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El Barça firma una exhibición goleadora en Turquía

Durante media hora, el partido olió a noche trampa. El ruido del estadio, el empuje local y un Barcelona desconectado dibujaban un guion incómodo. Entonces apareció Aleksey Batrakov para ponerle nombre al susto: un derechazo que silenció a los azulgranas y encendió a la grada. El líder europeo, contra las cuerdas.

El golpe casi fue doble. Baris Alper Yilmaz cazó otra ocasión y el 2-0 pareció condenar al Barça antes del descanso, pero el VAR rescató a los de Hansi Flick. El gol fue anulado y el partido respiró. A partir de ahí, cambió el aire.

Justo cuando el reloj se asomaba al descanso, Joao Cancelo decidió que ya era suficiente. El portugués, siempre imprevisible, atacó el espacio, apareció por dentro y firmó el 1-1 en el momento psicológico perfecto. El Barça se marchó al vestuario con el marcador igualado y, sobre todo, con la sensación de haber esquivado un abismo.

Un descanso, un ajuste y un vendaval

La charla en el vestuario surtió efecto. El equipo salió del túnel con otro ritmo, otra pausa y otra claridad. El propio Pedri lo reconoció en Movistar al acabar el encuentro: en la primera parte, el Barça se había precipitado, obsesionado con filtrar el último pase demasiado pronto, forzando acciones que el partido aún no pedía.

El cambio fue evidente. Más circulación, más paciencia, misma ambición. Y la estructura empezó a sostener el talento.

El premio llegó pronto. Minuto 50: centro medido y aparición de Fermin Lopez, que atacó el área como un delantero y firmó de cabeza el 1-2. Un gol de puro instinto, de mediapunta que huele la sangre. El estadio enmudeció por primera vez.

Apenas tres minutos después, el duelo se inclinó definitivamente. Anthony Gordon, en plena adaptación al ecosistema Barça, eligió la Champions para estrenar su cuenta goleadora con la camiseta azulgrana. Su tanto, el 1-3, no solo amplió la ventaja: desarmó anímicamente al rival y confirmó la sensación de que el Barça había tomado el control absoluto del encuentro.

La presión ya era asfixiante cuando apareció desde el banquillo Karim Adeyemi. Minuto 65, piernas frescas, defensa rival castigada. El alemán atacó el espacio, definió con contundencia y selló el 1-4. Gol de suplente que huele a lujo de plantilla.

Pedri, el susto físico y la calma con balón

La única sombra para el Barça fue la sustitución temprana de Pedri, que encendió las alarmas durante unos minutos. El canario las apagó de inmediato ante las cámaras. Nada muscular, nada grave: “Me dolía el estómago y me encontraba un poco mal. Era mejor pedir el cambio y que entrara alguien fresco”, explicó, con naturalidad.

Más allá de su estado físico, Pedri puso el foco donde realmente estaba la historia del partido: en la cabeza del equipo. Admitió que el Barça se equivocó en el primer tiempo, demasiado acelerado, queriendo llegar a portería en dos toques, forzando pases cuando el contexto pedía madurar las jugadas.

En la reanudación, el equipo corrigió. “Teníamos el balón y veíamos muchos espacios, así que estábamos forzando ese último pase. Era cuestión de moverla un poco más y dejar que los atacantes se colocaran. Cuando reciben cerca del área, son decisivos”, analizó. Y el césped le dio la razón.

Una máquina de goles bajo Flick

El triunfo en Turquía no fue solo una remontada de carácter. Fue también otra demostración estadística del monstruo ofensivo que está construyendo Flick. Dos jornadas de esta fase de liga en la Champions, nueve goles: el 5-1 a Feyenoord en el debut y este 1-4 a domicilio que consolida al Barça en lo más alto de la clasificación.

Los números globales bajo el técnico alemán impresionan aún más: 84 goles en 28 partidos de Champions, una media exacta de tres tantos por encuentro. Ningún club, desde la temporada 1992-93, había firmado un promedio tan alto con un mismo entrenador en un mínimo de 20 partidos en la competición. Es producción de élite, sostenida y reconocible.

Ese caudal ofensivo desmonta uno de los mantras que rodeaban al equipo hace apenas unos meses. “Se decía que nos faltaba gol, pero estamos demostrando que esta plantilla tiene mucha pólvora”, reivindicó Pedri. Y no se quedó ahí: “Es solo el inicio de la temporada, hay que seguir”.

El canario subrayó otro detalle clave: la profundidad del banquillo. Goles de titulares, impacto de suplentes, recursos por dentro y por fuera. “Tenemos muchos jugadores de calidad saliendo desde el banquillo. La plantilla es muy profunda y muy buena, y se ve en el campo”, sentenció.

Un calendario que no perdona

El Barça se marcha de Turquía con algo más que tres puntos y una goleada: se lleva la confirmación de que sabe sufrir, corregir y castigar. De que puede sobrevivir a un ambiente hostil, a un mal inicio y a un golpe temprano sin perder el hilo del plan.

En el horizonte asoma ahora una serie de partidos que pueden marcar el tono del curso. “Vienen partidos muy importantes. Es el inicio de temporada, pero estos encuentros cuentan. Hay que disfrutarlos y, sobre todo, ganarlos”, avisó Pedri.

La Champions ya ha lanzado su primer mensaje: este Barça de Flick no solo suma, intimida. La cuestión, a partir de ahora, es cuánta continuidad tendrá este rugido cuando el calendario apriete de verdad.

El Barça firma una exhibición goleadora en Turquía