Logotipo completo Cancha Firme

Montella defiende su continuidad: "No es un fracaso, es una fase de crecimiento"

Vincenzo Montella salió del vestuario con el gesto serio, pero no derrotado. La derrota ajustada ante Italia deja a Turquía a cero puntos tras cuatro jornadas en el Grupo 1 de la Nations League, una losa pesada para cualquier seleccionador. Para el italiano, sin embargo, no es el final de un ciclo, sino un tramo áspero de un camino que insiste en recorrer.

La presión aprieta. Los números son fríos. Cero puntos, dudas crecientes y un debate abierto sobre su continuidad. Montella, lejos de agachar la cabeza, eligió plantar cara.

“¿Frustración? No sé si es la palabra correcta, ciertamente hicimos un buen partido. Jugamos de igual a igual y quizá incluso hicimos un poco más”, defendió ante SportMediaset.

Su lectura es clara: no ve a un equipo superado, sino castigado por detalles. “Encajamos tres goles exclusivamente en episodios, y no es la primera vez. Como entrenador, estoy satisfecho con la actitud y la personalidad de los chicos”.

Derrotas por detalles, no por complejos

El técnico italiano se resiste a interpretar este bache como un fracaso estructural. Prefiere hablar de una fase necesaria, casi obligatoria, para un grupo que intenta acostumbrarse a la élite europea. Turquía compite ante selecciones consolidadas, con plantillas profundas y habituadas a este tipo de escenarios. Ahí, sostiene Montella, se decide todo en centímetros y segundos.

“Puedo criticarles por no tomar la decisión correcta al final, o por no cerrar el área, pero ese es el fútbol a este nivel”, admitió.

Lo que para otros sería un discurso de reproche, él lo convierte en argumento formativo. “Estoy seguro de que los jugadores ganarán una enorme experiencia con este nivel de juego, porque el más mínimo incidente puede acabar en gol, y eso determina el resultado, como a menudo determina también el juicio”.

Turquía ha pagado caro esas desatenciones finales, esos espacios mal cerrados en el área, esas decisiones equivocadas en los últimos metros. Montella no las oculta, pero las encuadra dentro de un aprendizaje que, a su juicio, solo puede producirse midiéndose a los mejores.

La brecha de los millones

El seleccionador no se quedó solo en el análisis táctico. Quiso subrayar otro factor que, según él, pesa tanto como un error de marcaje: la diferencia de recursos. No habló de excusas, pero sí de contexto.

Si se mira al banquillo de Italia, la foto cambia. “Si miro los cambios de Italia, con Calafiori, Esposito y Tonali, probablemente entró al campo un valor total de 350 millones”, apuntó Montella. Ese dato, más allá de la cifra exacta, dibuja el abismo económico y de experiencia entre una selección en construcción y una potencia europea consolidada.

Desde esa perspectiva, el técnico rechaza que el foco se dirija exclusivamente hacia sus jugadores. “En este sentido no creo que sea culpa de nadie, y menos de mis jugadores, que estuvieron a la altura, tanto táctica como técnicamente, ante un equipo de este nivel”, reivindicó. Para él, la crítica que ignora esa diferencia de músculo financiero y profundidad de plantilla está incompleta.

Futuro en el aire, mensaje firme

Con la clasificación en rojo y el ruido creciendo alrededor del banquillo, la pregunta era inevitable: ¿hasta cuándo Montella? El entrenador no se escondió. No dejó caer frases ambiguas ni abrió la puerta a una salida discreta. Al contrario, reafirmó su voluntad de seguir.

“No es que no estén trabajando, simplemente estamos en un nivel nuevo para nosotros”, explicó, insistiendo en la idea de que Turquía se está midiendo en un escalón superior al habitual.

Para él, la ausencia de ciertas piezas clave también marca la diferencia. “A veces el fútbol es muy simple: te faltan jugadores importantes que cambian el nivel del equipo”.

Montella se agarra a un concepto: continuidad. Cree que solo con estabilidad se puede recortar la distancia con las grandes potencias del continente y convertir a Turquía en una presencia habitual en las grandes citas. “Hemos decidido continuar en un camino, y clasificarnos para la próxima Eurocopa también es importante para nosotros”, remató.

No hubo promesas grandilocuentes ni golpes de efecto. Sí una convicción: este proyecto, pese a los golpes de la Nations League, aún no ha dicho su última palabra. La cuestión es si el tiempo y la paciencia del entorno durarán tanto como la fe de Montella en su propio plan.