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Incidentes antisemitas en el regreso de Hajduk a Europa

La noche en Split debía ser una fiesta: regreso de Hajduk a Europa tras 16 años, estadio encendido, rival de peso como Ajax. Pero el fútbol quedó sepultado por algo mucho más oscuro.

Antes del duelo de Conference League, un nutrido grupo de hinchas de Hajduk protagonizó cánticos antisemitas en los alrededores del estadio, ahora bajo investigación de la policía croata. Las imágenes, difundidas en redes, muestran a aficionados entonando consignas sobre Auschwitz y apoyando a Adolf Hitler. No eran simples desmanes: eran gritos que remueven las heridas más profundas del continente.

La escena que conducía la marcha hacia el estadio fue casi teatral, pero macabra: un coche amarillo a la cabeza, con un ataúd en el techo marcado con la palabra “Ajax”. No era un detalle inocente. El club de Ámsterdam mantiene un vínculo histórico con la comunidad judía, una identidad que lo ha acompañado durante décadas y que lo convierte, de forma inevitable, en blanco de este tipo de ataques simbólicos.

La reacción institucional en Croacia no tardó. La defensora del pueblo, Tena Šimonović Einwalter, alzó la voz y calificó lo sucedido como una “manifestación de odio e intolerancia”. No fue una declaración protocolaria: fue un aviso de que el problema trasciende el fútbol.

El propio gobierno croata emitió un mensaje tajante en redes sociales: “Condenamos enérgicamente los cánticos inaceptables que glorifican el régimen nazi, registrados entre una parte de los aficionados antes del partido de hoy en Split”. Y añadió que un comportamiento tan vergonzoso “supone una negación del deporte y de los valores democráticos que la Croacia moderna aprecia”.

La policía local confirmó a BBC Sport que ya se han producido detenciones relacionadas con los cánticos y que han identificado a más personas, actualmente bajo seguimiento. No se trata solo de sancionar a unos pocos: las autoridades buscan enviar una señal en un país que ya arrastra antecedentes en materia de discriminación en el fútbol.

En el césped, Hajduk ganó 2-1 a Ajax, pero ni siquiera el resultado escapó al clima enrarecido. El partido se detuvo unos diez minutos por el lanzamiento de fuegos artificiales desde la grada, otro recordatorio de que la noche se desbordaba por los márgenes del juego.

Tras el encuentro, el club croata publicó una disculpa en redes sociales. El comunicado no mencionó de forma explícita los cánticos antisemitas, pero sí asumió la responsabilidad por lo vivido: “Cuando suceden situaciones como la de hoy, estamos obligados a disculparnos ante quienes vinieron al estadio a animar al equipo que regresó a competiciones europeas después de 16 años”. El mensaje se extendió también al organizador del torneo y a la directiva y jugadores de Ajax, “que fueron testigos de escenas por las que no queremos que Europa nos recuerde”.

Hay un matiz clave en este caso. Uefa no tiene jurisdicción sobre incidentes ocurridos fuera del estadio, aunque sí puede actuar si los hechos se producen en las gradas o en el perímetro del recinto. Esa línea administrativa no borra la imagen ni el impacto reputacional, pero condiciona el tipo de castigo deportivo que pueda llegar.

El fútbol croata ya conoce bien el terreno de las sanciones. En 2015, la Federación se vio obligada a disculparse después de que apareciera una esvástica marcada sobre el césped antes del clasificatorio para la Euro 2016 frente a Italia. Más recientemente, un partido de Nations League ante Inglaterra se disputó a puerta cerrada, como consecuencia de comportamientos discriminatorios de aficionados en un duelo anterior contra Francia. Solo se permitió la entrada de niños y adultos acompañantes.

Para Šimonović Einwalter, lo ocurrido en Split no es un episodio aislado, sino un síntoma de una deriva preocupante. “Lamentablemente, en lugar de disminuir y detenerse, tales fenómenos se expanden con mayor libertad e intensifican, lo cual no sorprende después de que comportamientos similares previos se hayan encontrado con una reacción insuficiente por parte de altos cargos y organismos competentes”, advirtió.

La pregunta ya no es solo qué hará Uefa o cuántos aficionados serán sancionados. La cuestión es otra, más incómoda: cuánto tiempo más puede el fútbol croata convivir con estas sombras sin que terminen eclipsando por completo lo que ocurre dentro del campo.