Guardiola destaca la presión sobre Arsenal: "Depende de ellos"
El marcador dice 3-0, el Etihad se marchó satisfecho y el pulso por la Premier League vuelve a arder. Pero Pep Guardiola no se mueve un milímetro de su discurso: el título sigue en manos de Arsenal.
Manchester City resolvió con autoridad su partido aplazado ante Crystal Palace, un duelo que llegaba envenenado por las rotaciones y el calendario. Seis cambios pensando en la final de la FA Cup contra Chelsea, nombres pesados como Erling Haaland, Jeremy Doku y Rayan Cherki en el banquillo, y una primera media hora espesa, casi de trámite.
Luego, el equipo apretó el acelerador.
Foden en modo líder
Phil Foden llevaba más de dos meses sin ser titular en la Premier. Volvió como si nunca se hubiera ido. Dirigió, se ofreció, aceleró el juego y firmó dos asistencias, una de ellas con un taconazo de fantasía que levantó al estadio. Justo cuando se acerca la convocatoria definitiva de Inglaterra para el Mundial, el centrocampista eligió el mejor escaparate posible para reivindicarse.
Frente a un Crystal Palace agazapado, con bloque bajo y amenazando siempre con sus transiciones y jugadas a balón parado, City necesitaba un futbolista capaz de encontrar grietas donde no las había. Foden lo hizo. Y a partir de ahí, el partido cambió de tono.
Los goles llevaron la firma de Antoine Semenyo, Omar Marmoush y Savinho, pero la batuta fue suya.
Rotaciones valientes, respuesta contundente
Guardiola arriesgó. Modificó medio equipo con la final de la FA Cup en el horizonte y dejó a varios titulares en reposo. La apuesta le salió redonda.
El técnico subrayó después la fiabilidad del grupo, el trabajo de Omar Marmoush —“siempre está ahí, el trabajo, los goles”— y la madurez con la que su equipo supo desarmar a un rival incómodo. Crystal Palace defendió bajo, cerró líneas y esperó su momento. City respondió con paciencia, moviendo el balón, sin precipitarse, hasta que el muro se resquebrajó.
El 3-0 final no solo refuerza el ánimo, también la estadística: los campeones en ejercicio se colocan a dos puntos de Arsenal, con dos jornadas por disputarse y, detalle nada menor, una diferencia de goles ligeramente mejor.
La carrera por el título: Arsenal manda
La victoria tiene una consecuencia directa: Arsenal ya no puede coronarse en casa el próximo lunes ante Burnley, ya descendido. Incluso si el equipo de Mikel Arteta gana en el Emirates, necesitará que City tropiece para no alargar el suspense hasta el último día.
El guion está claro. Si Arsenal vence a Burnley, City estará obligado a ganar a Bournemouth, a domicilio, 24 horas después. Solo así se mantendrá vivo el pulso hasta la jornada final, con Arsenal visitando Selhurst Park para medirse a Crystal Palace y City recibiendo a Aston Villa en el Etihad.
Guardiola lo resumió sin rodeos: “Depende de ellos. Si ganan los dos partidos, no hay nada que hacer, nada de lo que hablar. Nosotros solo podemos estar ahí, por si acaso. Los dos últimos partidos son duros.”
La presión existe, pero el mensaje es nítido: el margen de maniobra está en el norte de Londres.
Foden avisa: “Mantener a Arsenal en tensión”
En el césped, el discurso fue igual de directo. A sus 25 años, con un partido de jugador total y el premio simbólico de mejor del encuentro, Foden dejó claro que el vestuario no piensa aflojar.
“Es un juego de equipo, si quieres ganar títulos y trofeos se trata de una plantilla completa y de que todos aporten”, explicó. El objetivo, según él, es sencillo: seguir empujando, seguir obligando a Arsenal a mirar por el retrovisor. “El objetivo es seguir presionando y mantenerlos en tensión. Hemos visto que pueden pasar muchas cosas en la última jornada. Lo he vivido muchas veces, cuando el partido no va como esperas. Solo tenemos que seguir empujando y hacer nuestra parte.”
Ahí está el matiz clave. City ya ha hecho lo que necesitaba: ganar su partido pendiente, recortar la distancia y mejorar, aunque sea por poco, su diferencia de goles. Ahora, la liga se convierte en una partida de nervios.
Arsenal tiene la ventaja. City, la experiencia de saber que en la Premier, en el último día, nada se da por sentado hasta que cae el último pitido.






