Thomas Tuchel y Bukayo Saka: Preparación para Panamá
Thomas Tuchel mide cada paso con Bukayo Saka. No quiere prisas, no quiere héroes de cartón. Quiere que el extremo del Arsenal llegue al punto justo: sano, afilado y listo para marcar diferencias cuando el torneo entre en calor.
El cuerpo técnico está controlando al milímetro la carga de trabajo del atacante mientras deja atrás sus problemas en el tendón de Aquiles. Ya ha vuelto a pisar el césped en partido oficial y el seleccionador ve señales claras de avance.
“Parece cada vez más preparado y ojalá empuje, y entonces veremos qué viene”, explicó Tuchel. “Está llegando, tiene cada vez más sesiones de entrenamiento, ahora necesita más. Dos sesiones para estar listo para Panamá. No se trata solo de Bukayo, pero fue bueno que sumara minutos. Ojalá no haya reacción y esté listo”.
Saka no es la solución mágica
El foco se ha clavado en el jugador del Arsenal tras el gris empate ante Ghana, un partido con apenas cuatro disparos a puerta y muchas dudas sobre la pegada del equipo. La gran pregunta: ¿tiene Saka la mentalidad de gran cita que necesita esta selección para encender el ataque?
Tuchel cortó el debate de raíz.
“Lo necesitamos de todos. No voy a entrar en eso”, respondió cuando le cuestionaron por el peso específico del extremo. “No es que vuelva Bukayo y todo se solucione, y no quiero ponerle eso sobre la espalda. Es un jugador top, por eso está con nosotros. Le necesitamos desesperadamente, como a todos los demás, en su mejor forma y empujando. Pero todos están haciendo lo máximo y no es momento de gritar nombres individuales para que nos salven. Seguimos en un buen lugar”.
El mensaje es claro: nada de salvadores individuales. El alemán protege a su vestuario y, al mismo tiempo, subraya que la estructura colectiva está por encima de cualquier figura.
Panamá en el horizonte, sin revolución
En el horizonte aparece Panamá, rival cargado de recuerdos. Aquel 6-1 del Mundial de 2018 aún resuena, pero el presente cuenta otra historia: en esta edición han caído dos veces por 1-0, siempre compitiendo, siempre vivos hasta el final. No es un trámite.
Tuchel no planea una revolución en el once. Nada de cambios masivos. Habrá retoques, sí, pero con bisturí, no con hacha.
No se descarta que Nico O’Reilly, del Manchester City, recupere el lateral izquierdo en lugar de Djed Spence. Más allá de ese posible movimiento, el seleccionador defendió con firmeza el equilibrio de su equipo y la importancia de mantener la continuidad tras las críticas por el pobre rendimiento ofensivo frente a Ghana.
“No me asusta hacer algo de rotación ahora. Algunos jugadores deberían estar en el campo, pero quizá será algo más moderado”, explicó. “No siempre es justo si solo rotas y les dices: ‘OK, ahora rendid’. Ya veremos. Me gustan, por ejemplo, los centrales. Estuvieron bien juntos. Me gusta Elliot Anderson, dio un paso adelante y firmó una buena actuación, quizá un poco mejor que contra Croacia”.
Tuchel ve brotes donde otros solo ven atasco. Para él, el plan existe y el equipo avanza, aunque el marcador aún no lo refleje.
Un ataque que genera, pero no rompe
El duelo ante Ghana dejó una sensación incómoda: dominio a ráfagas, aproximaciones, pero sin colmillo. El propio técnico lo reconoció, pero defendió el trabajo del equipo con vehemencia.
“Creamos medias ocasiones, centros, jugadas a balón parado, pero no pudimos marcar para cambiar el carácter del partido”, analizó. “Sé que no es fácil de ver. Quizá yo lo veo diferente desde la banda como entrenador. Sé lo que queríamos y de qué teníamos que ocuparnos”.
No se trata de un equipo plano que no llega al área; se trata de un equipo que llega, pero no remata. Falta el toque final, el detalle que decanta un torneo.
Tuchel, sin embargo, se niega a entrar en el pánico que rodea a cualquier selección grande cuando no golea desde el primer día.
“Queda un largo camino y nadie ha ganado un Mundial metiendo cuatro goles por partido e yendo a lo loco”, recordó. “Siempre queremos ir a por ello y nuestra responsabilidad es ponerlo todo sobre la mesa. Lo intentamos una y otra vez, pero a veces es difícil y no hay razón para sentirse negativos”.
El mensaje, de nuevo, es de calma tensa: exigencia máxima, pero sin dramatismos. Saka se acerca a su mejor versión, el bloque se mantiene, las piezas se mueven con cuidado. Ahora llega Panamá, un rival al que la historia invita a subestimar, pero que este equipo no puede permitirse mirar por encima del hombro.
Con un extremo estrella afinándose y un técnico que se aferra a su plan, la pregunta es sencilla y brutal: ¿será este el partido en el que la selección por fin encuentre el gol que su juego promete?






