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Roberto De Zerbi: De la crisis al éxito en Tottenham

Roberto De Zerbi, de la sala de urgencias al mercado de lujo

Hubo un instante la temporada pasada en el que Roberto De Zerbi miró a sus jugadores del Tottenham y lanzó una pregunta que heló la habitación: “¿Nos hemos muerto?”. Acababan de perder 1-0 en Sunderland, su primer partido al mando. En el vestuario del Stadium of Light, los futbolistas estaban tirados boca arriba, algunos llorando. Parecía el último capítulo, no el primero.

Era uno de los siete partidos que tenía para mantener al equipo en la Premier League. La permanencia llegó a rastras, en la última jornada. Un club grande reducido a hacer cuentas con el abismo. Un técnico de 47 años aterrizando en medio del caos.

Cuatro meses después, la escena es otra. Y casi cuesta creer que se trate del mismo Tottenham.

De la angustia al café en Sydney

En el hotel del equipo en Sydney, a pocos metros del Harbour Bridge y la Opera House, la atmósfera es radicalmente distinta. Risas. Bromas. Cafés preparados por su propio barista en una planta privada. Partidos de tenis de mesa con la intensidad de una final.

En medio de ese ambiente se van integrando los nuevos fichajes, 237 millones de libras en talento que marcan un récord en el club y alimentan un objetivo que parecía lejano hace nada: volver a la parte alta de la Premier y pelear de nuevo por títulos.

Sandro Tonali, fichaje más caro de la historia del Tottenham, ya se ha enfundado la camiseta en esta gira, igual que Mateus Fernandes, Jan Paul van Hecke, Andrew Robertson y Martin Dubravka. Solo falta por debutar Marcos Senesi, finalista del Mundial con Argentina, que tuvo vacaciones extendidas y ya se entrena en Hotspur Way.

“Me merezco querer a los mejores jugadores, porque ahora el Tottenham se merece construir un equipo top”, lanza De Zerbi, sin medias tintas.

Dos planes: descenso o resurrección

El club trabajó durante meses con dos hojas de ruta: una para el descenso, otra para la salvación. De Zerbi repite que habría seguido en Championship si el equipo caía, pero ahora disfruta del Plan A. Y ese plan incluye “respetar la voluntad” de jugadores como el capitán Cristian Romero o el portero Guglielmo Vicario, que aún podrían salir.

“Al principio, en abril, tuve un millón de reuniones individuales”, bromea. “Si no querían estar aquí, les dije: ‘Sí, ayúdame a salvarnos, y luego yo te ayudo a irte. Si no me ayudas a quedarme arriba, te quedas bajo el agua conmigo’”.

Mientras los aficionados expresaban su enfado por dos temporadas traumáticas, el club se reordenaba por dentro. Vinai Venkatesham, nuevo consejero delegado, dirige la estructura en nombre de la Lewis Family Trust. A su lado, Johan Lange, director técnico y único superviviente de la etapa anterior, pilota las negociaciones.

Les apoyan Rafi Moersen, director de operaciones de fútbol, y Dan Lewindon, nuevo director de rendimiento, ambos procedentes del City Football Group. A Lewindon le han encargado una misión clara: reducir el parte de lesionados.

De Zerbi, sin embargo, no se queda al margen de nada. Menos aún del mercado.

“En el mercado, cuando quiero a un jugador, me convierto en un tiburón. No hay opción de decir que no”, avisa.

Tiburón en el mercado

Esa agresividad ha desembocado en dos operaciones gigantes: 85 millones por Mateus Fernandes desde West Ham y 100 millones por Tonali desde Newcastle. De Zerbi no lo vive como un peso, sino como una de las partes más estimulantes de su trabajo.

“Me encanta trabajar en el mercado. No es una presión, es una de las partes más bonitas de mi trabajo”, explica. ¿De dónde nace ese disfrute? “No lo sé, quizá porque cuando tomas la decisión, tomas la responsabilidad. Si el entrenador llama al jugador, puedes construir una conexión especial desde el principio. Con Mateus Fernandes hablé con la madre, con el padre”.

