Queens Park Rangers y Millwall: Un Partido a Balón Parado
El duelo entre Queens Park Rangers y Millwall entró en una fase áspera, cortada, de esas en las que cada contacto se discute y cada balón parado se celebra casi como una ocasión de gol. No hubo redes moviéndose en este tramo, pero sí una batalla territorial feroz, sobre todo en campo de los visitantes.
Queens Park Rangers encontró en las faltas ofensivas una vía constante de amenaza. Primero Ronnie Edwards, ganando una infracción en campo rival que permitió al equipo adelantar líneas y asentarse cerca del área. Poco después fue Rumarn Burrell quien repitió la fórmula: choque, caída y otra pelota quieta para colgar al área de Millwall. El mensaje era claro: si no aparecían los espacios en juego abierto, el partido se iba a jugar a balón parado.
Millwall respondió con la misma moneda, pero con menos continuidad. Femi Azeez, muy activo por la derecha, se fabricó una falta en banda que dio algo de aire a los suyos y obligó a QPR a replegar. Antes, Josh Coburn también había conseguido una infracción en campo propio, más útil para frenar el empuje rival que para construir peligro real.
Entre tanto golpe y falta, el partido encontró dos chispazos de media distancia. Harvey Vale probó suerte para Queens Park Rangers con un zurdazo desde fuera del área que salió alto, un disparo ambicioso que reflejó la confianza del conjunto local en su dominio territorial. Al otro lado, Femi Azeez respondió con un remate también con la zurda desde la frontal, que se perdió desviado a la izquierda tras una peinada de Casper De Norre. Dos avisos, dos recordatorios de que el partido podía romperse en cualquier momento desde lejos.
En la retaguardia, Queens Park Rangers supo enfriar los intentos de transición de Millwall. Jimmy Dunne se ganó una falta en campo propio, inteligente en la gestión del cuerpo y del tiempo para cortar una posible contra. Nicolas Madsen hizo lo mismo más tarde, protegiendo la pelota y forzando la infracción que permitía al equipo volver a respirar y reorganizarse.
Y mientras Millwall buscaba oxígeno, Paul Smyth se convirtió en un pequeño termómetro del partido. Primero, provocando una falta en campo propio, clave para sacar al equipo desde atrás. Después, ya volcado en ataque, ganando otra infracción en la banda izquierda, símbolo de un QPR que no dejaba de morder y que encontraba en cada choque una oportunidad para cargar el área.
Fue un tramo sin goles, pero lleno de señales: Queens Park Rangers se adueñó del terreno, acumuló faltas a favor en zonas peligrosas y probó desde fuera del área; Millwall, obligado a resistir, se encomendó a los destellos de Azeez y a la pausa de Coburn y De Norre. Si el partido iba a decidirse por detalles, este festival de balones parados empezaba a marcar la tendencia.






