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Virgil van Dijk: El capitán que desafía la edad en Liverpool

En un Liverpool en plena reconstrucción defensiva, todo se mueve menos una cosa: Virgil van Dijk. El capitán, con 35 años recién cumplidos y entrando de lleno en el último año de su contrato, se ha convertido en algo más que un líder. Es el ancla de un departamento de centrales que cambia a una velocidad vertiginosa.

En circunstancias normales, su situación contractual olería a despedida lenta, a cuenta atrás silenciosa. Aquí no. En Anfield, Van Dijk sigue siendo el tótem. Nuevo entrenador, Andoni Iraola, tercer técnico que dirige al neerlandés en el club. Mismo punto de referencia en el vestuario.

Un líder rodeado de incertidumbre

El contexto que rodea al capitán es todo menos estable. Giovanni Leoni (19 años) y Jeremy Jacquet (21) aún no han debutado en la Premier League. Joe Gomez vuelve a estar marcado por las lesiones. Ronald Araujo está a punto de ser confirmado como fichaje de emergencia cedido desde Barcelona.

En medio de ese paisaje, la figura de Van Dijk tranquiliza. Incluso en plena treintena avanzada, sigue siendo un defensor de élite, con un peso enorme en la trastienda del equipo y una sensación de seguridad que el Liverpool necesita como el aire.

Pero el peaje del último año ha sido brutal.

Ningún jugador disputó más minutos que él en las cinco grandes ligas europeas la temporada pasada. Antes del Mundial ya acumulaba 5.841 minutos. Después, jugando todos los minutos de la selección neerlandesa hasta los octavos de final, la cifra se disparó hasta 6.141 minutos en 69 partidos entre club y país. Una media de 89 minutos por encuentro.

Para un futbolista en el otoño de su carrera, que además arrastra una grave lesión de ligamento cruzado anterior sufrida en octubre de 2020, el dato habla por sí solo. Tanto, que el propio Van Dijk pidió este verano más descanso del habitual.

“Estoy aquí para él, sea lo que sea que necesite”

Tras su primer partido de pretemporada, en la derrota por 3-2 ante Monaco, el capitán explicó sus sensaciones y su relación con Iraola.

“He tenido seis, siete u ocho días de entrenamiento, así que tenía muchas ganas de meter minutos en las piernas y me alegro de haber salido sin problemas”, dijo tras el encuentro.

Sobre el aterrizaje del técnico vasco, el mensaje fue claro: “Ha ido absolutamente bien, tuvimos una gran conversación en la primera semana cuando se anunció y lo principal para él es saber que yo estoy aquí para él, pase lo que pase. Cualquier cosa que necesite, que quiera saber, que quiera que haga por el equipo, estoy aquí para él y ojalá tengamos éxito esta temporada, eso es lo que queremos”.

Van Dijk no olvida a Arne Slot, con quien compartió un curso intenso: “Nada que reprochar a Arne y su cuerpo técnico, tuvimos un tiempo increíble juntos, aunque el año pasado fue una decepción. Este año tenemos un nuevo entrenador con nuevas formas de preparación. Tenemos que adaptarnos a un nuevo staff, métodos de entrenamiento diferentes, pero me gustó trabajar con Arne y estoy seguro de que me gustará trabajar con el nuevo técnico”.

Un capitán que sabe cuándo decir “basta”

Hubo una decisión que marcó su verano: renunciar a la gira de pretemporada por Estados Unidos. No fue el club, fue él quien lo pidió. Tras sus tres semanas de vacaciones posteriores al Mundial, el central entendió que el cuerpo y la cabeza pedían otra cosa.

Prefirió quedarse en el AXA Training Centre, evitar vuelos transoceánicos y el inevitable jet lag en el tramo clave de la preparación física.

“Definitivamente pedí un buen descanso porque sentía que lo necesitaba, no solo físicamente sino también mentalmente”, explicó. “Fue un año muy exigente desde antes de que empezara la pretemporada pasada hasta el día en que me eliminaron del Mundial, así que sentí que necesitaba un buen parón y tuve quizá tres días más que Ryan (Gravenberch), Flo (Wirtz) y Alex (Isak)”.

Y ahí entró en juego la planificación personal: “Para mí era clave no ir a América porque no quería tener jet lag y luego tener que volver de eso también. Sentí que tener un par de días extra en el AXA, hacer las pruebas antes de que estuviera el equipo y estar listo para cuando regresaran para ponerme a tope de inmediato, era para mí personalmente la mejor manera”.

No habla como una estrella caprichosa. Habla como un profesional que conoce su cuerpo y su responsabilidad.

“¿Me vas a decir que con 35 años no puedo hacerlo?”

Con todo el ruido alrededor —salidas, fichajes, cambio de ciclo—, Van Dijk no duda cuando se le pregunta si está listo para volver a ser el pilar del equipo bajo Iraola, como lo fue con Jürgen Klopp y Arne Slot en una etapa en la que el Liverpool levantó todos los grandes títulos posibles.

“Sí, estoy listo para ir de nuevo”, responde. Y lanza un desafío directo: “¿Vas a decir que tengo 35 años y no puedo hacerlo?”.

Su receta no tiene secretos, pero sí una exigencia brutal: “Al final del día, tienes que cuidarte. No diría que tienes que tener suerte, pero sí hacer todo lo que esté en tu mano. Ese es el mínimo para mí porque siento la responsabilidad de estar listo para cada partido. Jugamos cada tres días. Entre partidos, en casa, en el campo de entrenamiento, tienes que hacer todo lo que esté en tu poder para estar listo para jugar otra vez”.

Se define como un “late bloomer”, un futbolista tardío: “Me siento bien. También soy un ‘late bloomer’, así que ya sabes, quizá… es lo que es”.

Su objetivo no cambia: “Me siento bien y quiero hacer sentir orgullosos a todos los aficionados en todo el mundo que nos apoyan dondequiera que vayamos, y eso es ganando partidos y mostrando lo que significa llevar esta camiseta cada vez. Ese es para mí el mínimo, así que seguimos”.

Un vestuario en transición y un capitán como hilo conductor

Las salidas de Ibrahima Konaté, Andy Robertson y Mohamed Salah, apenas un año después de una renovación profunda de la plantilla, refuerzan la sensación de nuevo ciclo bajo Iraola. Van Dijk, a las puertas de su décima temporada en Anfield, lo asume sin rodeos.

“Definitivamente se siente como un poco de transición, seguro”, admite. “Depende de todos los asociados con el Liverpool asegurarnos de que estamos construyendo algo que será exitoso durante años”.

No se refugia en el largo plazo para rebajar la exigencia inmediata: “Este año queremos tener éxito, pero todavía hay mucho trabajo por hacer”.

El calendario no perdona. Y él lo sabe mejor que nadie: “Todos sabemos lo difícil que es jugar en la Premier League, la League Cup, la FA Cup y la Champions League, así que necesitamos a todos a su mejor nivel. Necesitamos ser consistentes y ganar más partidos”.

Y deja la puerta abierta a que el club le dé más ayuda: “Vamos a ver qué traen las próximas semanas [en el mercado]. Cualquier calidad que podamos añadir al equipo será definitivamente bienvenida, así que veremos”.

Liverpool cambia, se agita, se reinventa. Entre promesas, lesiones y fichajes de emergencia, una figura sostiene el andamiaje. A los 35 años, Virgil van Dijk no está escribiendo su epílogo. Está decidiendo, casi en solitario, qué forma tendrá la próxima era en Anfield.