La nueva mina de oro en el fútbol inglés: academias EFL y escocesas
Cuando Manchester City desembolsó 12,5 millones de libras para sacar a Jeremy Monga de Leicester City el mes pasado, no solo estaba fichando a un extremo de 17 años. Estaba ganando una carrera silenciosa que ya se libra desde hace tiempo en el fútbol inglés: la de quién captura antes al próximo gran talento doméstico.
Arsenal también había puesto los ojos en Monga. No era casualidad. El chico llegó a Leicester con ocho años y, antes de cumplir los 17, ya había ido tumbando registros uno tras otro. En abril de 2025 se convirtió en el segundo debutante más joven de Leicester en la Premier League, con 15 años y 271 días. Después fue más allá: se transformó en el titular liguero más joven del club y superó a Jude Bellingham como el goleador más precoz de la Championship.
Ese es el extremo más visible de una tendencia mucho más amplia.
La nueva mina de oro: academias EFL y escocesas
Los clubes de la Premier League miran cada vez menos solo hacia el extranjero y cada vez más hacia abajo, hacia la pirámide local. EFL y academias de la Scottish Premiership se han convertido en terreno de caza prioritario para nutrir sus equipos de desarrollo, muchas veces antes de que esos chicos hayan tenido un impacto real en el fútbol profesional.
El razonamiento es sencillo. Y los ejemplos, contundentes.
Antoine Semenyo fue rechazado por varias academias antes de que Bristol City lo descubriera jugando fútbol universitario. Pasó por cesiones en Newport County y Sunderland, se consolidó en la Championship, saltó a Bournemouth por unos 10 millones de libras y, de ahí, a Manchester City por 64 millones. Una escalera que cualquier director deportivo mira con atención.
Ollie Watkins emergió en Exeter City. Adam Wharton se formó en Blackburn Rovers. Eberechi Eze, después de ser descartado por Arsenal, reconstruyó su carrera en Millwall y QPR. Historias distintas, misma moraleja: encontrar al próximo perfil de este tipo puede cambiar el balance económico de un club.
La investigación de BBC Sport ha identificado 14 jugadores fichados este verano desde academias de EFL o Scottish Premiership para nutrir plantillas de desarrollo de clubes de la Premier League. Ya iguala el total de movimientos de este tipo en toda la temporada 2025-26. En 2024-25 fueron ocho, en 2023-24 llegaron a 18 y en 2022-23 se quedaron en siete.
El volumen llama la atención, pero el perfil de los fichajes todavía más. De esos 14 nombres, 11 tienen 18 años. La temporada pasada, en una muestra equivalente, solo cinco de 14 tenían esa edad. Y League One se ha convertido en un vivero clave: siete de los 14 reclutados este verano proceden de ahí, frente a solo dos el curso anterior.
Entre los movimientos ya cerrados destacan Blade Earley, que ha pasado de Cambridge United a Aston Villa; Valentin Joseph, de Blackburn Rovers a Brighton; George Munday, de Cambridge United a Brighton; Harrison Bettoni, de Wigan Athletic a Chelsea; y Maxwell Adedeji, de Leicester City a Tottenham.
Monga ni siquiera entra en esa muestra de 14 jugadores, porque ya se había asentado en el primer equipo de Leicester. Pero su traspaso ilustra a la perfección cómo se dispara la ecuación en cuanto un adolescente demuestra que puede rendir al máximo nivel.
La lógica del riesgo controlado
¿Por qué 18 años? Porque a esa edad muchos ya acumulan años de entrenamiento profesional, pero aún tienen margen para pasar un periodo en un sub-21 o en un equipo B antes de decidir si salen cedidos o si dan el salto directo al primer equipo.
El coste, además, suele ser asumible. Nueve de los 14 movimientos detectados este verano figuran como traspasos libres. Los otros cinco aparecen con cantidades no reveladas. La temporada pasada, ocho de los 14 también llegaron como agentes libres.
Para clubes acostumbrados a pagar decenas de millones por jugadores contrastados, repartir cantidades relativamente modestas entre varios adolescentes con potencial tiene todo el sentido. Basta con que uno de ellos se convierta en titular habitual de la Premier League para que la operación global tenga un retorno enorme.
