Logotipo completo Cancha Firme

Croacia pierde identidad ante España en Sevilla

En Sevilla, Croacia no solo perdió un partido. Perdió, durante noventa minutos, parte de la identidad que la ha convertido en una selección incómoda para cualquiera. Slaven Bilic salió del césped con el gesto duro, la mirada perdida y un diagnóstico sin anestesia: su equipo había sido irreconocible.

La derrota, contundente ante una España lanzada, dejó mucho más que un marcador abultado. Dejó la sensación de que la ocasión pesó demasiado. Que el escenario, el rival y el contexto aplastaron a un grupo todavía en construcción.

“Una noche difícil para nosotros. Estuvimos mal en todo, estamos decepcionados”, arrancó Bilic, sin rodeos. “Podemos encontrar alguna excusa en el hecho de que es España, la campeona del mundo, y que nuestro equipo es nuevo, pero no podemos jugar con esa falta de agresividad, como si estuviéramos aquí solo para celebrar su título. No podemos venir solo a ser parte de la celebración. Eso no somos nosotros”.

Un inicio que lo desmoronó todo

El plan duró un suspiro. La selección croata, todavía acomodándose al partido, ya iba por detrás en el marcador casi desde el primer minuto. Gol tempranero, golpe directo a la mandíbula. El tipo de mazazo que obliga a reaccionar de inmediato o a desaparecer.

Croacia eligió, por un instante, rebelarse. Consiguió empatar y abrió una rendija de esperanza. Había partido. Había vida. Pero justo cuando el encuentro pedía calma, cabeza fría y oficio, llegó el segundo castigo. Otra vez a balón parado. Otra vez con la defensa mirando más que compitiendo.

“Podemos encontrar muchas excusas. Cuando encajas un gol en el primer minuto contra los campeones del mundo, necesitas unos minutos para recuperarte”, admitió Bilic. “Empatamos, y cuando necesitábamos fuerza, tranquilidad e inteligencia para desordenarlos, encajamos otro gol en una jugada a balón parado, y quizá debería haber sido al revés”.

La frase resume la noche: cuando Croacia necesitó madurez, se descompuso. Cuando el partido pedía oficio, se vio fragilidad.

Una defensa que nunca apareció

El técnico no escondió el principal foco del desastre: la zaga. La línea defensiva croata nunca consiguió ajustar, ni en la marca ni en las ayudas, ante la circulación fluida y el movimiento constante de los atacantes españoles. Cada desmarque encontraba dudas. Cada centro encontraba espacios.

“Demuestra que jugamos mal, sobre todo en defensa. Nuestra defensa no funcionó”, sentenció Bilic. No era una crítica puntual, sino un aviso estructural. En un equipo en transición, el sistema defensivo suele ser el último en consolidarse. En Sevilla, quedó expuesto en cada detalle: en las jugadas a balón parado, en la gestión de las segundas jugadas, en la incapacidad para frenar la presión alta del equipo de Luis de la Fuente.

España apretó, mordió y no dejó respirar a la salida de balón croata. En demasiadas fases del encuentro, Croacia pareció llegar siempre un segundo tarde. Un control mal orientado, un pase precipitado, una ayuda que no terminaba de llegar. En este nivel, ese segundo es un abismo.

Entre los escombros, algunos destellos

No todo fue ruina absoluta. Bilic, aun enfadado, se agarró a los pocos elementos rescatables. Cuando Mateo Kovacic e Ivan Perisic lograron superar la presión inicial española, Croacia encontró por momentos aire y metros. Pequeños tramos de posesión que recordaban a una selección capaz de competir de tú a tú.

“Siempre hay algo positivo. A veces conseguimos superar su presión con Kovacic y Perisic, e individualmente podemos encontrar algunas cosas buenas. Beljo jugó bien, no solo por el gol”, apuntó el seleccionador.

El rendimiento de Beljo, efectivo y valiente, ofreció un rayo de luz en una noche oscura. Marcó, se ofreció, intentó dar continuidad al juego y no se escondió pese al contexto adverso. En un equipo en reconstrucción, cada aparición sólida cuenta. Cada jugador que responde en una noche así se gana minutos, confianza y peso en el vestuario.

Pero el propio Bilic lo dejó claro: los destellos individuales no tapan el problema de fondo. “Hemos juntado este equipo por una razón. Sobre el papel, los chicos que jugaron esta noche lo tienen todo, pero mostramos muy poco”, reconoció. La frase golpea más que cualquier análisis táctico: la distancia entre el potencial y la realidad fue enorme.

Un proyecto en construcción, un baño de realidad

Lo de Sevilla fue un examen de élite para un grupo en transición. Y la nota fue baja. No solo por el resultado, sino por la diferencia en intensidad, en ejecución táctica y en mentalidad. España jugó como un equipo hecho, seguro de sí mismo y acostumbrado a dominar estos escenarios. Croacia, como un conjunto que todavía no sabe cómo responder cuando el plan inicial se derrumba.

Bilic sigue convencido del talento que tiene entre manos. Lo repite, lo sostiene, lo defiende. Pero dejó claro que ya no basta con hablar de calidad técnica. Hace falta algo más crudo: carácter competitivo, agresividad, colmillo. Croacia, históricamente, ha construido su reputación precisamente sobre eso. En Sevilla, esa seña de identidad brilló por su ausencia.

Inglaterra en el horizonte, sin margen para la duda

El calendario no espera a nadie. Tras el golpe ante España, Croacia se juega media vida el sábado frente a Inglaterra. Ambos llegan con tres puntos, a la sombra de una España que lidera el grupo con seis y que recibirá a Czechia antes de viajar a enfrentarse de nuevo a los croatas el martes siguiente.

El duelo ante Inglaterra no admite interpretaciones suaves: es una final encubierta. Una victoria reengancharía a Croacia, la pondría por delante de los ingleses en la clasificación y le permitiría mirar a la visita de España con otra cara. Una derrota, en cambio, dejaría el proyecto de Bilic bajo una presión asfixiante a las primeras de cambio.

El seleccionador lo sabe. La afición también. No hay tiempo para lamentos prolongados ni para discursos vacíos. Sevilla ya ha dejado su cicatriz. Ahora la pregunta es otra, mucho más directa: ¿responderá esta Croacia cuando el próximo gran escenario vuelva a encender los focos?