Mastantuono brilla en su debut con la Fiorentina: triplete en la Serie A
Franco Mastantuono necesitó apenas noventa minutos para encender la Serie A. Tres goles en su estreno con la Fiorentina, un 2-4 en Venecia que ya tiene protagonista absoluto y un nombre subrayado en violeta.
El atacante, cedido por el Real Madrid, ya estaba firmando un buen partido cuando, de golpe, rompió el guion. Minuto 29. Minuto 30. En apenas un minuto y 36 segundos convirtió una tarde normal en un debut inolvidable.
La remontada nació en la banda derecha del ataque florentino. En la primera acción, “Mastan” recibió abierto, encaró con decisión y soltó un zurdazo desde fuera del área que sorprendió al guardameta del Venezia. Golazo y empate. El estadio se quedó helado.
Ni tiempo para reaccionar tuvo el equipo local. Fiorentina volvió a cargar por el mismo costado, el balón volvió a encontrar a Mastantuono y el desenlace fue casi un calco: control, espacio justo y otro latigazo de zurda desde la frontal. Mismo ejecutor, misma zona, mismo final. En dos golpes, el joven argentino dio la vuelta al tanto inicial de los locales y cambió por completo el pulso del encuentro.
La confianza ya era total. La Fiorentina mandaba, el Venezia perseguía sombras y Mastantuono jugaba como si llevara años en el equipo. Cada balón que tocaba olía a peligro.
La noche pedía un cierre a la altura y Franco lo entregó en la recta final. Minuto 84, el marcador señalaba 1-3 cuando el delantero volvió a aparecer, esta vez dentro del área pequeña. Se inventó una maniobra individual de puro instinto: controló, encaró al portero, lo superó con frialdad y empujó el 1-4, su tercer gol del partido.
Triplete en su debut, ventaja casi definitiva para la Fiorentina y ovación asegurada. Cuatro minutos después, en el 88, el banquillo decidió proteger a su nuevo tesoro y lo sustituyó. Salió del campo con la serenidad de quien sabe que ha firmado algo grande.
En una sola tarde en Venecia, Mastantuono pasó de promesa en préstamo del Real Madrid a irrupción mayúscula en la Serie A. La pregunta ya no es si tiene talento. La cuestión, a partir de ahora, es cuántas noches como esta le quedan por escribir.






