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Malasia cae en el Grupo A de la FIFA ASEAN Cup: un final inesperado

La última jornada del Grupo A de la primera división de la FIFA ASEAN Cup, el 1 de octubre, dejó una de esas noches que persiguen a un vestuario durante años. En Bandung, Malasia goleaba 6-0 a Singapur en el Si Jalak Harupat Stadium y algunos jugadores ya sonreían, convencidos de haber sellado el billete a la final. En Yakarta, sin embargo, el reloj y el marcador escribían otra historia.

Cuando el partido malasio terminó, las cuentas parecían claras: siete puntos, diferencia de goles +9, un cierre perfecto con un 6-0 incontestable. Pero al mismo tiempo, en el otro lado del país, Indonesia seguía atacando a Bangladesh. Y el drama apenas empezaba.

En el sexto y séptimo minuto del tiempo añadido, Indonesia marcó dos goles más para completar un 9-2 insólito. Ese arreón final los dejó empatados con Malasia a siete puntos y con la misma diferencia de goles, +9, pero por delante en la tabla gracias al criterio de tantos a favor: 11 indonesios por 9 malasios. Clasificación arrebatada en el último suspiro.

La noticia cayó como un jarro de agua helada en Bandung. El ambiente festivo se evaporó. Algunos jugadores de Malasia se quedaron inmóviles sobre el césped, incrédulos. Entre ellos, el delantero nacido en Brasil Bergson, autor de cuatro de los nueve goles de su selección en el torneo, incluido el triplete ante Singapur que parecía catapultarlos a la final.

La frustración del atacante estalló en redes sociales. En su cuenta personal de Instagram, Bergson escribió un mensaje cargado de indignación: «Todo es ridículo. Todo ha favorecido a Indonesia durante todo el torneo. Jugaron los tres partidos en Yakarta por la noche, mientras que los equipos visitantes tuvimos que viajar a Bandung y jugar por la tarde».

El delantero apuntó directamente al tiempo añadido del duelo entre Indonesia y Bangladesh: «En la última jornada, inicialmente solo había dos minutos de tiempo añadido, luego de repente se convirtieron en siete. Marcaron dos goles en los dos últimos minutos del descuento. ¿Qué es exactamente lo extraño e ilógico de todo esto?».

El mensaje no duró mucho. Fue eliminado esa misma noche. Con la cabeza algo más fría, Bergson aparcó la rabia y lanzó otro texto, esta vez hacia dentro del vestuario: «Estoy orgulloso de todos».

El tiempo añadido, en el centro de la tormenta

La polémica no quedó solo en un post borrado. La Federación de Fútbol de Malasia envió una carta abierta a la FIFA para pedir explicaciones sobre el cambio en la cantidad de tiempo añadido en el partido de Indonesia.

Desde el banquillo indonesio llegó una versión distinta. El seleccionador John Herdman habló de un error de comunicación entre el árbitro Nasrullo Kabirov y el cuarto oficial Yusuke Ohashi. Según explicó, dos minutos de descuento habrían sido insuficientes por la cantidad de tiempo perdido en la segunda parte: cuatro revisiones de VAR y varias intervenciones del colegiado para frenar conatos de enfrentamiento entre jugadores.

Mientras la discusión sobre el cronómetro se encendía fuera del campo, el técnico de Malasia, Tan Cheng Hoe, eligió no entrar en ese terreno. No mencionó el tiempo añadido ni las decisiones arbitrales. Se limitó a subrayar el golpe deportivo y emocional, y el esfuerzo de sus futbolistas. Para él, el resultado dolía porque el grupo lo había dado todo.

Aturdidos por un 9-2 y obligados a levantarse

En el vestuario malasio, el impacto del 9-2 indonesio fue difícil de digerir. Paulo Josue, también delantero nacionalizado y nacido en Brasil, no escondió su sorpresa ante semejante marcador.

«Es muy difícil de creer. Una selección encajó nueve goles en un torneo como este», admitió el atacante de 37 años. No buscó excusas, pero sí una reacción inmediata: «Tenemos que mantener la cabeza alta, afrontarlo e intentar terminar el torneo lo mejor posible».

Ese es ahora el único camino. Malasia ya no peleará por el título, pero aún tiene en juego el orgullo y el podio. El 5 de octubre disputará el partido por el tercer puesto ante Vietnam, una oportunidad para transformar la frustración en respuesta competitiva.

Los números del grupo explican la amargura. Antes de arrasar 6-0 a Singapur, Malasia había vencido 3-0 a Bangladesh y empatado 0-0 con Indonesia. Siete puntos, ningún gol encajado en los tres partidos. Una fase de grupos sólida, casi impecable… y aun así insuficiente por un criterio de desempate y dos goles encajados a miles de kilómetros de Bandung.

Orgullo herido, pero no roto

En medio de la decepción, la voz de la estrella malasia Arif Aiman apuntó hacia la grada. El mediocampista de 24 años pidió a los aficionados que no cargaran contra los jugadores después de un grupo en el que el equipo mantuvo su portería a cero y dominó a sus rivales.

«Fuimos mejores que los equipos que están aquí, y quizá seamos incluso más fuertes en el futuro», afirmó, dejando claro que el proyecto no termina en esta eliminación cruel.

Malasia se marcha de la fase de grupos sin haber recibido un solo gol… pero también sin la final que creía tener en la mano. Entre la sensación de injusticia y el orgullo por lo mostrado, el equipo encara ahora una pregunta incómoda: ¿cómo transformar esta herida en el punto de partida de algo más grande?