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Everton: Un verano decisivo en las bandas

David Moyes se asoma a una temporada en la que los costados de Everton pueden quedar irreconocibles respecto al curso pasado. Durante buena parte de la campaña anterior, el técnico se sostuvo en una fórmula clara: Dwight McNeil por la derecha, Iliman Ndiaye por la izquierda. Estabilidad, automatismos, una estructura reconocible.

Eso está a punto de romperse.

Con McNeil encaminado a Crystal Palace y Al Hilal mostrando interés firme en Ndiaye, el dibujo de Everton para el primer día de Premier League amenaza con cambiar de piel. Y no solo de nombres: también de jerarquías.

Un vacío en los extremos… y muchas dudas

La casi segura salida de McNeil se ha convertido en un culebrón que ya dejó cicatriz en febrero. Entonces, Palace y Everton habían acordado una operación de cesión con obligación de compra por 20 millones de libras este verano. McNeil pasó el reconocimiento médico, preparó el cambio… y el traspaso se vino abajo en el último suspiro por un problema de papeleo.

No fue solo un golpe deportivo. También emocional.

Su pareja, Megan Sharpley, lo dejó claro en redes sociales, con un mensaje duro hacia Palace y un foco directo sobre la salud mental de los futbolistas: habló de promesas rotas, de una “montaña rusa emocional” y de cómo todo se derrumbó “en el último segundo” sin explicación. Palabras que reflejan hasta qué punto el jugador se veía ya lejos de Goodison Park.

Ahora, el acuerdo ha resucitado, esta vez con Brennan Johnson incluido en el intercambio. Un giro que puede redibujar tanto el ataque de Everton como el de Palace y que, sobre todo, acerca de manera definitiva la salida de McNeil.

Mientras tanto, el futuro de Ndiaye también pende de un hilo. El interés de Al Hilal abre la puerta a otro adiós en una zona del campo que era, hasta hace poco, la columna vertebral del plan de Moyes.

Grealish, la incógnita que lo cambia todo

En medio de este escenario, un nombre sigue flotando sobre Finch Farm: Jack Grealish.

El atacante, cedido por Manchester City la pasada temporada, firmó un tramo inicial de curso muy notable. En 22 partidos dejó la sensación de haber encontrado un lugar cómodo en el sistema de Moyes, hasta que una lesión en el pie en enero cortó en seco su impacto.

Su regreso, sin embargo, es una incógnita. No hay acuerdo cerrado ni garantías de que vuelva a vestir de azul. Si regresara, Everton ganaría de golpe creatividad, pausa y personalidad en banda. Si no, el vacío en los costados sería todavía mayor.

Dibling y George: talento caro, minutos escasos

Ante tanta incertidumbre, Moyes mira hacia dentro. Las soluciones, al menos sobre el papel, existen.

Tyler Dibling llegó el verano pasado desde Southampton por 40 millones de libras. Una inversión de peso para un futbolista que terminó viviendo una temporada de transición casi en la sombra. Solo cuatro titularidades en Premier League, eclipsado de inmediato por la irrupción de Grealish. Un fichaje caro que todavía no ha encontrado su sitio.

Tyrique George representa el otro perfil: coste menor, impacto creciente. Everton lo firmó desde Chelsea por 24 millones de libras tras una cesión exitosa en Merseyside. Once apariciones, solo una como titular, pero suficientes para ganarse la confianza de Moyes.

El técnico no escatimó elogios: lo definió como un “chico excelente, con una ética de trabajo excelente” al término de sus primeros cuatro meses en el club. Palabras que, en un contexto de reconstrucción en las bandas, suenan a puerta entreabierta para un rol mucho más importante.

Rohl, la pieza silenciosa

En segundo plano aparece Merlin Rohl. El jugador ya ha actuado en ocasiones abierto a banda, sin ser un extremo puro, y se perfila como otra alternativa para Moyes. No es el nombre que encabeza los debates entre la afición, pero su versatilidad puede convertirse en un recurso clave si el mercado no ofrece todas las soluciones que el técnico desea.

Un verano para definir el carácter de Everton

Con McNeil camino de Selhurst Park, Ndiaye en el radar de Arabia Saudí, la incógnita de Grealish y jóvenes como Dibling, George y Rohl esperando su oportunidad, el rompecabezas de las bandas en Everton está lejos de completarse.

Moyes tendrá que decidir si apuesta por la experiencia de mercado o si se lanza de lleno a construir un nuevo ataque desde dentro, dando galones a futbolistas que hasta ahora han vivido en la periferia del once.

En Goodison Park, los extremos siempre han marcado el tono del equipo. La pregunta es sencilla y brutal a la vez: ¿quién se atreverá a ocupar ahora esa franja de césped donde se define el carácter de un proyecto?