol sobrevivió a Sepp Blatter. Sobrevivió a Jack Warner. Sobrevivió a Chuck Blazer. Y sobrevivirá a Gianni Infantino”. La frase resuena con fuerza en estos días.

Recuerdos de 1966 y noches europeas

Entre tanto análisis del presente, también hay espacio para la nostalgia. Un viejo crónica de 1966 recordaba a una Argentina “nueva”, lanzada al ataque desde el primer minuto en Villa Park, imponiéndose a España con dos goles de Artime y alimentando sueños de un gran duelo contra Alemania Federal en el mismo escenario.

El fútbol de clubes tampoco se detiene. En Malta, el NSÍ Runavík feroés firmó una clasificación dramática ante Hamrun Spartans con un penalti en el minuto 94. La decisión encendió tanto los ánimos que tuvo que intervenir la policía y el árbitro terminó mostrando una roja en pleno caos. Verano europeo en estado puro.

Alexander-Arnold, nuevo curso con Mourinho

En Madrid, Trent Alexander-Arnold se prepara para una nueva etapa bajo las órdenes de José Mourinho. El lateral inglés, llegado desde Liverpool el año pasado, tuvo una primera temporada irregular, marcada por las lesiones y la alternancia en el once.

Ahora, con la salida de Dani Carvajal, se le abre una oportunidad real para consolidarse como lateral derecho titular. Alexander-Arnold no esconde su entusiasmo por trabajar con el técnico portugués, al que dice haber admirado desde hace años. Habla de intensidad, de principios claros, de un nivel de exigencia altísimo y de un vestuario dispuesto a aprender.

Tras tanto tiempo fuera, asegura que lo importante es volver, asentarse y construir una base sólida para una temporada que, confía, traerá títulos. El margen para las excusas se ha acabado.

Inglaterra, Tuchel y la autopsia interminable

En Inglaterra, el debate no se apaga. Thomas Tuchel seguirá al mando pese a las sustituciones incomprensibles que acompañaron la eliminación. Dentro del vestuario, las decisiones tácticas dejaron perplejos a más de uno.

Un lector ponía el dedo en la llaga: si los cambios de Tuchel fueron tan decisivos en cada partido, quizá el problema estuviera en los onces iniciales, incapaces de funcionar sin retoques drásticos. En la era de las cinco sustituciones, el plan de “finalizadores” forma parte del libreto moderno, pero en este caso la sensación es que Inglaterra vivió al límite, sostenida por parches. Para muchos, fue el peor de los semifinalistas con diferencia y llegó demasiado lejos para lo que ofreció su juego.

El partido por el tercer puesto abre otro dilema: ¿competir con todo o repartir minutos? La idea de dar una parte a cada portero, de juntar a Ollie Watkins y Ivan Toney, de premiar a Kobbie Mainoo con tiempo real sobre el césped, gana peso. El encuentro, para muchos intrascendente, puede servir como catarsis y despedida para varios.

Política en la grada: Sánchez, Trump y las Malvinas

La final también será un escaparate político. El gobierno español confirmó que Pedro Sánchez estará en el estadio para ver a España enfrentarse a la vigente campeona Argentina. Tras el partido, el presidente viajará a Argelia en visita oficial.

Del otro lado del Atlántico, la Casa Blanca anunció que Donald Trump también asistirá al choque del domingo en New Jersey. La portavoz Karoline Leavitt habló de una “conclusión adecuada” para un torneo que, según su relato, ha demostrado la capacidad de Estados Unidos para organizar un evento global.

La política se cuela incluso en los gestos de los jugadores. Keir Starmer, a través de Downing Street, respaldó la idea de que la FIFA investigue a los futbolistas argentinos que exhibieron una pancarta reivindicando la soberanía sobre las islas Malvinas tras la semifinal ante Inglaterra. El caso promete añadir tensión a una relación ya cargada de historia.

Romero, corazón de la Albiceleste

En el plano estrictamente deportivo, Cristian Romero se ha consolidado como uno de los pilares de esta Argentina. Con la camiseta albiceleste, el central se transforma en un guerrero más de un equipo que vive cada balón como si fuera el último.

Al lado de Lisandro Martínez, ejerce de “hombre duro” de la zaga, el último obstáculo antes de que un rival se plante solo ante Emiliano Martínez. Salvo Messi y el propio guardameta de Aston Villa, pocos han sido tan constantes como Romero en el camino hacia la tercera final mundialista de Argentina en cuatro ediciones. Un dato que habla tanto de la generación como de la estructura construida en torno a Lionel Scaloni.

Pantallas, micrófonos y despedidas en Estados Unidos

En Estados Unidos, el Mundial también marca el final de un ciclo televisivo. La cobertura de Fox se despide de varios de sus rostros habituales. Se va Geoff Shreeves, siempre en busca de aprobación en la banda. Se va Tom Rinaldi, con sus historias “líricas” y sus pañuelos de bolsillo. Se va Chef Nick, obligado a rebajar sus delirios culinarios –de perritos de canguro a fufu de pollo tikka masala– ante una fase final menos extravagante. Y se va Jameis Winston, cuyo estilo desbordado en las gradas parecía el de un hombre electrocutado en plena ceremonia religiosa.

La final cerrará también esa etapa. Otro Mundial, otro relato televisivo que se apaga.

Entre Ancelotti, Scaloni y el murmullo del jardín

El fútbol, mientras tanto, sigue generando pequeñas devociones. Un lector preguntaba quién gestiona mejor la calma en el caos, Carlo Ancelotti o Lionel Scaloni, cuando su equipo marca en el minuto 96. La respuesta, cargada de ironía, se decantaba sin dudar: “soy ultra de Ancelotti”.

En una jornada sin partidos, con el humo de los incendios al fin disipado y un clima amable, hay quien aprovecha para escribir desde el jardín, respirando aire limpio mientras el mundo del balón hierve. Clubes que regresan, selecciones que se despiden, entrenadores que resisten la crítica y un Pitbull mediático que, como se bromeaba, “no se detiene” ni aunque vuelva el fútbol de clubes.

El Mundial entra en su recta final. Queda un bronce que casi nadie quiere jugar y una final que todo el planeta quiere ver. Messi contra Mbappé, Yamal contra la historia, Romero contra todo lo que se mueva en su zona. Y, sobre todo, una pregunta que sobrevuela el torneo: cuando el último balón salga despedido hacia la noche de New Jersey, ¿quién se despertará sintiendo que este fue el Mundial que cambió su carrera para siempre?