Pochettino defiende a Estados Unidos tras derrota ante Turkiye
Mauricio Pochettino salió del vestuario con la mirada encendida. Su Estados Unidos acababa de perder 3-2 ante Turkiye, pero lo que realmente le irritó no fue el marcador, sino el tono de la sala de prensa.
Preguntas sobre la pérdida de impulso. Sobre dudas de cara a los cruces. Sobre si el tropiezo podía dejar cicatrices antes de los octavos del Mundial 2026.
Nadie le había felicitado por ganar el grupo.
“El ambiente es como si nosotros nos fuéramos a casa esta noche y Turkey se quedara”, lanzó el técnico argentino. “Necesito recordarles a ustedes y a todos que ganamos el grupo. Perdón chicos, ganamos”.
No sonó a chiste. Sonó a reproche.
Pochettino, con pasado en Chelsea y Tottenham, defendió con uñas y dientes el contexto: Estados Unidos ya tenía asegurado el primer puesto y él había rotado de forma masiva. Nueve cambios respecto al once que había derrotado a Australia. Un equipo casi de reservas para cerrar la fase de grupos.
Antes del partido, había hablado de ir a por otra victoria. Sobre el césped, su alineación contó otra historia: prioridad absoluta al fondo de armario y a la gestión física. El resultado, un 3-2 en contra, alimentó la narrativa de la “pérdida de inercia” justo antes de las eliminatorias. Y ahí el técnico explotó.
“Hacer historia no es ganar tres partidos”
Había un dato sobre la mesa: de haber ganado, el USMNT habría firmado algo inédito, tres victorias en tres partidos de fase de grupos en un Mundial. Un hito estadístico para el programa. Pochettino lo desmontó de un plumazo.
“Hacer historia es ganar el World Cup”, sentenció. “No es ganar solo tres partidos dentro del World Cup. No lo entiendo mucho. Es un poco pequeño, si quieren —están pensando demasiado en corto. Me dicen que se puede hacer historia… ¿qué significa ganar tres partidos si pierdes el siguiente?”.
El mensaje fue directo al corazón del debate: para el argentino, la vara de medir ya no puede ser el simple “buen papel”. Exige ambición de campeón. Todo lo que no huela a pelear por el título le parece conformismo.
Mientras se discutía si el equipo llegaba tocado anímicamente, Pochettino recordó que incluso las grandes potencias sufren cuando levantan el pie. Puso un ejemplo inmediato: Alemania.
La selección alemana, que había jugado unas horas antes, alineó a muchos titulares… y cayó ante una Ecuador desesperada. Rotar, arriesgar, gestionar. Nadie tiene la fórmula perfecta.
Pulisic vuelve, pese a la derrota
Entre los apuntes positivos que rescató el técnico, uno sobresale: la vuelta de Christian Pulisic. La estrella del USMNT, delantero del AC Milan, había quedado fuera ante Australia por una lesión en la pantorrilla que ya le había obligado a retirarse al descanso en la victoria ante Paraguay.
Esta vez volvió a tener minutos, una señal de que el plan médico y deportivo se mantiene dentro de lo previsto. Para Pochettino, el equipo “manejó bien la situación” pese al 3-2 en contra. El objetivo de fondo —llegar a los cruces con la plantilla lo más entera posible— pesó más que el récord de victorias.
La derrota, eso sí, abre la puerta a un examen inevitable: ¿podrá Estados Unidos cambiar el chip y recuperar la agresividad de los primeros dos partidos cuando ya no haya red de seguridad?
Arnold, goleado y en el aire tras el 5-0
En otro rincón del Mundial, Graham Arnold vivió una noche durísima. Su Iraq se despidió del torneo con un 5-0 encajado ante Senegal, un resultado que dejó al técnico australiano con más preguntas que respuestas sobre su futuro.
El partido se torció muy pronto. En el minuto 13, Rebin Sulaka vio la roja en una acción que Arnold definió sin rodeos: “una tarjeta roja estúpida”. Para entonces, Senegal ya mandaba 1-0. Con un hombre menos y ante un rival de ese nivel, el castigo se volvió inevitable.
“El temprano red card fue mentalmente muy duro para los jugadores. Contra un equipo como Senegal, los errores siempre se castigan”, explicó.
El propio Arnold puso el foco en un dato demoledor: de los 11 goles encajados en el torneo, nueve llegaron por errores individuales de su equipo. Demasiado lastre para sobrevivir en un grupo que también incluía a France y Norway.
