Arsenal afilado: Arteta defiende a Saka ante críticas
Arsenal encara su visita del sábado por la noche al Sunderland de Granit Xhaka con un aire de autoridad. Tres de tres en la Premier League, incluida una victoria convincente ante el aspirante al título Chelsea, y un debut europeo resuelto con oficio. El equipo de Mikel Arteta no solo gana: impone.
En la Champions League, los londinenses arrancaron con triunfo gracias a un gol de Martin Odegaard, pese a desperdiciar una colección de ocasiones claras. No fue un festival de pegada, pero sí una declaración: incluso cuando fallan, encuentran la forma de sacar los tres puntos.
Ahora les espera Sunderland, con cuatro puntos en cuatro jornadas y con Xhaka como rostro reconocible en el banquillo rival. Un reencuentro con aroma a pasado reciente en medio de un presente que huele a ambición grande en el norte de Londres.
Saka, bajo el microscopio
En pleno arranque perfecto, uno de los emblemas del proyecto, Bukayo Saka, se ha convertido en tema de debate. Y no precisamente por elogios.
Jermaine Pennant, ex extremo del club, ha cuestionado con dureza el estatus del canterano de Hale End. Para él, la etiqueta de “jugador de clase mundial” no se sostiene con los números actuales.
Pennant lo desgranó en declaraciones a GOAL: si se coloca a Saka en la misma mesa que los mejores del mundo en su posición, las cifras tienen que estar a la altura. Sin concesiones. El ex jugador puso como referencia a Mohamed Salah, con casi una década encadenando temporadas por encima de las 20 contribuciones de gol.
En su análisis, Saka deslumbra por momentos, firma actuaciones “absolutamente estelares”, pero al comparar sus estadísticas con las de los grandes extremos de la élite y de la propia Premier League, el balance se queda corto. De ahí su frase más contundente: el inglés “se sale con la suya” demasiadas veces gracias a la percepción que se tiene de él.
El juicio es severo y choca con la imagen de intocable que Saka tiene entre buena parte de la afición. Llega, además, en un tramo de calendario en el que Arsenal necesita que su jugador franquicia marque diferencias semana tras semana para sostener la racha.
Arteta, el “poli malo” del mercado
Mientras el equipo suma victorias, el eco del mercado de fichajes sigue resonando en el Emirates. Las salidas de Gabriel Jesus y Gabriel Martinelli han abierto un frente incómodo para Mikel Arteta, obligado a dar explicaciones sobre cómo se gestionaron esos adioses.
Jesus, ahora en Barcelona tras salir al cierre de la ventana, aseguró en una entrevista con SportyTV que “de la nada” le apartaron a entrenar lejos del grupo y que “nadie” le comunicó nada. Un relato frío de un final abrupto.
Arteta respondió asumiendo un papel que conoce bien cualquier entrenador de élite: alguien tiene que ser el “poli malo” cuando toca dar malas noticias. Y, si le toca a él, lo acepta.
El técnico español explicó que, en el caso de Gabriel Jesus, mantuvo una conversación individual en el vestuario. Según su versión, el tono fue de gratitud, no de ruptura. “Muy sorprendido”, dijo sobre las palabras del delantero, aunque dejó claro que entiende que, cuando un jugador recibe una decisión que no esperaba, la percepción puede cambiar.
Para ilustrar la relación que el club mantiene con sus exfutbolistas, Arteta recordó la presencia reciente de Leandro Trossard en la grada durante la victoria frente a Chelsea. El belga, traspasado a Besiktas en julio, regresó para ver a sus antiguos compañeros, una imagen que el entrenador quiso usar como ejemplo de vínculo y respeto.
También salió a colación el caso de Gabriel Martinelli. Ian Wright, leyenda del club, confesó sentirse “incómodo” por lo que interpretó como una falta de diálogo con el brasileño, ahora en Al Hilal, en la Saudi Pro League. Arteta, de nuevo, se mostró sorprendido por esa lectura, insistiendo en que la comunicación existió, aunque sin entrar en detalles.
El mensaje del técnico es claro: la gestión de salidas no siempre puede ser amable, pero forma parte del trabajo. Y si alguien tiene que cargar con el papel de villano, será él.
Con el equipo lanzado en la Premier y con la Champions recién inaugurada con victoria, Arsenal se planta en Sunderland con una mezcla peligrosa para cualquier rival: confianza, ruido externo y una plantilla que quiere demostrar que puede vivir sin viejos referentes… mientras se exige todavía más a sus nuevas banderas.






