Neymar se despide de la selección brasileña entre lágrimas
Neymar se despide de Brasil entre lágrimas: “Ahora se acabó”
MetLife Stadium, New Jersey. El mismo escenario donde todo empezó, el mismo césped donde Neymar decidió poner punto final a su historia con la selección de Brasil. Catorce años después de su debut, el 10 dejó el campo con la voz quebrada y una frase que pesó más que cualquier marcador: “Yo lo intenté, lo intenté. Ahora se acabó. Empecé aquí, terminé aquí”.
La derrota por 2-1 ante Noruega en los octavos de final del Mundial 2026 no fue solo una eliminación. Fue el telón cayendo sobre una era. Neymar, con 34 años, entró en el minuto 67, con Brasil ya dos goles abajo, cargando a la espalda la urgencia de un país y el reloj del partido.
La presión se notó desde el primer toque. Cada balón que recibía era una súplica de remontada. Cada regate, un intento desesperado por reescribir una noche que se inclinaba hacia la sorpresa. El tiempo se esfumó, Noruega se cerró, Brasil chocó una y otra vez.
El premio para Neymar llegó tarde, demasiado tarde. Un penalti en el tiempo añadido, ejecutado con la frialdad de siempre, ajustado, inapelable. Gol. 2-1. Apenas un consuelo estadístico en un partido que ya se le escapaba de las manos a la Canarinha y, con él, la última página de la carrera internacional de su máximo goleador histórico.
80 goles con la camiseta de Brasil, más que nadie en la historia del país. 130 partidos, solo por detrás de Cafu, dueño del récord con 142.
Un recorrido que empezó también en este mismo MetLife Stadium, en agosto de 2010, con un gol en un amistoso ganado 2-0 ante Estados Unidos. Entonces era la promesa. Hoy se va como leyenda estadística, aunque sin el Mundial que siempre persiguió.
Su relación con la selección había quedado en suspenso desde 2023, marcada por lesiones, dudas físicas y un largo camino de recuperación. Volvió para este Mundial 2026 como una carta de experiencia, más que como protagonista absoluto. Entró en el último tramo del tercer partido de la fase de grupos, en el 3-0 contra Escocia, y apenas tuvo otro tramo de juego: este, el más doloroso, frente a Noruega.
Era su cuarto Mundial tras 2014, 2018 y 2022. Cuatro intentos, cuatro torneos que alimentaron tanto la esperanza como la frustración de un país que se mira al espejo de sus ídolos con una exigencia feroz. Esta vez, el guion fue cruel: sin tiempo para cambiar el rumbo del encuentro, con un gol que no alcanzó para nada más que para cerrar su cuenta personal.
Cuando habló para TV Globo, ya no había espacio para discursos calculados. Solo una certeza: la de quien siente que el ciclo se ha cumplido. “Empecé aquí, terminé aquí”, repitió, como si necesitara convencerse a sí mismo de que la historia, por fin, tenía un punto final.
Brasil deberá reinventarse sin su máximo goleador. Neymar, en cambio, tendrá que aprender algo aún más difícil: cómo vivir con la camiseta de la selección guardada para siempre en el armario.





