Arteta y el dilema de los despidos en el Arsenal
Mikel Arteta vive uno de los momentos más paradójicos de su etapa en el Arsenal. Hace apenas una semana firmó un nuevo contrato de cuatro años, con una notable mejora salarial, tras devolver al club a la cima de la Premier League por primera vez desde 2004. Y, casi en paralelo, el propio entrenador ha tenido que dar la cara ante una decisión mucho más amarga: el recorte de 60 puestos de trabajo en la estructura del club.
Un recorte que no toca al vestuario, pero sí al club
El director ejecutivo, Richard Garlick, comunicó esta semana al personal que el Arsenal reducirá su plantilla en varios departamentos. El ajuste afectará hasta a un 7% de los 871 empleados fijos del club. No tocará a los cuerpos técnicos ni al personal de rendimiento, ni del equipo masculino ni del femenino. El golpe llega lejos del césped: son roles de oficina, áreas administrativas y funciones de apoyo.
Tampoco se verán afectados los puestos en la Arsenal Foundation, el programa Arsenal in the Community ni el personal de seguridad. El mensaje es claro: la poda se hace en el corazón corporativo, no en la estructura competitiva ni en los proyectos sociales que sostienen la imagen del club.
La revisión del personal, encargada a una consultora externa, ya estaba en marcha antes de que el Arsenal levantara el título de la Premier League. No es, por tanto, una reacción al éxito deportivo, sino una operación de fondo que el club ha decidido ejecutar ahora, con el equipo en la cresta de la ola.
Arteta se aparta del foco, pero respalda la lógica interna
En la rueda de prensa previa al duelo del domingo ante Nottingham Forest, Arteta fue preguntado directamente por los despidos. Su primera reacción fue cortar en seco: “Esta pregunta no es para mí”. Después, matizó y abrió una pequeña ventana a lo que se le ha explicado desde la cúpula.
“Se me explicó el ejercicio y el análisis que se ha hecho en todo el club, siempre con la intención de evolucionar, de mejorar”, señaló el técnico español. “Hay decisiones que se tienen que tomar para poner a la gente en los roles adecuados y seguir invirtiendo, para conseguir lo que queremos conseguir, el éxito que queremos crear. Eso es lo que se me ha explicado”.
Acto seguido, volvió a marcar distancias: “Obviamente, no soy la persona adecuada para responder a esa pregunta. Eso seguro. Y ojalá todo el mundo respete eso”.
Arteta no entra en cifras, no entra en moralidades. Repite el argumentario interno: reestructurar para seguir creciendo. Y se coloca fuera del disparadero en un tema delicado, justo cuando su propia situación económica ha mejorado de forma muy visible.
Nuevo contrato, vieja tensión: éxito deportivo y coste humano
El contraste es inevitable. El entrenador de 44 años acaba de firmar un acuerdo que mejora su anterior salario, cifrado en 10 millones de libras anuales, más otros 5 millones en bonus. Una renovación acorde al impacto histórico de su trabajo, pero que se anuncia casi al mismo tiempo que el club comunica la salida de decenas de empleados.
Todo esto sucede en un contexto financiero que, sobre el papel, refleja poderío. En febrero, el Arsenal informó de unos ingresos récord de 691 millones de libras en el ejercicio 2024-25. Sin embargo, las cuentas cerraron con una ligera pérdida global de 1,4 millones. El dato clave está en los costes operativos: subieron hasta 200,8 millones, frente a los 147,9 millones del ejercicio anterior.
Es ahí donde el club ha decidido actuar. Menos estructura interna, más margen para seguir invirtiendo en el área deportiva. Esa es la ecuación que se dibuja desde el Emirates, con la Premier League recién conquistada y la exigencia de mantenerse en la pelea por los grandes títulos europeos.
Mientras el balón ruede en Nottingham y el Arsenal defienda su corona, la otra cara del éxito ya se ha hecho visible en los pasillos del club: menos gente detrás del telón para sostener el mismo espectáculo en el césped. La pregunta, inevitable, es cuánto tiempo puede sostenerse ese equilibrio sin que el precio se note también fuera del marcador.





