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Virgil van Dijk alcanza el centenario con la Oranje

Virgil van Dijk, centenario con la Oranje: emoción, cicatrices y una promesa hasta 2028

En una noche cargada de simbolismo, Virgil van Dijk cruzó una frontera reservada a muy pocos en la historia del fútbol neerlandés. El capitán de la selección alcanzó los 100 partidos internacionales, se convirtió en apenas el undécimo jugador en lograrlo y lo hizo como suelen hacerlo los grandes defensas: sin estridencias, pero con un peso enorme en cada paso.

Saltó al césped acompañado por su hijo Mase. En la grada, sus padres y el resto de la familia. Abajo, el brazalete en el brazo, la camiseta de la Oranje sobre los 35 años y una carrera que ya se escribe en mayúsculas en los libros del fútbol de Países Bajos. Arriba, miradas húmedas. Abajo, un central que suele parecer de piedra… y que esta vez se quebró.

“Una noche muy especial y un hermoso hito, del que estoy orgulloso”, confesó a NOS. “Lo pasé mal hace un momento en el vestuario, estoy bastante emocionado. Es algo con lo que nunca me atreví a soñar; me parecía demasiado lejano cuando era joven. Eso lo hace aún más bonito”. No era una frase hecha: Van Dijk habló de dar las gracias al cuerpo técnico actual y a los que le acompañaron antes, pero sobre todo a los suyos. “Al final, estoy más agradecido a mi familia, que también estuvo aquí esta noche”.

Un centenario lleno de cicatrices

Llegar a 100 partidos con la selección no es solo una cuestión de talento. Es resistencia. Y en el caso de Van Dijk, es también una historia de regreso desde el abismo. El central de Liverpool vio frenado su camino por una gravísima lesión de ligamento cruzado que lo dejó un año fuera de los terrenos de juego. Un parón que cortó de golpe su progresión con la Oranje y que, en cualquier otro jugador, habría podido reescribir el final de la historia.

Él mismo lo admite sin rodeos. Podría haber llegado más lejos todavía. “He sacado el máximo hasta ahora. Lamentablemente estuve un año fuera por una lesión de ligamento cruzado; de lo contrario podría haberme acercado a Wesley Sneijder”, reconoció. El récord absoluto de Países Bajos, esos 134 partidos de Sneijder, sigue lejos. Pero no sonaba a lamento, sino a aceptación. “Estoy orgulloso y feliz, dejémoslo ahí”, remató.

Cada uno de esos 100 partidos lleva dentro algo de esa rehabilitación interminable, de los días de gimnasio, de las dudas sobre el regreso al máximo nivel. Que hoy siga mandando en la zaga de la selección, después de todo eso, da otra dimensión al número.

No se baja del tren: compromiso hasta la Eurocopa 2028

Quien esperara un discurso de despedida, se equivocó de noche. Van Dijk no ha venido a cerrar un capítulo, sino a prolongarlo. El capitán ha decidido comprometerse con la selección hasta la Eurocopa de 2028. No habla como un futbolista que se mira de reojo el calendario, sino como alguien que todavía se siente imprescindible.

“Para mí no se va a quedar en 100”, advirtió. No vive obsesionado con lo que vendrá, pero sí con lo que puede controlar: su cuerpo y su rendimiento. “No soy alguien que mire demasiado hacia adelante. Hay que cuidarse muy bien y hacer todo para estar ahí cada vez. Me siento bien ahora mismo, así que solo tengo que seguir”.

La frase que mejor lo define, quizá, fue otra: “El fútbol es lo mejor que hay”. Lo dice alguien que ya ha escuchado todas las etiquetas posibles sobre la edad. “Entiendo muy bien que en nuestro deporte se mire la edad. Cuando las cosas van bien, dicen: ‘Qué bien para tu edad’. Y si no, eres un viejo. Solo tengo que asegurarme de rendir lo mejor posible para el equipo, dentro y fuera del campo”.

No suena a tópico. Suena a declaración de principios.

El peso del capitán en el vestuario

La continuidad de Van Dijk con la Oranje no nace solo de su deseo. Detrás hay conversaciones con el seleccionador Xavi Hernandez, que ha encontrado en el central a su extensión natural sobre el césped. El técnico no ha ocultado nunca la influencia del capitán en el grupo, ni su manera de marcar el estándar profesional en cada concentración.

“Ya lo dije en el vestuario: Virgil es un ejemplo”, subrayó el entrenador. “Desde que le conocí, lo ha hecho muy bien. No solo a nivel individual, también en el contexto del equipo. Virgil es un verdadero líder. Estoy muy orgulloso de ser su entrenador”. Pocas palabras, pero muy claras: el eje de la selección sigue pasando por el ‘4’.

Van Dijk no es el futbolista más ruidoso del mundo, pero su presencia ordena. En el campo, en la salida de balón, en las correcciones. Fuera, en la forma de entrenar, de competir, de asumir la presión. Ese es el valor que Xavi quiere preservar mientras el calendario aprieta y las generaciones se mezclan.

Un legado que aún se está escribiendo

El récord de Sneijder sigue lejos. El tiempo, implacable. La competencia, feroz. Pero Van Dijk ha decidido pelear cada concentración, cada ventana internacional, como si fuera la primera. El centenar de partidos no suena a cierre de ciclo, sino a punto y seguido.

Su hijo, que le tomó de la mano camino del césped, ha visto a su padre entrar en el club de los 100 con la Oranje. La pregunta ahora no es qué ha sido Virgil van Dijk para Países Bajos. La verdadera cuestión es cuántas páginas más añadirá a una historia que, a los 35 años, se niega a bajar el telón.