West Ham y su nueva temporada en Championship: cambios y desafíos
West Ham se asoma a su primera temporada en Championship en 14 años con un aire de renovación en el césped y un huracán en los despachos. Ilusión deportiva. Incertidumbre total en el palco.
En el campo, el verano ha traído buenas noticias. Nuno Espírito Santo ha comprometido su futuro con el club. Jarrod Bowen, capitán y emblema, también ha decidido seguir. Han llegado nombres con tablas como Manor Solomon y Joel Veltman, que añaden oficio y experiencia a una plantilla golpeada por el descenso pero no derrumbada.
No todo ha sido llegada. Mateus Fernandes se ha marchado al Tottenham y Crysencio Summerville ha puesto rumbo a Al Hilal, en la Saudi Pro League. Aun así, el ánimo del hincha no se ha desplomado: 50.000 abonos de temporada vendidos tras bajar de categoría es una cifra que habla por sí sola. La afición está. Quiere creer.
Mientras tanto, en los despachos, el club vive una batalla silenciosa por el control que amenaza con eclipsarlo todo.
El vacío de poder tras Sullivan
Hace dos meses, David Sullivan dimitió como copresidente tras ser acusado por siete mujeres de comportamiento sexualmente explotador y depredador, acusaciones que él niega categóricamente. Su salida del cargo abrió un hueco institucional enorme y una oportunidad de redefinir el futuro del club.
Vanessa Gold y Daniel Kretinsky, los otros copresidentes, reaccionaron con un mensaje firme: proteger el futuro de West Ham. Sobre el papel, el plan parecía sencillo. El multimillonario checo, ya accionista importante, aumentaría su participación hasta convertirse en el máximo accionista del club.
Pero nada en West Ham es sencillo.
La decisión de Gold de vender su paquete accionarial a un consorcio liderado por Amanda Staveley convirtió ese acuerdo “simple” en una guerra corporativa de difícil lectura incluso para los más atentos.
El rompecabezas accionario
Kretinsky posee actualmente el 27% del club. Gold, el 25,1%. Sullivan, pese a su dimisión como copresidente y director, sigue siendo el mayor accionista con un 38,8%. El resto se reparte entre otros inversores relevantes como Tripp Smith, Daniel Harris y Terry Brown.
En junio, Gold y Kretinsky anunciaron que habían alcanzado un acuerdo por el cual el checo, que también es propietario de Royal Mail, pasaría a controlar el 43% del capital, convirtiéndose en el mayor accionista. Los otros socios significativos, según se comunicó entonces, apoyaban la operación.
Pero el acuerdo nunca llegó a completarse.
El 1 de agosto, Gold, que había puesto sus acciones en venta en octubre de 2023, confirmó que “el acuerdo original y otras alternativas no pudieron materializarse” y anunció que había alcanzado un pacto para vender la totalidad de su participación a un consorcio encabezado por Staveley, conocida por su etapa como copropietaria del Newcastle United.
Kretinsky reaccionó con evidente disgusto y aseguró que estaba “considerando sus opciones”. Tres días después se confirmó que Jakub Havrlant, compatriota suyo, había comprado algo más del 2% de sus acciones.
Ese movimiento abrió un nuevo frente: la venta de Kretinsky está sujeta al mismo acuerdo de derechos de tanteo que afecta a las acciones de Gold. Y ahí nace el debate. ¿Es esta operación una forma de bordear obligaciones contractuales? ¿O una simple reordenación accionarial dentro de los márgenes legales?
Las dudas se acumulan y las respuestas no llegan.
Un club dividido en la cúpula
Por si fuera poco, han surgido versiones que apuntan a que el consorcio de Staveley también habría presentado una oferta por la participación de Sullivan. Nada de esto ha sido confirmado públicamente, pero alimenta el ruido en torno al futuro propietario de West Ham.
Mientras tanto, los protagonistas guardan silencio estratégico. Ni Sullivan, ni Gold, ni Kretinsky, ni Staveley han explicado en público su plan a medio y largo plazo para el club. No hay hoja de ruta visible. Solo movimientos, filtraciones y sospechas.
El resultado es un ambiente enrarecido entre la afición. Muchos no saben ni siquiera qué bando deberían respaldar. ¿El bloque que impulsa la entrada del consorcio de Staveley? ¿El proyecto de poder reforzado de Kretinsky? ¿La continuidad de Sullivan, pese a las críticas históricas y las acusaciones recientes?
Sullivan, el pasado que no se va
Sullivan lleva años en el punto de mira de un sector de la grada por su gestión. Junto a su antiguo socio y copresidente David Gold, fallecido en 2023, y la baronesa Karren Brady, nunca fue perdonado por una parte del hincha por la mudanza de Upton Park al antiguo Estadio Olímpico en 2016.
Brady dimitió como vicepresidenta el 21 de abril para centrarse en otros negocios. Otro símbolo de una era que se agrieta, pero no termina de romperse.
Pese a haber dejado su cargo, Sullivan se mantiene como el accionista principal y no parece dispuesto a desaparecer del todo del mapa. Ignoró los consejos de los responsables del London Stadium y las peticiones de grupos de aficionados para que no acudiera al partido de EFL Cup ante Portsmouth. Estuvo allí. Vio cómo el equipo ganaba 3-1 ante 53.369 espectadores, una entrada que destrozó el récord de asistencia en primera ronda de la competición por más de 18.000 personas.
El contraste fue brutal: ambiente de gran noche en las gradas, sombra de crisis en el palco.
Un verano para unir… y otro culebrón
El comunicado conjunto de Gold y Kretinsky del 13 de junio, emitido una semana después de la dimisión de Sullivan, parecía marcar un punto de inflexión. “Estamos profundamente preocupados por las revelaciones y nuestros pensamientos están con esas mujeres que han luchado tanto por hacerse oír”, decía el texto. “Cualquier abuso de poder es aborrecible y se necesita un gran valor y determinación para alzar la voz contra ello. Nuestro foco está ahora firmemente en proteger el futuro de este club de fútbol”.
Apenas dos meses después, esas palabras suenan lejanas mientras el equipo se prepara para debutar en liga con una visita a Burnley. El foco, en lugar de estar en el proyecto deportivo de Nuno y en el intento de ascenso inmediato, vuelve a desviarse hacia el palco.
Un aficionado veterano, con profundo conocimiento de los entresijos del club, lo resume con crudeza: “Teníamos una oportunidad real este verano para pasar página de un periodo bastante miserable, poner a todo el mundo a remar en la misma dirección y pelear de verdad la temporada. En vez de eso, tenemos otro culebrón de West Ham en el consejo. Es como EastEnders.”
La pelota está lista para rodar en Championship. El vestuario parece alineado. La afición responde. La pregunta es si, esta vez, la lucha de poder en la cúpula permitirá a West Ham centrarse en lo que más necesita: volver cuanto antes a la élite.






