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Mourinho regresa al Madrid con victoria agónica de Espí

Trece años después de su última vez en el banquillo del Real Madrid, José Mourinho regresó a LaLiga con un guion que le resulta muy familiar: sufrimiento, polémica en cada balón dividido y un desenlace dramático. Esta vez, el héroe tuvo nombre nuevo. Carlos Espí apareció en el minuto 90 para firmar el 2-1 en el campo del Espanyol y darle al técnico portugués un estreno triunfal en su segunda etapa.

Durante muchos minutos, el partido apuntó a un estreno áspero, de esos que dejan más interrogantes que respuestas. El Madrid golpeó pronto, pero se fue diluyendo, y Espanyol encontró la manera de discutirle el dominio. El reloj avanzaba, el empate resistía y la frustración empezaba a asomar en el rostro de Mourinho. Hasta que irrumpió Espí.

Bellingham marca el camino, Espanyol responde

El Madrid arrancó mandón en Barcelona. Con apenas nueve minutos jugados, Jude Bellingham ya había dejado su sello. En su primera titularidad de la temporada, y solo su segundo partido tras ayudar a Inglaterra a terminar tercera en el Mundial hace cinco semanas, el centrocampista inglés se elevó en el área para cabecear a la red una falta botada por Arda Güler. Un remate limpio, potente, que dio al equipo blanco una ventaja temprana y al técnico la sensación de haber acertado con su apuesta.

Mourinho lo reconoció después. Dudó si darle la titularidad o reservarlo para la segunda parte. Optó por el riesgo: “No sé si hice bien empezando con él, pero física y mentalmente es muy fuerte”, explicó. Y dejó clara su hoja de ruta con el inglés: lo quiere cerca del área, no enterrado en la base del juego. “En el 6 o en el 8 perdemos su cercanía al gol. Me gusta este Jude, en condición física top, trabaja 90 minutos de calidad”.

Con el 0-1, el Madrid parecía tener el encuentro donde quería. Sin embargo, Espanyol no se resignó al papel de invitado. Poco a poco fue ganando metros, obligando a los de Mourinho a defender más atrás de lo previsto. La recompensa local llegó alrededor de la media hora, cuando Álex Calatrava aprovechó su oportunidad para firmar el 1-1 y encender el estadio. El gol cambió el clima. El partido dejó de ser un estreno cómodo para convertirse en una batalla abierta.

Tres debutantes de inicio y una estrella millonaria desde el banquillo

El regreso de Mourinho vino acompañado de una revolución controlada en el once. Marc Cucurella, Denzel Dumfries y Bernardo Silva fueron titulares en su primer partido oficial con el Real Madrid. No es un detalle menor: el club blanco no alineaba tres debutantes en una jornada inaugural de LaLiga desde 2009, cuando Cristiano Ronaldo, Kaká y Karim Benzema se estrenaron al mismo tiempo.

La apuesta reflejó un mensaje claro: el portugués no ha vuelto para gestionar inercias, sino para moldear un equipo a su imagen desde el primer día. Bernardo buscó líneas de pase entre líneas, Cucurella ofreció profundidad y Dumfries dio amplitud y agresividad por banda. A ratos se notó que el engranaje aún está en construcción, pero el plan ofensivo fue ganando peso tras el descanso.

El otro gran nombre del verano, Yan Diomande, tuvo que esperar su momento. El extremo marfileño, fichado desde RB Leipzig por 125 millones de euros, entró en el minuto 64 en lugar de Güler. Una entrada medida: piernas frescas, desborde y amenaza al espacio para encerrar a Espanyol en su campo en el tramo final.

Control, riesgo y un desenlace de Mourinho

Tras el descanso, el guion se inclinó de forma clara. El Madrid apretó arriba, ajustó líneas y empezó a jugar cada posesión como si fuese la última. Mourinho lo describió sin rodeos: “En la segunda parte tuvimos buen control, presión, arriesgamos mucho, merecimos ganar”. El equipo vivió en campo rival, pero el marcador seguía clavado en el 1-1.

Espanyol, por su parte, se sostuvo con disciplina y un gran trabajo defensivo. De ahí la frase del técnico blanco que retrata bien la noche: “Creo que merecimos ganar. Pero Espanyol no mereció perder”. Dos ideas que pueden parecer contradictorias, pero que resumen la sensación de un duelo en el que el Madrid fue más insistente, y el conjunto catalán, demasiado competitivo como para salir sin nada… hasta el último suspiro.

El partido entró en los minutos finales con el Madrid volcado. Entonces, Mourinho miró al banquillo y soltó su última bala: Carlos Espí. El delantero de 21 años, fichado este verano desde Levante por 25 millones de euros tras una temporada explosiva en LaLiga, saltó al césped decidido a dejar huella. Solo necesitó diez minutos.

Espí, el fichaje que decide “todo”

Con el reloj acercándose al 90, la jugada que cambió la noche nació de un duelo físico en la frontal. Kylian Mbappé fue derribado tras una acción dividida, el balón quedó suelto y Espí olió la oportunidad antes que nadie. Control, disparo seco y gol, superando a Marko Dmitrovic para firmar el 1-2. Gol de nueve puro, de instinto, de esos que justifican fichajes.

Para Espí, fue su primer tanto con la camiseta del Real Madrid y el número 11 en LaLiga desde el 27 de febrero, más que cualquier otro jugador en ese tramo de competición. Un dato que explica por qué el club blanco apostó fuerte por él y por qué Mourinho habló de él con un brillo especial en los ojos: “Está viviendo un sueño, pero no trabaja como alguien en la luna, trabaja mucho para el equipo. El gol lo decide todo”.

El tanto desató la celebración en el banquillo y silenció al estadio. Espanyol ya no tuvo margen de reacción. El Madrid, que había coqueteado con un tropiezo en su estreno, se marchó con una victoria que vale algo más que tres puntos: refuerza el discurso del técnico, da confianza a los nuevos y envía un mensaje temprano al resto de la liga.

El próximo capítulo llega pronto. El miércoles, el Bernabéu abrirá sus puertas por primera vez esta temporada para recibir a la Real Sociedad. Con Mourinho de vuelta, Bellingham cerca del área y Espí llamando con fuerza a la puerta del protagonismo, la pregunta ya no es cómo empieza el Madrid, sino hasta dónde puede llegar este proyecto en su segundo acto con el portugués al mando.