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La llegada de Robbie Keane al banquillo de Celtic: división y controversia

La posible llegada de Robbie Keane al banquillo de Celtic ha encendido un incendio político y emocional en Glasgow antes incluso de que el club haga un anuncio oficial. El irlandés, máximo goleador histórico de su selección y viejo ídolo de una breve pero brillante cesión en 2010, se ha convertido en el principal candidato para dirigir al campeón escocés. Pero su reciente pasado en Maccabi Tel Aviv ha levantado una ola de rechazo entre un sector muy organizado y ruidoso de la afición.

Según diversas informaciones, Keane ya ha mantenido conversaciones con Dermot Desmond, principal accionista del club. A nivel puramente deportivo, el perfil encaja: nombre potente, pasado en el club, un doblete de liga y copa logrado con Maccabi antes de dimitir en 2024 y dar el salto a Ferencvaros. Sin embargo, en Celtic nada se discute solo en términos de táctica y resultados. Menos aún en este contexto.

Un candidato que divide a la grada

La fractura se hizo visible en las últimas horas alrededor de Celtic Park. Graffitis y pancartas han aparecido en los alrededores del estadio, rechazando abiertamente la posibilidad de que Keane se siente en el banquillo. No se trata de una reacción aislada: un grupo que se identifica como “Celtic Fans for the Liberation of Palestine” publicó un comunicado en el que advierte que su contratación “sería profundamente divisiva entre la afición”.

La cuenta “North Curve Celtic” en la red X difundió ese texto acompañado de una lista de 67 grupos que lo respaldan. El mensaje es directo, cargado de memoria histórica y de identidad política, dos elementos que siempre han estado muy presentes en el club verde y blanco.

“Los aficionados de Celtic tienen una larga y orgullosa historia de solidaridad con el pueblo palestino”, afirma el comunicado. Esa solidaridad se ha visto en los últimos meses en cada partido, con banderas palestinas ondeando en las gradas mientras avanzaba el conflicto en Gaza.

Para estos colectivos, el problema no es abstracto ni distante. Es personal, casi existencial. “Para nosotros, la decisión de Robbie Keane de dirigir a Maccabi Tel Aviv durante el genocidio en Gaza es imposible de ignorar”, señalan. Y van más allá en el tono: “Elegir entrenar a un club en Israel mientras, a menos de 40 millas, el mismo país utilizaba armas indiscriminadas de asesinato masivo contra personas indefensas es inconcebible”.

Identidad, memoria y un banquillo en disputa

La discusión ha ido directamente al corazón del relato fundacional del club. “Celtic fue fundado por una comunidad marcada por el legado de genocidio, desplazamiento y hambruna. Las raíces de nuestro club se encuentran en la solidaridad con quienes sufrieron injusticia y opresión”, recuerdan los grupos firmantes, enlazando la historia de la diáspora irlandesa con la causa palestina.

Desde esa perspectiva, el banquillo no es solo un puesto de trabajo. Es un símbolo. Y la figura de Keane, asociada a Maccabi Tel Aviv durante uno de los periodos más crudos del conflicto, choca frontalmente con esa visión. El comunicado cierra con una petición clara: “Instamos al consejo de Celtic a escuchar las preocupaciones de los aficionados y reconsiderar este nombramiento”.

El argumento de Keane

Keane asumió el cargo en Maccabi en junio de 2023, meses antes de los ataques liderados por Hamas del 7 de octubre y de la posterior ofensiva israelí sobre Gaza. Permaneció toda la temporada y conquistó el doblete doméstico antes de presentar su dimisión y marcharse a Ferencvaros.

El técnico de 45 años ha explicado que una de las razones para no abandonar el club en plena campaña fue su compromiso con el equipo de trabajo que llevó consigo a Israel. “Tengo un deber de cuidado”, dijo. “Mi analista, por ejemplo, estuvo 12 años en Middlesbrough. Que viniera conmigo a Israel y que yo simplemente me marchara, dejándole a él y a su familia…”. Para Keane, romper el proyecto a mitad de curso habría sido una traición personal. Para parte de la afición de Celtic, quedarse fue una decisión moralmente inaceptable.

Ese choque de miradas define el pulso actual: la ética frente a la lealtad profesional, la identidad colectiva frente a la trayectoria individual.

Un campeón en plena encrucijada

Todo esto ocurre mientras el club viene de cerrar una temporada dramática. Martin O’Neill, a sus 74 años, asumió el cargo de manera interina y llevó a Celtic al título de la Premiership en la última jornada, coronando la campaña con la conquista de la Scottish Cup. El desenlace deportivo fue perfecto; el escenario político y social, todo lo contrario.

El consejo debe decidir ahora si apuesta por Keane pese a la contestación organizada o si retrocede ante la presión de una grada que no solo canta, también se moviliza y marca líneas rojas. La pregunta ya no es solo quién dirigirá a Celtic la próxima temporada.

La cuestión es hasta qué punto el club está dispuesto a tensar su propia historia para elegir a su próximo entrenador.