Detrás late otra discusión: la economía de las academias. La Premier League ha abierto conversaciones con la EFL sobre la posibilidad de limitar la compensación que se paga cuando un jugador joven cambia de academia. Los clubes que pierden a estos talentos pueden recibir compensación por formación, pluses ligados a partidos disputados en el futuro y porcentajes de una venta posterior. Los casos que no se resuelven entre las partes acaban en el Professional Football Compensation Committee.
Brexit cambia el tablero
Hay un elemento que ha redibujado el mapa: Brexit.
Antes del fin de la libertad de movimiento, los clubes ingleses podían rastrear casi sin restricciones el mercado europeo, sin preocuparse de si un jugador de la UE cumplía los requisitos para trabajar en Reino Unido. Un informe de Analytics FC, en colaboración con especialistas en inmigración de Fragomen, estimó en 2022 que unos 60.000 futbolistas profesionales en Europa estaban potencialmente disponibles para los clubes británicos antes de Brexit.
Bajo el actual sistema de Governing Body Endorsement, esa cifra se reduciría a unos 5.000 con opciones reales de obtener permiso de trabajo. Un recorte cercano al 92%.
Las restricciones golpean con especial fuerza a los más jóvenes. El caso de Ifeanyi Ndukwe, central de 18 años de Liverpool, es ilustrativo: llegó desde Austria Vienna, dejó buenas sensaciones en pretemporada, pero no puede disputar partidos oficiales porque no cumple todavía los requisitos para el permiso de trabajo. Lo lógico es que salga cedido al extranjero para acumular experiencia y sumar puntos de cara a su futura elegibilidad.
Un adolescente que ya se forma dentro de una academia inglesa no plantea ese problema migratorio. Eso, en un mercado global cada vez más regulado, vale oro.
Brexit también ha frenado el flujo en la dirección contraria. Analytics FC detectó que Premier League 2 era, antes de Brexit, la competición inglesa que más traspasos generaba hacia clubes de la UE. Para 2021-22, esas salidas se habían reducido a la mitad. No prueba de manera directa que Brexit haya empujado a los clubes de la Premier a mirar más a EFL, pero sí ha cambiado el contexto en el que se recluta y se moldea al talento joven.
Modelos distintos, misma obsesión
No existe un patrón único en la élite inglesa sobre cómo desarrollar jóvenes. Las cifras del International Centre for Sports Studies (CIES) para la temporada 2025-26 lo dejan claro.
Los jugadores “formados en el club” —aquellos registrados al menos tres temporadas completas, o 36 meses, entre los 15 y los 21 años— sumaron el 16,2% de los minutos de Manchester City en la Premier League. En Chelsea el dato fue del 15,5%. En Brighton, del 12,5%.
La definición de CIES es clave para entender la nueva estrategia: un chico de 18 años que llega desde una academia de EFL todavía puede ser considerado “formado en el club” si pasa los siguientes tres años en su nuevo equipo de la Premier League.
En el extremo opuesto, Tottenham apenas alcanzó un 0,1% de minutos ligueros para jugadores formados en casa. Bournemouth, Brentford y Burnley se quedaron en cero. Para estos clubes, el reclutamiento en academias de EFL y de Escocia no es solo una oportunidad; es casi una vía alternativa para construir una base de talento propio que las cifras actuales no les ofrecen.
En lugar de depender únicamente de chicos que llevan toda la vida en el club, una entidad de la Premier puede detectar a un jugador ya trabajado en otro entorno, incorporarlo a su estructura sub-21 con 17, 18 o 19 años y encargarse del tramo decisivo de su desarrollo.
Los números, por ahora, no dibujan una curva imparable. Hubo 18 movimientos de este tipo en 2023-24. Los 14 de este verano no son un récord ni un salto descomunal. Pero la concentración en la franja de 18 años y el peso creciente de League One apuntan a algo claro: los clubes afinan cada vez más el tiro sobre el segmento de mercado que quieren dominar.
¿Quién aguanta y quién se adelanta?
Para los clubes de EFL, la pregunta es incómoda: ¿cuánto tiempo pueden retener realmente a sus mejores promesas antes de que llegue una oferta de la Premier que lo cambie todo?
Para los gigantes de la máxima categoría, el cálculo va por otro lado. Saben que el próximo Watkins, Eze, Wharton o Semenyo probablemente ya está en algún campo de entrenamiento más abajo en la pirámide, quizá jugando ante unas pocas centenas de aficionados, lejos de los focos.
La cuestión ya no es si irán a buscarlo. La cuestión es quién llega primero.






