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La era post-Messi en la selección argentina

La camiseta más famosa del fútbol argentino no tendrá dueño el miércoles. Argentina saldrá a la cancha sin su icónico número 10 cuando se mida ante Bolivia en un amistoso que, más que un simple ensayo, marca el primer examen formal de la era post-Messi.

Lionel Messi anunció su retiro de la selección a fines de agosto. Tiene 39 años, una vida entera en celeste y blanco y un último compromiso con su gente: un partido de despedida frente a Benín en el Monumental la próxima semana. Hasta entonces, la 10 quedará en silencio. Nadie se la pondrá. Nadie cargará con ese peso todavía.

Lionel Scaloni lo dejó claro en conferencia de prensa en Córdoba. No habrá sucesor inmediato. No por ahora.

“No estamos obligados a asignarla para estos partidos, así que no se la vamos a dar a nadie hasta el partido de despedida de Leo”, explicó el seleccionador, citado por ESPN. La decisión no es un simple gesto simbólico: es una pausa, casi un duelo futbolístico, antes de pasar la página. “La idea es que alguien la tome en algún momento, porque es muy especial vestirla. Todavía no decidimos quién”, añadió.

Retirar, aunque sea de forma temporal, la camiseta del máximo goleador de la historia de la selección —125 goles con Argentina— es reconocer la magnitud del vacío. No se reemplaza a Messi, se aprende a vivir sin él. Y ahí entra en juego el trabajo de Scaloni.

Un equipo que debe reinventarse sin renunciar a su esencia

El técnico no se engaña: la Argentina que se verá ante Bolivia y luego frente a Burkina Faso no puede ser la misma que se apoyaba en el genio del 10 para resolver partidos cerrados. La estructura general, sí; la forma de atacar, no.

“Vamos a encontrar una manera de jugar diferente. Para eso son estos partidos, para probar”, admitió. El mensaje es directo: se abre un laboratorio táctico. El balón seguirá siendo el centro de todo. “Nuestro estilo sigue pasando por controlar la pelota. A partir de ahí veremos cómo nos adaptamos”.

Control, paciencia, posesión. Lo de siempre. Pero sin la opción de darle la pelota a Messi y esperar el milagro. El desafío es colectivo y, al mismo tiempo, generacional.

Buena parte del equipo que cayó por 1-0 ante España en la final del Mundial seguirá en escena. La base no se rompe. Sin embargo, empiezan a asomar nuevos nombres, nuevas caras, nuevas ambiciones.

Los que llegan para escribir la próxima página

Nico Paz, Roman Vega, Santiago Castro y Valentín Barco forman parte de esa camada que mira al frente sin complejo de inferioridad, aunque con una sombra gigantesca detrás. Para ellos, este parón internacional es una oportunidad y una prueba de carácter.

No se trata solo de sumar minutos. Se trata de entender qué significa heredar una camiseta que, aunque no lleve el 10 en la espalda, arrastra una historia reciente de títulos, finales y exigencia máxima. Cada control, cada pase, cada decisión se mide con una vara distinta cuando el capitán que se va es el mejor jugador de la historia del país.

El calendario aprieta, pero también ordena el relato. Primero Bolivia en un amistoso que servirá para ajustar piezas. Después Burkina Faso el domingo, otro escenario para ensayar variantes ofensivas y sociedades nuevas. Y el 7 de octubre, el regreso a Buenos Aires.

Allí, en el Monumental, no habrá táctica que importe más que la emoción. Un país entero se detendrá para decir adiós a su máximo ídolo con la camiseta de la selección. Será el cierre oficial de una era irrepetible y el punto de partida definitivo para la siguiente.

La 10, por ahora, espera en el vestuario. La pregunta ya no es solo quién se la pondrá, sino quién se animará a cargar con lo que realmente representa.