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Análisis del mercado de fichajes en la Premier League

Han pasado dos días desde que se cerró el que quizá haya sido el mercado de fichajes más absurdo que ha visto la Premier League, y el ruido aún no se ha apagado. Es difícil incluso decidir por dónde empezar a procesar semejante montaña de disparates.

¿Quién ganó? ¿Quién perdió? ¿Qué significa siquiera “ganar” un mercado así? Este fue el verano en el que la “chelseaficación” del mercado quedó consumada. Meses de cifras desorbitadas, de operaciones que parecían no tener relación alguna con la lógica deportiva… ni con la económica. Como una burbuja inmobiliaria: hagas lo que hagas, el valor parece seguir subiendo igual.

Se ha instalado la sensación de que el despilfarro se justifica a sí mismo. Tiras 100 millones a la basura por un fichaje fallido y da igual: siempre aparecerá alguien dispuesto a pagarte 80 millones por el mismo jugador un año después. Un sistema que se retroalimenta. Un delirio sostenido a base de más delirio.

¿Cómo aplicar la razón en un mundo en el que Chelsea paga 60 millones por Mykhailo Mudryk, lo ve rendir muy por debajo de lo esperado, lo ve sancionado, y aun así cierra un acuerdo que podría dejarle beneficios dentro de un año? No se puede. Pero hay que intentarlo.

Así que toca volver tres semanas atrás, antes de que la pelota nos distrajera, cuando se señalaron los 10 mayores agujeros o problemas de la Premier a medida que se agotaba el reloj del mercado. La pregunta ahora es sencilla: ¿se han solucionado? ¿O, peor aún, daba igual?

El ‘9’ del Tottenham

El lugar perfecto para empezar. Porque la respuesta es… “más o menos”. O quizá “todavía no lo sabemos”.

Tottenham ha incorporado a Savio, Omar Marmoush y el propio Mudryk. Ninguno es un delantero centro clásico. Y, de momento, tampoco han salido Dominic Solanke ni Richarlison, los dos futbolistas que mantienen la relación más tensa con el igualmente volcánico Roberto De Zerbi.

El técnico ya ha hablado de una meta de goles de dos dígitos para Savio esta temporada. Todo apunta a un ataque coral, sin un ‘9’ dominante, con la producción repartida. Marmoush parece un fichaje inteligente; el último delantero que decidió que competir con Erling Haaland en el Manchester City era un suicidio deportivo tampoco salió mal parado. Pero tampoco él es un nueve puro.

Las pistas son claras: los otros objetivos ofensivos que se cayeron, Cody Gakpo e Iliman Ndiaye, tampoco responden al molde del ‘9’ de área. Da la impresión de que De Zerbi no quiere uno. Y esta vez sí le han dado prácticamente todo lo que pedía.

El problema es el marcador: dos partidos de Premier, cero goles. Y, lo que es peor, sin demasiada sensación de peligro. Sea lo que sea este nuevo ataque del Tottenham, tiene que empezar a serlo ya. O ese arranque titubeante, tan comprensible como sarcástico para un club que por fin ha decidido gastar a lo grande, puede convertirse en otra temporada entera de frustración.

El centro del campo del Manchester City

La alarma saltó tras la Community Shield. Y las conclusiones sacadas de un partido así suelen ser peligrosas… pero lo que se vio en Cardiff dejó dudas razonables. Un centro del campo con Elliott Anderson y Mateo Kovacic no parecía suficiente para sostener al campeón.

La respuesta del City fue la de siempre: otro fichaje de nueve cifras. Enzo Fernandez llegó desde Chelsea para taponar el hueco a golpe de talonario.

Fernandez ya venía marcado por su papel con Argentina en el Mundial. Este verano se ha convertido, además, en el rostro de una Premier desatada, pasando de uno de los dos grandes derrochadores al otro. Un salto que lo coloca como villano perfecto para las hinchadas rivales. Habrá muchos deseando que él y el City fracasen, aunque eso suponga convertir a un hasta ahora apreciado Anderson en daño colateral.

La defensa del Manchester United

En el centro del campo se hizo la cirugía necesaria. Atrás, en cambio, United ha decidido confiar en una defensa envejecida y castigada. Y las consecuencias ya se han visto.

En los dos primeros partidos, dos equipos recién ascendidos han marcado cuatro goles a una zaga que, hace cuatro años, ya encajaba cuatro tantos en Brentford. La película se repite.

El calendario no va a perdonar. Cuando lleguen las semanas de dos partidos, la exigencia física y mental sobre esa línea defensiva será brutal. Y una buena parte del plan se sostiene sobre una apuesta arriesgada: que Luke Shaw aguante sano y fiable casi sin respiro durante los próximos cuatro meses.

La incógnita física del Liverpool

Mientras los focos se iban a City, Chelsea y Spurs, Liverpool terminaba el mercado con el mayor gasto neto de todos. Y, pese a ello, con una plantilla que no da la sensación de ser claramente mejor que la del curso pasado.

Bradley Barcola es un fichaje fascinante, talentoso y carísimo para el ataque. Pero para que su llegada tenga verdadero impacto, el club necesita que al menos un par de las inversiones ofensivas del verano anterior —igual de ilusionantes y costosas— despeguen de una vez.

En lo físico, las señales son ambiguas. Dos partidos, dos empates 2-2, dos goles salvadores en el tramo final. ¿Buena señal? Quizá. O quizá un eco del curso pasado, cuando los goles agónicos maquillaban problemas profundos. Puede ser casualidad. Puede ser una simple sucesión de hechos sin lectura mayor. O puede ser la primera pista de que algo no termina de encajar.

