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Wrexham necesita una reacción inmediata tras la derrota ante West Brom

El golpe todavía escuece en el Racecourse. Wrexham tenía el partido en la mano ante West Bromwich Albion, mandaba en el marcador, acariciaba dos victorias seguidas en casa por primera vez desde febrero… y en once minutos lo perdió todo. Derrota por 2-1, silencio pesado en la grada y un mensaje claro desde el banquillo: toca responder ya.

De un golazo para soñar a un final que duele

Kieffer Moore encendió la noche con un latigazo de los que marcan temporadas. Un disparo desde unos 30 metros, seco, preciso, imparable. Un gol que levantó al estadio y pareció inclinar definitivamente el partido hacia los locales, ya bien entrada la segunda parte.

Ese tanto, el cuarto de Moore en lo que va de campaña, tenía aroma de victoria grande. El galés, que viene firmando un inicio de temporada muy sólido y variado en su registro goleador, había hecho lo más difícil: abrir un duelo cerrado ante un rival herido.

Pero el partido se torció justo cuando parecía domado. West Brom encontró aire en el tramo final. Primero Isaac Price, y después el suplente Aune Heggebø, voltearon el marcador con dos zarpazos tardíos que dieron a los visitantes su primera victoria liguera en cuatro encuentros y dejaron a Wrexham sin premio y con una sensación amarga: dejaron escapar un encuentro que sentían suyo.

“Cuando pierdes de esa manera es más duro, ¿no? Porque los chicos lo podían sentir, el partido estaba ahí para nosotros”, admitió Parkinson tras el choque. No buscó excusas. Ni las hay.

Críticas asumidas, vestuario en guardia

El técnico no se escondió ante lo que viene ahora: ruido, análisis y cuestionamientos. “Estoy seguro de que recibiremos críticas por la derrota, eso es inevitable y lo aceptamos totalmente”, dijo. Pero su discurso giró rápido hacia lo que considera la verdadera respuesta: cerrar filas.

“Cuando pierdes un partido en casa es momento de atrincherarse y salir fuertes como grupo, y eso es lo que vamos a hacer el fin de semana”, lanzó, marcando el tono de los próximos días. Nada de lamentos prolongados. Trabajo, autocrítica y una idea clara: nadie en el fútbol va a tener compasión de Wrexham.

“En el fútbol nadie va a sentir lástima por nosotros. Tenemos que encontrar una solución, mirar el partido y ver en qué áreas podemos hacerlo mejor”, remarcó. Mensaje directo al vestuario y al entorno: el margen de mejora es interno, no externo.

Parkinson insistió también en una idea que repite puertas adentro: la fortaleza del grupo. “Hay mucha resiliencia en ese campo de entrenamiento y la vamos a mostrar en la preparación del partido ante Preston”, aseguró. No es una frase vacía; es la línea de vida a la que se aferra el equipo tras dejar escapar un triunfo que habría cambiado el aire en el Racecourse.

Moore, golazo y gestión de esfuerzos

En medio del golpe anímico, el técnico quiso destacar la actuación de Moore, más allá del resultado. “Goles así merecen formar parte de una actuación ganadora”, subrayó. El delantero no solo suma ya cuatro tantos, también varias asistencias y una influencia creciente en el ataque de Wrexham.

Su sustitución poco después del gol levantó cejas en la grada, pero Parkinson fue claro: pura gestión física. El internacional galés venía de completar los 90 minutos en el 1-1 ante Derby County el sábado, su primer partido completo en un tiempo, y el cuerpo técnico no quiere exprimirlo hasta el límite en octubre.

“Ha tenido un inicio de temporada muy fuerte y ha marcado todo tipo de goles. Jugó sus primeros 90 minutos en un tiempo el fin de semana y volvimos a apostar por él, pero también tenemos que protegerle hasta cierto punto”, explicó el entrenador. Cuidar a su referencia ofensiva es una prioridad, incluso cuando el marcador invita a arriesgar.

El siguiente examen: Preston North End, colista pero peligroso

La reacción no puede esperar. El calendario no da respiro y el sábado Wrexham vuelve al Racecourse para recibir a Preston North End, colista del Championship. Un rival hundido en la tabla, sí, pero precisamente por eso peligroso: llega con urgencias extremas y sin nada que perder.

Para Wrexham, el duelo es algo más que tres puntos. Es una oportunidad para demostrar que la derrota ante West Brom fue un tropiezo, no el inicio de una mala dinámica. Es el momento de que esa “resiliencia” de la que habla Parkinson se vea en el césped, no solo en la sala de prensa.

El equipo ya ha comprobado que, en esta categoría, los partidos que parecen controlados pueden escaparse en un suspiro. La pregunta ahora es sencilla y, a la vez, enorme: ¿convertirá Wrexham este golpe en gasolina para relanzar su temporada o dejará que se convierta en una herida que tarde semanas en cerrar? El sábado, en el Racecourse, empezará a escribirse la respuesta.