“Les dije a los jugadores después del partido que concedimos 11 goles en este World Cup, y nueve vinieron de nuestros propios errores individuales. Tenemos que aprender de eso”, subrayó.
En la segunda parte, Iraq se quedó sin energía. Arnold movió el banquillo, dio minutos a más futbolistas para que sintieran lo que significa representar al país en un Mundial… y asumió la responsabilidad: “Tomo plena responsabilidad por eso”.
No era un grupo amable. Iraq había sido el último equipo en conseguir el billete para el torneo, tras un playoff intercontinental que devolvió al país al gran escaparate 40 años después. El técnico quiso aferrarse a esa parte del relato.
“Todo el mundo en Iraq debería estar orgulloso de que llegamos aquí y rendimos muy bien en dos de los tres partidos”, dijo desde Toronto.
Su contrato termina con el Mundial. Sobre la mesa, una incógnita: si seguirá para afrontar una posible reunión con los Socceroos en la fase de grupos de la próxima Asian Cup en Arabia Saudita.
“He pedido que lo dejemos hasta después del World Cup, entonces podremos hablar”, zanjó. La goleada ante Senegal no solo cerró un torneo; abrió un debate nacional.
Panamá, tensión en el entrenamiento como síntoma de vida
En el campamento de Panama, la noticia no fue un resultado, sino un choque en el entrenamiento. Cecilio Waterman y Jose Luis Rodriguez se enzarzaron en una confrontación en la previa del duelo ante England en New Jersey.
El equipo ya está eliminado tras dos derrotas por 1-0 frente a Ghana y Croatia en el Grupo L. Pese a ello, el seleccionador Thomas Christiansen no vio el incidente como un problema. Al contrario.
“Lo que pasó hoy en el entrenamiento es una situación normal”, afirmó el técnico, exinternacional español nacido en Dinamarca. “Me habría gustado ver estas situaciones más a menudo, eso significa que el equipo está vivo. Que quieren hacer un gran esfuerzo… estar en el primer XI para el partido”.
Para Christiansen, la chispa entre compañeros es la prueba de que nadie se resigna a irse del Mundial de puntillas. “Si esto pasa otra vez, es una buena señal de que están vivos”, insistió.
Panama persigue todavía su primer punto en una Copa del Mundo. Ha perdido sus cinco partidos en el torneo, incluida la recordada goleada 6-1 ante England en 2018. El duelo de este sábado ofrece una especie de revancha emocional.
“Ahora tenemos el último partido contra England, una buena forma de terminar un World Cup si las cosas salen como queremos”, apuntó Christiansen, seleccionador desde 2020 y también sin contrato más allá del torneo.
“Creo que hemos cambiado cosas respecto a la última vez que se enfrentaron a Panama hace ocho años, pero tenemos que demostrarlo mañana. Será muy duro, pero pienso que el equipo podrá competir y hacer un buen partido”.
La pregunta es simple: ¿bastará con el orgullo para romper una racha mundialista que ya pesa demasiado?
Francia golea sin Deschamps… y sin brazaletes negros
France firmó un contundente 4-1 ante Norway, pero el resultado quedó en segundo plano por una ausencia en el banquillo. Didier Deschamps no estuvo con su equipo. El seleccionador viajó a casa para asistir al funeral de su madre.
Los jugadores franceses quisieron rendirle un pequeño homenaje en el campo: solicitaron usar brazaletes negros. La respuesta de FIFA, según confirmó la Federación Francesa de Fútbol (FFF) a The Athletic, fue negativa.
El gesto se quedó en intención.
El episodio se enredó aún más por la confusión en torno al minuto de silencio previo al partido. En un primer momento se informó de que sería en memoria de la madre de Deschamps. Después, la FFF aclaró que el homenaje estaba dedicado a las víctimas del terremoto en Venezuela.
FIFA ha sido contactada por los medios, pero todavía no ha ofrecido una explicación pública. Mientras tanto, France sigue adelante en el torneo con una goleada y una ausencia pesada en la banda.
En un Mundial lleno de detalles simbólicos, la imagen de una selección celebrando cuatro goles sin su seleccionador, y sin el brazalete que pedía, deja una pregunta flotando en el aire: ¿hasta dónde llega realmente el margen de humanidad en el reglamento del fútbol global?