El portero del Chelsea

Aquí sí hay un caso claro. Problema evidente, solución evidente.

La portería era un agujero antes de que rodara el balón. Lo fue todavía más tras el primer partido de la temporada. Y entonces llegó la decisión lógica: Emi Martinez por Robert Sanchez.

En un verano en el que nadie se pone de acuerdo en nada, al menos hay un punto de consenso: Martinez es mejor portero que Sanchez. Chelsea, por una vez, ha regalado un momento de unidad al resto.

Pero esto es el verano de 2026, así que el foco se ha desplazado de inmediato al centro del campo. La salida de Fernandez sin sustituto directo abre otra grieta. La ausencia de competiciones europeas concede cierto margen: con Moises Caicedo sano, una rotación que incluya a Romeo Lavia, Valentin Barco y Reece James puede servir para ir tirando hasta enero.

Si no, siempre queda el recurso desesperado —y siempre entretenido— de la “tómbola” de agentes libres. Con la histórica querencia del Tottenham por los descartes del Chelsea, no sería descabellado ver a los ‘Blues’ tirando de nombres como Yves Bissouma o, si se busca la opción más “bromista” posible, Tanguy Ndombele para rellenar un hueco hasta el mercado invernal.

El centro del campo del Aston Villa

Otro caso en el que, al menos, se puede señalar una acción concreta. La llegada de Leon Goretzka como agente libre tras su salida del Bayern Munich es una operación discreta en agosto que puede acabar pareciendo un golpe maestro cuando el resto caiga en la cuenta de que ocurrió.

Villa ha vivido otro verano de sacudidas, obligado a reconstruir mientras mantiene intacto su doble chip de equipo permanentemente agraviado. Ha habido muchos más cambios de los deseables, pero el balance final no es malo. Al contrario: hay decisiones muy inteligentes repartidas por todo el campo, pese a la inquietud que genera ver cómo se desmantela buena parte de la columna vertebral que sostenía el éxito reciente: Martinez, Konsa, Tielemans, Rogers, Watkins.

Su arranque, sin puntos ni goles, inquieta. Pero, a día de hoy, inspira más confianza que otros comienzos igual de estériles.

El propio Newcastle

Ese supuesto “problema Newcastle” se puede archivar de momento. Matthias Jaissle ha aterrizado y, por ahora, todo parece en orden.

El único matiz incómodo es otro: la duda de si los cuatro puntos sumados ante Liverpool y Tottenham dicen más de la fragilidad de esos dos gigantes que de la solidez del propio Newcastle. El calendario ayudará a aclararlo.

El siguiente examen llega ante un rival menos caótico. Bournemouth asoma como prueba ideal para medir cuánto hay de verdad y cuánto de espejismo en este arranque.

El banquillo del Fulham

Alvaro Arbeloa, apodado con cierta crueldad el “Temu Xabi Alonso”, ya encabeza las quinielas para el primer despido del curso, pese a los tropiezos del Tottenham y a que el señor Marinakis lleva semanas sin echar a nadie y debe de estar inquieto.

Se entiende que ambas partes pensaran que era momento de separar caminos. Pero la unión Fulham–Marco Silva tenía algo de alineación perfecta: el entrenador adecuado, en el lugar adecuado, en el momento adecuado.

Esa ruptura explica por qué Arbeloa siempre ha parecido el más frágil entre los nuevos técnicos que han aterrizado esta temporada en la Premier. El traje le queda por probar.

El aroma Sky Bet del Coventry

Coventry sigue oliendo, y mucho, a Sky Bet. La derrota ante Hull ha encendido aún más las alarmas, sobre todo por lo que viene: Manchester City, Brighton, Forest y Newcastle en el próximo mes. Un tramo que puede dejarlos descolgados antes de encontrar algo de alivio con una visita al ya clásico “Dr Tottenham” a finales de octubre.

Mientras la atención se va a las fortunas derrochadas por los grandes, quizá el síntoma más claro de hasta qué punto se ha vuelto loco el mercado está en la otra punta de la tabla: lo carísimo y complicado que resulta “des-Championshipizar” a un recién ascendido.

Coventry ha invertido 150 millones para acabar con una plantilla que, siendo generosos, parece una versión “Deluxe” de un equipo de Championship. Un esfuerzo gigantesco para seguir sintiéndose pequeño.

La defensa del Crystal Palace

Aquí la sensación sigue siendo de peligro real. Dos derrotas, una de ellas con un Manchester City todavía en obras pasando por encima de Palace el pasado viernes, no invitan al optimismo.

La respuesta ha sido un viejo clásico del mercado moderno: Axel Disasi cedido por Chelsea. Parece casi obligatorio que todo club de la Premier tenga su turno con Disasi. Como si existiera una lista de espera.

El toque final lo pone Honest Ahanor, también cedido “desde Chelsea”, pero no exactamente. Oficialmente llega desde Atalanta, aunque ya está comprometido con los ‘Blues’ para el próximo verano. Un movimiento que provoca cierto malestar: un jugador llamado literalmente “Honest” en una operación que parece diseñada para reírse abiertamente del espíritu de las normas mientras se cuela por un resquicio legal.

El aroma Chelsea se completa con el regreso de Ben Chilwell, que ya estuvo cedido en Palace hace un par de temporadas y ahora aterriza desde Strasbourg. Y aquí la experiencia pesa: los clubes solo fichan a un Ben Chilwell lesionado en el último día de mercado cuando están, sencillamente, desesperados.

La ventana ya está cerrada. Los problemas, no. Y la temporada apenas ha empezado a hacer preguntas incómodas.