Neymar llora su despedida de Brasil tras eliminación en Mundial
En el césped del MetLife Stadium, con los focos aún encendidos y el ruido de la eliminación retumbando en las gradas, Neymar se dejó caer de rodillas y rompió a llorar. Ahí terminó algo más que un partido. Ahí terminó una era.
Brasil cayó 2-1 ante Noruega en los octavos de final del Mundial, derribado por un doblete de Erling Haaland que firmó la eliminación más temprana de la Canarinha desde 1990. El gol brasileño, un penalti transformado por Neymar en el tramo final, apenas maquilló el marcador. No cambió el destino del equipo, pero sí puso punto final a la historia internacional de su gran estrella.
“Lo intenté, lo intenté. Ahora se acabó”, declaró Neymar a Globo, todavía con la voz quebrada. “Empecé aquí, terminé aquí”. La frase, corta y seca, sonó a epitafio.
Del debut al adiós, en el mismo escenario
El círculo se cerró en el mismo estadio donde todo comenzó. En agosto de 2010, un Neymar de 18 años debutó con la selección brasileña en un amistoso ante Estados Unidos en el MetLife Stadium. Aquella noche marcó su primer gol con la camiseta amarilla. Catorce años después, en el mismo césped, anotó el último.
Entre una imagen y otra, una carrera deslumbrante y castigada. Lesiones, presiones, expectativas desmedidas. También números que lo colocan en la cima de la historia de la selección: Neymar se marcha como máximo goleador de Brasil, con 80 tantos, tres por encima de Pelé. Nadie marcó más.
Su penalti en el descuento ante Noruega lo convirtió, además, en el segundo brasileño en anotar en cuatro Mundiales, compartiendo ese registro con Pelé. Sus 130 partidos con la selección solo quedan por detrás de Cafu, dueño del récord con 142 apariciones. Estadísticas de leyenda, empañadas por una despedida amarga.
Lágrimas, consuelo y vacío
El final fue crudo. Tras el pitido final, Neymar se desplomó sobre el césped, inconsolable, mientras sus compañeros se acercaban uno a uno para abrazarlo. No había rabia, había desolación. La sensación de que una generación entera se quedaba corta en el escenario donde Brasil siempre se mide a sí misma: el Mundial.
En la grada, los aficionados brasileños miraban incrédulos. No era solo la derrota ante Noruega. Era la certeza de que quizá no volverán a ver a Neymar con la camiseta de la selección en una Copa del Mundo. El jugador de 34 años, castigado por problemas físicos en los últimos años, eligió este momento, este golpe, para decir basta.
Ancelotti mira al futuro: “Un nuevo ciclo”
Mientras Neymar se despedía entre lágrimas, Carlo Ancelotti ponía palabras al siguiente paso. El técnico italiano, visiblemente afectado, asumió el golpe y habló de reconstrucción.
“Lo que digo es que seguimos haciendo nuestro trabajo y buscando nuevas ideas”, señaló. “Es lo mismo que hicimos este año. Es una experiencia por mi parte, es un resultado muy decepcionante y todos estamos muy tristes”.
Ancelotti defendió a su grupo. “Fue un gran grupo y tengo que agradecer a mis jugadores, trabajaron muy duro. No creo que mereciéramos perder, pero tenemos que aceptarlo. Eso es el fútbol, eso es el deporte. A veces hay que gestionar la tristeza y el sabor amargo de una derrota”.
El entrenador no se escondió ante el dolor, pero tampoco se quedó atrapado en él. “Estoy muy acostumbrado a eso, pero vamos a tomar esta derrota y usarla como combustible para el nuevo ciclo. Todos están profundamente tristes, como los aficionados. Es normal sentir eso, pero lo que tenemos que hacer es reaccionar correctamente”.
Una era que se apaga
Con la salida de Neymar, Brasil pierde a su máximo goleador histórico y a su rostro más reconocible de la última década y media. Pierde también a un futbolista que, pese a las lesiones y a las polémicas, sostuvo durante años el peso simbólico de la camiseta número 10.
El Mundial se acaba para Brasil antes de tiempo. Para Neymar, se acaba para siempre. La pregunta ya no es qué fue, sino qué viene después para una selección obligada a reinventarse sin el jugador que la marcó durante una generación.





