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Tuchel y Bellingham: ¿Conflicto en el vestuario de Inglaterra?

La relación entre Thomas Tuchel y Jude Bellingham vuelve a estar bajo el microscopio, pero el técnico alemán insiste: el vestuario de Inglaterra llega unido a la semifinal contra Argentina.

Todo arrancó el verano pasado, cuando la madre de Tuchel calificó algunos gestos en el campo de Bellingham como “repulsivos”. Hubo disculpas, el tema pareció enterrado. Hasta que reapareció, con fuerza, tras el sufrido 2-1 en la prórroga ante Noruega en cuartos.

Inglaterra ganó, pero Tuchel no se mordió la lengua: confesó que estaba “no contento con el rendimiento del equipo”. Bellingham respondió reclamando más positividad desde el banquillo. El choque de miradas encendió las alarmas: ¿grieta abierta entre el seleccionador y su jugador franquicia?

Tuchel asegura que no.

El alemán explicó que reunió al grupo al día siguiente para ventilar cualquier malentendido antes de medirse a Argentina. “Me pregunto quién infla estas cosas, ¿eh? No hay nada que inflar y, si se infla, se infla en los medios, por supuesto”, declaró en talkSPORT, marcando distancia con el ruido exterior.

El técnico salió en defensa de la reacción de Bellingham, recordando el contexto: 120 minutos de un partido de eliminación directa, piernas vacías, cabeza caliente. “¿Qué esperas de un jugador que acaba de jugar 120 minutos y lo ha dado literalmente todo si recortas el comentario de su entrenador, si no le dices que ‘ha estado de clase mundial’, si no le dices que ‘ha tenido acciones de clase mundial’?”, razonó.

Tuchel describió cómo un matiz se convierte en incendio cuando se manipula el mensaje. “Si solo cortas todo eso y le dices: ‘oh, tu entrenador dijo que estuviste descuidado’, ¿qué esperas? Claro que obtienes la respuesta que obtienes, y luego se intenta inflar y la gente intenta crear malentendidos y grietas donde no las hay. Venimos del mismo sitio. Venimos de ser competitivos y yo soy un entrenador competitivo. Llevo a este equipo al límite y ésa fue mi valoración”.

El alemán también apuntó al papel de la pregunta que desató la respuesta de Bellingham. “Creo que la pregunta fue injusta en ese momento hacia Jude porque recortó todos los cumplidos de mi valoración y solo preguntó por los puntos críticos, así que lo puedo entender. ¿Qué esperas de un jugador que lo acaba de dar todo y está ahí delante de un micrófono en una flash interview?”, insistió.

Bellingham, por su parte, dejó un dardo que muchos interpretaron como ataque al pasado de jugador de Tuchel. Tras el partido, el centrocampista sugirió que “quizá él no sabe lo que es jugar en ese tipo de condiciones” o enfrentarse a un futbolista del calibre de Erling Haaland. Una frase que alimentó el debate eterno: ¿pierde autoridad un entrenador que no tuvo una carrera de élite?

Tuchel no compra ese argumento. Ni un milímetro.

El seleccionador inglés descartó que su escaso recorrido como futbolista limite su peso en el vestuario y subrayó que la relación con Bellingham sigue sólida pese al cruce de declaraciones. “Es lo que hay, pero estamos tan cerca como siempre, y más cerca que nunca”, aseguró. “Se ve en el campo. La energía y la mentalidad en la concentración han sido excelentes en los últimos días y estamos listos para ir a por ello mañana”.

El alemán se detuvo también en su propio camino hasta el banquillo de Inglaterra, un trayecto que todavía le provoca cierta incredulidad. “Me habría gustado tener una carrera como jugador, ése era mi sueño”, reconoció el exentrenador del Chelsea. “Nunca pensé en ser entrenador, nunca soñé con ser entrenador a este nivel, así que básicamente esto es el sueño. También me siento en la banda muy humilde, y de vez en cuando, justo antes del partido, me golpea: ‘yo no podría jugar aquí en esta ocasión’”.

Tuchel, sin embargo, trazó una línea clara entre talento con el balón y talento en la pizarra. Para él, no son sinónimos. “No creo que tengas que jugar para ser entrenador”, remató, antes de recurrir a una imagen tan sencilla como contundente: “Una cita graciosa: ¡no tienes que ser un caballo para ser un buen jockey!”.

Con Argentina asomando en el horizonte y el ruido mediático rugiendo alrededor, Tuchel se agarra a esa idea. No necesita haber estado en el césped para convencer a su vestuario. Le basta con ganar la próxima batalla.