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Tuchel resistirá la tormenta: la FA lo mantiene para la Eurocopa 2028

Thomas Tuchel sigue en pie. Cuestionado, señalado por sus propios cambios en la semifinal del Mundial ante Argentina, pero respaldado por la Federación. El técnico alemán conservará el cargo y apunta con firmeza a dirigir a Inglaterra en la Eurocopa 2028 en casa.

El 2-1 encajado en Atlanta, con remontada albiceleste en los minutos finales, dejó una cicatriz profunda. Inglaterra rozó su primera final mundialista masculina desde 1966 tras adelantarse con el gol de Anthony Gordon, pero el plan se giró de repente. Tuchel cerró filas, protegió el resultado, bajó el bloque. Argentina olió la sangre. Y castigó.

La reacción no se ha hecho esperar: críticas a su planteamiento conservador, dudas sobre si es el hombre adecuado para romper definitivamente el techo de cristal que ya golpeó Gareth Southgate con dos finales de Eurocopa y otra semifinal mundialista. Aun así, la FA no se mueve.

Contrato hasta 2028 y un objetivo claro

Tuchel, de 52 años y exentrenador del Chelsea, llegó al banquillo inglés en noviembre de 2024 como heredero natural de Southgate: más agresivo en lo táctico, más sofisticado en la gestión de partidos, teóricamente el paso final hacia el título. Su contrato inicial cubría únicamente este Mundial, pero en febrero firmó una ampliación hasta 2028. No fue un gesto menor.

El propio técnico lo recordó tras caer ante Argentina: tiene acuerdo hasta la Eurocopa de 2028 y su intención es liderar a Inglaterra en ese torneo como anfitriona. Lo dijo con la herida aún abierta, con la mirada todavía en Georgia, pero sin esconderse. El proyecto no se detiene por una derrota, por dolorosa que sea.

En la Federación, el mensaje fue igual de claro. El director ejecutivo, Mark Bullingham, habló de “corazón roto” por quedarse tan cerca de la final, pero defendió el trabajo del seleccionador y del grupo. Subrayó el esfuerzo, el compromiso, la sensación de haberlo dado todo. El respaldo público, en un momento tan frágil, pesa.

Un regreso amargo a Kansas City y un último trámite en Miami

La selección regresó a su base en Kansas City tras la caída en Atlanta. No hay billete de vuelta definitiva todavía. Antes, espera un partido que nadie desea jugar, pero que figura en el calendario: el duelo por el tercer puesto ante Francia, en Miami, una semana después de la victoria en cuartos frente a Noruega en el Hard Rock Stadium.

Tuchel lo admitió sin rodeos: ni sus futbolistas ni los franceses querían estar en esta cita. Querían la final. Jugar por el bronce se siente casi como un castigo para equipos construidos para levantar la Copa del Mundo. Pero también recordó algo que en caliente cuesta digerir: alcanzar las semifinales ya es un listón que muchas potencias no han superado en este torneo.

El alemán apeló al orgullo competitivo. Habló de reaccionar, de “rebotar” tras el golpe, de hacer lo que se exige en la élite: levantarse rápido. No hubo grandes discursos en el vestuario, según reconoció. No sirven para apagar un dolor así. Pidió respeto por el momento, tiempo para digerir, y una certeza: Inglaterra lo había dado todo para llegar hasta ahí.

Entre la decepción y la convicción

Ahí se sitúa ahora el debate. El resultado es inapelable, el desenlace, cruel. El equipo se adelantó, se replegó, cedió la iniciativa y terminó pagando. La sombra de viejos fantasmas volvió a sobrevolar a una selección acostumbrada a quedarse a un paso.

Pero la FA ha elegido no reaccionar en caliente. No habrá giro brusco en el banquillo. Tuchel mantiene la confianza institucional y el margen para corregir, ajustar y construir una Inglaterra que no solo compita, sino que por fin remate la faena en un gran torneo.

Antes de pensar en 2028, queda Francia y ese partido incómodo por el tercer puesto. Un encuentro que, más que un premio, parece una prueba de carácter. La cuestión es sencilla y, a la vez, decisiva: ¿será este tropiezo el principio del fin del ciclo de Tuchel o el golpe que endurezca a una selección llamada a llegar mucho más lejos en casa dentro de dos años?