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La batalla legal de Haaland contra Norwegian Air: la coleta que ofende

Los aficionados de Manchester City miran estos días a los juzgados casi con el mismo interés con el que siguen la tabla de la Premier. Pero no se trata de “ese” caso. Esta vez el protagonista es Erling Haaland y su particular batalla legal contra la aerolínea Norwegian Air.

El asunto se verá este viernes en Oslo. El delantero noruego acusa a la compañía de haber “explotado de forma ilícita las características comerciales y las marcas registradas de Haaland” durante el pasado Mundial de verano.

¿La raíz del conflicto? Una coleta.

Norwegian Air editó la icónica coleta de Haaland sobre la cola de uno de sus aviones, lanzó la imagen en redes sociales y la acompañó con el mensaje: “we’ve never looked more Norwegian”. Una broma gráfica, un guiño nacional… y, según la demanda, un uso no autorizado de su imagen y de marcas registradas asociadas al jugador.

La defensa de la aerolínea se agarra precisamente a eso: era simple humor, una pieza de “banter” ligero en pleno Mundial. Podrían incluso recurrir a la ironía y señalar el actual peinado del delantero para preguntar: “¿Qué coleta?”. Pero en la sala no se juzgará el chiste, sino dónde termina la broma y dónde empieza el negocio cuando se trata de una de las caras más reconocibles del fútbol mundial.

En tiempos en los que cada gesto, cada peinado y cada celebración de una estrella de élite se convierte en activo comercial, el caso Haaland contra Norwegian Air marca otra frontera. La cuestión ya no es solo quién mete los goles, sino quién puede capitalizar hasta el último pelo de la coleta de un goleador.

Graham Potter tira de ironía con el virus de Suecia

Mientras Haaland se prepara para declarar en Oslo, otra selección lidia con un problema mucho más terrenal: los virus. Suecia ha perdido a varios jugadores por una infección antes de enfrentarse a Bosnia y Herzegovina, y su seleccionador, Graham Potter, decidió explicarlo con un dardo envenenado.

“Nos ha golpeado una infección o un virus. En cuanto al número de bajas, hemos tenido una cifra similar a los cargos del City”, lanzó, comparando la lista de enfermos con el interminable listado de acusaciones que persiguen a Manchester City. Eso sí, matizó el chiste sin perder la sonrisa: no llegan a 114.

Henry eleva a Zidane: “A la altura de Dios”

En Francia, el tono es otro. Thierry Henry, siempre directo, no escatimó elogios al hablar de la llegada de Zinedine Zidane al banquillo de la selección.

“El desembarco de Zizou es extraordinario. Es tener a alguien que está a la par con Dios. Lo digo sin intención de ofender a los creyentes”, afirmó. No es solo respeto; es devoción futbolística hacia un hombre cuya sola presencia cambia el aire de un vestuario y el peso de una camiseta.

Kasper Schmeichel, del área al asiento trasero

No todos los grandes nombres disfrutan el día después. Kasper Schmeichel, retirado, describió su nueva vida con una sinceridad desarmante.

“Aburrido hasta el extremo. Tengo tres hijos, así que básicamente soy conductor de Uber a tiempo completo. Es una transición extraña. No era algo para lo que estuviera preparado”, confesó. De parar penaltis decisivos a hacer de chófer familiar: otro tipo de presión, sin focos, sin himnos, pero igual de absorbente.

“Seguís siendo malos”: un dardo político a los aficionados del United

En Inglaterra, la rivalidad nunca descansa, ni siquiera en los pasillos del poder. La secretaria de Educación del Reino Unido, Lucy Powell, reconocida hincha de Manchester City, no dejó pasar la ocasión de pinchar a los aficionados de Manchester United tras una semana de burlas.

“Solo quiero decir a todos esos aficionados del United que han estado presumiendo toda la semana: seguís siendo una mierda y lo sabéis”, disparó. Un comentario poco parlamentario, pero directo al orgullo de una afición que vive entre la nostalgia y la exigencia permanente.

El dato: 6.678 días sin ver a Cristiano en el banquillo

Son 6.678 días. Más de 18 años. Ese es el tiempo que había pasado desde la última vez que Cristiano Ronaldo fue suplente sin jugar un solo minuto con Portugal en un partido oficial. Hasta que llegó Noruega la semana pasada.

El veterano delantero vio el encuentro desde el banquillo y no pisó el césped. Un hito estadístico que rompe una racha casi inverosímil en el fútbol moderno. Según se cuenta desde dentro, lo encajó con calma. La historia, sin embargo, no terminó ahí.

La tormenta CR7: Jorge Jesus, el banquillo y la furia familiar

El seleccionador de Portugal, Jorge Jesus, tomó una decisión que pocos se atreven a imaginar: dejó a Cristiano Ronaldo en el banquillo ante Noruega y, supuestamente, le comunicó que tampoco sería titular frente a Dinamarca.

Era un acto de valentía futbolística. También un riesgo político dentro del vestuario. Y, como se vio después, una provocación directa al círculo más ferozmente protector del jugador.

Cristiano abandonó la concentración molesto. Y las mujeres de su vida no tardaron en incendiar el debate.

Su hermana Elma fue la primera en cargar: “CR7 merecía más respeto. En cuanto al pueblo portugués, bueno… no merece tener lo mejor de nada. Somos envidiosos, desdeñosos, ignorantes, y merecemos volver a la mediocridad que siempre tuvimos en el fútbol antes de CR7”.

El golpe no iba solo contra el seleccionador, sino contra todo un país al que acusa de olvidar demasiado rápido lo que le debe a su gran estrella.

Su pareja, Georgina Rodríguez, apuntó directamente al técnico: “No sé cómo este hombre puede llevar el nombre de Cristo”. Una frase que mezcla religión, identidad y fútbol en una sola línea, perfecta para resumir el clima emocional que rodea a cada paso de Cristiano.

Más dardos: Kimmich en la mira y el elogio obsesivo de Zidane

El ruido no se detiene ahí. En Alemania, Mario Basler, exinternacional, señaló sin rodeos a Joshua Kimmich.

“Kimmich corre a algún sitio. Todo el mundo le da inmediatamente el balón. No sé por qué. No sale nada de él”, sentenció. Una crítica frontal a uno de los jugadores más influyentes de la Mannschaft en los últimos años, cuestionando no solo su rendimiento, sino casi el sentido de su rol.

Zinedine Zidane, en cambio, se recreó en el elogio hacia Jeremy Jacquet tras su actuación frente a Italia. “Muy bueno. Muy, muy bueno. Muy bueno en los duelos. Estuvo, una vez más, muy bueno. ¡Lo he dicho cuatro veces!”, repitió, casi con obstinación. Cuando Zidane insiste, el mensaje cala: hay jugador.

En un mismo par de semanas, el fútbol ha dejado imágenes de una coleta en la cola de un avión, un dios del balón sentado en el banquillo, una leyenda convertida en chófer familiar y un país cuestionado por la familia de su mayor icono. El juego sigue en el césped, pero las verdaderas batallas —legales, emocionales, simbólicas— se libran ya muy lejos de la línea de banda.