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Francia domina a Noruega en duelo sin Haaland

Lo vendieron como un duelo por la Bota de Oro del Mundial entre Kylian Mbappé y Erling Haaland. Un cartel gigantesco, dos superestrellas, un escenario perfecto.

Pero en Boston Stadium, el protagonista tuvo otro nombre: Ousmane Dembélé.

El reciente ganador del Balón de Oro destrozó a una Noruega experimental con un hat-trick en apenas 25 minutos de la primera parte y Francia caminó con una autoridad insultante hacia un 4-1 que la deja como dueña absoluta del Grupo I y con el pecho inflado rumbo a New Jersey, donde sueña con la gloria el 19 de julio.

El día que el duelo Mbappé–Haaland no existió

El giro dramático llegó incluso antes del pitido inicial. Haaland, el hombre que había marcado cuatro goles en los dos primeros partidos, se quedó en el banquillo. Primera vez fuera del once titular desde 2024. El supuesto pulso directo con Mbappé se evaporó en la hoja de alineaciones.

Stale Solbakken no tocó una o dos piezas: desmontó el equipo. Diez cambios de golpe, con Noruega ya clasificada para las eliminatorias.

“Una decisión obvia”, explicó el seleccionador al justificar la rotación masiva, apoyado por el cuerpo médico y por las propias sensaciones de varios jugadores tras el exigente duelo contra Senegal. “Cinco o seis jugadores estaban muy afectados después de 80 minutos. Toda la línea defensiva y uno o dos centrocampistas”, detalló. Solo admitió una duda: el público noruego, que había cruzado el Atlántico para ver a Haaland y Martin Odegaard.

El riesgo era evidente. Y Francia olió sangre desde el primer segundo.

Mbappé estampó un disparo en el larguero nada más arrancar el partido. Fue la advertencia. Lo que vino después fue un vendaval con la firma de Dembélé, que aprovechó cada espacio, cada duda, cada desajuste de una Noruega irreconocible.

El extremo francés “se puso las botas”, como se dice en el argot, y convirtió la noche en su exhibición particular mientras el teórico gran duelo seguía sentado, con peto, en la banda.

El plan de Solbakken: ¿genialidad o suicidio deportivo?

El debate se encendió incluso antes de que el balón rodara. “Si Erling Haaland necesita un descanso para las últimas rondas del torneo, lo tendrá”, había avisado Ian Wright en ITV Sport, subrayando la importancia de cuidar al goleador de Manchester City.

Con el encuentro ya en marcha, el plan noruego quedó expuesto. Faltaba colmillo arriba y autoridad atrás. Jorgen Strand Larsen, sustituto de Haaland, tuvo en sus botas la opción de reenganchar a su equipo tras el descanso: un penalti para ponerse 3-2. Lo falló. Otra escena que habría tenido un guion muy distinto con el ‘9’ titular en el césped.

Haaland ya había dejado clara su visión del cruce ante Francia después de su doblete en el 3-2 frente a Senegal y la clasificación asegurada. “No me preocupa demasiado ese partido ahora. Probablemente nos ganen. Probablemente ganen todo el torneo”, admitió con una sinceridad desarmante.

Solbakken eligió proteger a su estrella y a buena parte de su columna vertebral. El precio: una derrota amplia, un viaje mucho más largo y la sensación de haber regalado una oportunidad de medir realmente el techo de su selección ante una potencia.

Pat Nevin, en BBC Radio 5 Live, puso el foco en el mapa más que en el marcador: “Es bastante complicado. Las distancias que tendrás que recorrer, las enormes distancias si pierdes este partido, desarraigar a tu equipo y todo eso”. Aun así, entendió la lógica de fondo: llegar vivo y sano a las rondas de verdad.

Wright, por su parte, se declaró “sorprendido” por tantos cambios, sobre todo después de que Noruega repitiera once inicial en las victorias ante Iraq y Senegal. El contraste fue brutal: de la continuidad total al experimento masivo en el partido que decidía el liderato.

Nevin remató el análisis recordando la identidad física de Noruega: “Es un estilo muy, muy físico. Si van con ese estilo y pierden a dos jugadores, ¿habría valido la pena? Sospecho que piensan que no, y por eso han hecho esto”. No es solo músculo: “Con su once habitual, tienen como seis jugadores por encima de 1,93, 1,96, buenos jugadores, con Haaland ahí. Eso habría planteado una pregunta muy distinta a Francia. No habrían concedido tanto espacio”.

Francia, agradecida, se movió cómoda, suelta, con metros para que sus atacantes disfrutaran.

Francia manda; Noruega paga la ruta larga

El triunfo deja a Les Bleus con pleno de victorias: tres de tres, líderes del Grupo I y con el billete para un cruce de dieciseisavos muy cómodo en lo logístico. Jugarán el 30 de junio en el cercano New York New Jersey Stadium ante el segundo del Grupo F o G. Todo encaja: calendario amable, viaje corto, plantilla en forma y confianza disparada tras una actuación demoledora.

Noruega, en cambio, paga la letra pequeña de su apuesta. Basada en Greensboro, en Carolina del Norte, tendrá que afrontar un desplazamiento de unos 1.100 kilómetros hasta Arlington, Texas, para medirse a Costa de Marfil ese mismo 30 de junio. De haber ganado el grupo, el trayecto habría sido aproximadamente la mitad.

La ecuación es clara: piernas más frescas, pero más horas de vuelo. ¿Compensa?

Miles de aficionados noruegos, que han invertido sumas importantes para seguir a su selección en Estados Unidos, vivieron la decisión con sentimientos encontrados. Hubo ceños fruncidos cuando se conoció la alineación, pero el ambiente en las gradas no se vino abajo. El ya clásico festejo vikingo, esa especie de remo sincronizado, apareció varias veces antes y durante el partido, casi como declaración de principios: pase lo que pase, están dentro del viaje.

Los datos ponen a Noruega en un club muy reducido: es apenas el cuarto equipo que realiza 10 o más cambios en su once inicial en un mismo Mundial. España lo hizo en 2006, con 11 cambios ante Arabia Saudí, ganó ese último partido de grupo… y luego cayó 3-1 frente a Francia en octavos. El precedente exitoso lo firmó Bélgica en 2018: rotó a lo grande, venció 3-2 a Japón, después tumbó 2-1 a Brasil en cuartos y terminó cayendo, precisamente, ante Francia.

Solbakken se aferra a esa versión de la historia: la del equipo que se guarda fuerzas para el sprint final.

Un camino exigente y una pregunta abierta

El escenario para Noruega está trazado con precisión. Si supera a Costa de Marfil en Arlington, el premio será regresar al noreste para un duelo de octavos el 5 de julio en New Jersey ante el ganador del Brasil–Japón. Un itinerario duro, pero no imposible para un equipo que, con todos sus titulares, intimida por físico, talento y pegada.

Francia, mientras tanto, avanza sin ruido innecesario, pero con señales muy claras. Cuando Mbappé golpea el larguero en el primer minuto y Dembélé firma un hat-trick en 25, el mensaje al resto del torneo es inequívoco.

Noruega ha elegido la vía del cálculo, del ahorro, del largo plazo. Francia, la del golpe inmediato. Dentro de unas semanas, cuando se repase el cuadro y se vea quién llegó más lejos, la pregunta será inevitable: ¿fue un movimiento maestro de Solbakken o el día en que Noruega decidió apartarse voluntariamente del camino de los gigantes?