A su padre le prometió que sería su “segundo papá” y que cuidaría de él en Inglaterra.

Tottenham también cerró la llegada de Van Hecke pese al interés de Chelsea, después de haberle ganado la mano a Manchester United y Manchester City por los dos mediocentros récord. En un ecosistema de juego de estrategias, fuentes internas explican que el club sabía que debía ser agresivo y rápido: en las ofertas, en los salarios y en la implicación personal de De Zerbi.

La anécdota con Van Hecke lo resume todo. Tras el 2-2 ante Brighton en abril, cuando Georginio Rutter marcó el 95’ para hundir las opciones de permanencia de los Spurs, el técnico no se olvidó del asistente de ese gol.

“Le escribí a Van Hecke: ‘Tú quisiste empujar al Tottenham hacia abajo para Brighton cuando diste la asistencia a Rutter, ahora tienes que venir conmigo, no tienes elección’”, cuenta De Zerbi.

Con Tonali, el proceso fue igual de directo. Le mandó un mensaje al día siguiente de certificar la permanencia con la victoria ante Everton en la última jornada. Después voló a Brescia para reunirse con él en su casa. Esa conversación resultó decisiva. El resto lo remataron los ejecutivos del club.

Ahora el italiano insinúa una última “bomba” ofensiva: dos delanteros en el horizonte, uno de ellos Savinho, del Manchester City.

Dinero, poder y límites

El gasto es evidente. De Zerbi, sin embargo, rechaza la idea de un Tottenham descontrolado. Asegura que no siente “ninguna presión” pese a los 100 millones inyectados por la familia Lewis en junio, porque el club lo necesitaba con urgencia. Recuerda que Chelsea, Arsenal o Liverpool han seguido caminos similares en los últimos años.

También ha habido salidas relevantes. El traspaso de Luka Vuskovic a Brighton por 45 millones deja una cifra importante en caja. Siguen en el aire los futuros de Lucas Bergvall y del lateral inglés Djed Spence.

“Evaluamos la petición de Vuskovic de ir a Brighton con Vinai, con Johan, juntos, porque considero el dinero del Tottenham como mi dinero”, explica De Zerbi. “Es como si el dueño fuera mi padre; no quieres pedirle a tu padre que pierda dinero”.

La idea es clara: vender caro y comprar barato cuando se pueda. Un plan a cinco temporadas, dice el técnico, porque el club está en plena construcción. En esa línea, también tomaron la decisión, impopular para algunos, de no fichar en propiedad a Joao Palhinha desde Bayern Múnich. No por falta de calidad, sino porque el paquete económico total no encajaba en la ecuación.

Limpiar el aire y curar heridas

El problema del Tottenham no era solo futbolístico. Después de Sunderland, el ambiente en el centro de entrenamiento también se había envenenado.

“Al día siguiente organicé una reunión sin jugadores y dije: ‘Al primero que vea decir algo negativo, lo mando a casa inmediatamente’”, recuerda De Zerbi.

El reto ahora pasa por cambiar el “comportamiento, la actitud y el espíritu” de todos los que arrastran las cicatrices de esas dos campañas: un 17º puesto el curso anterior, con menos miedo al descenso pero con la extraña paradoja de un título de Europa League bajo el mando de Ange Postecoglou.

Para romper la dinámica, el entrenador también se salió del guion habitual. “Llevé a los jugadores a una gran cena en Mayfair, con alcohol”, confiesa. Cree que el equipo tuvo mala fortuna en los últimos partidos y que pudo haber sellado la salvación antes.

“Creo que en ese momento se consideraban peores de lo que la gente pensaba”, admite. El proceso de curación sigue en marcha. “Espero que la próxima vez sean ellos los que organicen la cena y las copas”.

Porque para De Zerbi, el salto definitivo no está solo en los millones invertidos ni en las bombas del mercado. Está en algo más sencillo y más difícil a la vez: “Con amor, amistad y cuidado, te conviertes en top, top, top”.

El Tottenham ya ha sobrevivido al miedo. Ahora falta descubrir si este nuevo proyecto sabe vivir en la exigencia de la élite.