El futuro incierto del Peace Prize de la FIFA
Trump podría quedarse como el único ganador de un premio de la FIFA que muchos ya quieren enterrar para siempre. El llamado “Peace Prize”, creado a bombo y platillo por el organismo, está contra las cuerdas tras una fuerte rebelión interna en el consejo.
La escena se dio el viernes, horario AEDT, en una reunión del consejo de la FIFA. Gianni Infantino, presidente del organismo, escuchó una oleada de críticas. Varios miembros fueron directos: el premio debe ser abolido. Otros, algo menos drásticos, reclamaron vaciarlo de cualquier carga política.
La tensión no nace de la nada. El galardón, concebido para reconocer a quienes “con su compromiso inquebrantable y sus acciones especiales han ayudado a unir a la gente en todo el mundo en paz”, terminó en manos del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Y no fue una entrega discreta. Infantino le dio un trofeo dorado, una medalla y un certificado durante el sorteo del Mundial masculino en Washington, el pasado diciembre. Nunca se explicaron los criterios. No hubo transparencia. Solo una foto de impacto.
El contraste con los propios estatutos de la FIFA, que prohíben estrictamente la injerencia política o gubernamental en el fútbol, encendió las alarmas. La decisión se volvió aún más polémica con el paso de los meses: el premio a Trump llegó poco antes de que su administración lanzara ataques aéreos en Irán, un conflicto que sigue abierto. El mensaje de paz chocó de frente con la realidad geopolítica.
En el consejo, la respuesta fue contundente. Un bloque pidió suprimir el premio sin matices. Otro sector defendió una reconversión total: mantener el nombre y la idea de paz, pero limitarlo estrictamente a figuras del propio ecosistema futbolístico, personas que trabajen por la armonía social y la responsabilidad dentro del deporte. Con una cláusula clara: ningún político podrá ser candidato.
La vía intermedia que gana fuerza pasa por esa reinvención. El premio sobreviviría, pero bajo un nuevo ADN, alineado con el fútbol y alejado de los despachos gubernamentales. Para Infantino, supondría una forma de contener el incendio sin admitir abiertamente que la primera elección fue un error de cálculo.
Tras la reunión, Debbie Hewitt, vicepresidenta de la FIFA y presidenta de la English Football Association, explicó el siguiente paso institucional. No fue un desmentido ni una defensa cerrada del galardón, sino la apertura formal de un examen interno.
“Se ha tomado la decisión de revisar el peace prize y de trasladar ese asunto al comité social”, explicó ante los medios. Y detalló el alcance de la investigación: “Esa fue otra cuestión que se planteó: si debía haber existido, cómo se tomó la decisión de otorgarlo y si debería haber otro. Y esas preguntas serán respondidas a través del comité social”.
Ahora el balón está en ese comité. De su dictamen saldrá el futuro de un premio que nació para celebrar la paz y ha terminado simbolizando, para muchos dentro de la propia FIFA, el tipo de politización que sus normas dicen combatir. La gran incógnita ya no es quién será el próximo ganador, sino si alguien volverá a levantar ese trofeo alguna vez.





