Gaël Monfils asume la capitanía de la Copa Davis de Francia
Gaël Monfils no ha tardado nada en cambiar de piel. Apenas un mes después de poner punto final a su carrera, el parisino ya tiene nuevo rol: será el capitán de la selección francesa de Copa Davis.
El anuncio cierra un giro vertiginoso para uno de los grandes animadores del circuito. El hombre de los saltos imposibles, de los golpes acrobáticos y de las noches encendidas en pista, se había retirado casi en silencio en octubre, apareciendo simplemente en la lista de inactivos de la International Tennis Integrity Agency, sin comunicado, sin gira de despedida, en plena ruptura de su matrimonio con la ucraniana Elina Svitolina.
Despedida en París, nuevo comienzo en azul
Su idea inicial era otra. Monfils quería decir adiós con una última aparición en el Paris Masters, en casa, donde tantas veces levantó al público de la silla. Ese epílogo nunca llegó en la pista, pero sí en forma de homenaje: esta misma semana, en la capital francesa, recibió un emotivo tributo rodeado de nombres que marcaron una era para el tenis galo.
Jo-Wilfried Tsonga, Gilles Simon, Richard Gasquet, Benoit Paire. Viejos cómplices, viejos rivales, ahora compañeros de ceremonia. Un relevo generacional casi simbólico: los protagonistas de una década dorada del tenis francés reunidos para despedir a uno de los más carismáticos… justo antes de verlo asumir el timón del equipo nacional.
La Federación Francesa de Tenis (FFT) confirmó que Monfils sucede a Paul-Henri Mathieu como capitán para la próxima campaña de Copa Davis, con la fase de clasificación fijada para febrero. Del vestuario a la silla, sin transición lenta.
“Es una gran fuente de orgullo convertirme en capitán del equipo de Francia”, declaró Monfils. “Esta camiseta azul representa muchísimo para mí. Quiero construir un verdadero proyecto colectivo y crear la dinámica que nos permita ganar títulos juntos”.
No es un discurso de cortesía. Es una declaración de intenciones.
Un historial que pesa en la Copa Davis
Monfils, de 40 años, conoce la competición como pocos. Disputó ocho ediciones con Francia durante sus 22 años de carrera profesional. Sus números en individuales son contundentes: 12 victorias en 15 partidos.
Su actuación más recordada llegó en 2014, en la final ante Suiza. En un escenario de máxima presión, Monfils firmó uno de los mejores partidos de su vida para derrotar a Roger Federer en tres sets. Una exhibición de potencia, velocidad y determinación. Francia acabaría perdiendo la serie, pero aquella noche dejó una huella indeleble: el showman se convirtió en líder.
Paradójicamente, no formó parte del equipo que conquistó la décima Copa Davis para Francia en 2017. Ahora, el reto es distinto. Ya no se trata de sumar puntos con la raqueta, sino de añadir copas al palmarés desde la silla de capitán, en un rol estrictamente no jugador.
La FFT, que agradeció a Paul-Henri Mathieu sus tres años de compromiso y aquella clasificación a cuartos de final en 2025, apuesta claramente por un cambio de energía. Un giro hacia el carisma, la experiencia en grandes escenarios y una capacidad única para encender a un grupo y a un público.
Un capitán rodeado de su generación
Monfils no estará solo. La federación ya ha adelantado que contará con la ayuda de compatriotas como Gilles Simon y Richard Gasquet. La vieja guardia se reorganiza, pero esta vez al otro lado de la red.
“We are very happy to welcome Gaël as head coach of the French team”, subrayó el presidente de la FFT, Gilles Moretton. “We are convinced that his infectious energy and enthusiasm will be valuable assets in advancing the ambitions of French tennis”.
La frase lo resume: Francia quiere aprovechar esa electricidad que Monfils siempre transmitió en la pista, ahora canalizada hacia un proyecto colectivo.
El contexto invita a la exigencia. El tenis francés lleva años buscando un gran golpe en la Copa Davis que devuelva al país a la primera línea. La materia prima existe, el talento joven también. Lo que faltaba era una figura capaz de unir generaciones, de hablar el lenguaje del vestuario y, al mismo tiempo, sostener el peso del escudo.
Monfils, con su mezcla de experiencia, magnetismo y memoria de grandes batallas, encaja de lleno en ese perfil. Ya no bailará sobre la línea de fondo. Le tocará mover las piezas desde la banda, tomar decisiones incómodas, gestionar egos y presiones.
La pregunta es clara: ¿podrá el eterno showman transformar su energía en títulos desde la silla de capitán? La respuesta empezará a escribirse en febrero, cuando la camiseta azul vuelva a escena y Francia descubra qué versión de Gaël Monfils ha heredado su Copa Davis.





