El ascenso de Mfuni: De la academia del City a la Premier League
Cuando Pep Guardiola se fija en un chico de 16 años y se lo lleva de gira con el primer equipo, algo especial hay ahí. En el caso de Mfuni, ese algo se ve a simple vista: zancada poderosa, cabeza alta con el balón, una serenidad impropia de su edad y una ambición que no se molesta en disimular.
De la tentación de Liverpool al laboratorio de Guardiola
Mfuni tenía nueve años cuando eligió el camino que marcaría su carrera. Coqueteó con la idea de irse a Liverpool, pero terminó entrando en la academia del City. Desde entonces, casi todo fue a velocidad de vértigo. Dominó en categorías inferiores, brilló con el equipo sub-21 cuando apenas tenía 16 años y empezó a parecer demasiado grande para el fútbol formativo.
Su desparpajo llamó la atención de Guardiola, que lo citó para la gira de pretemporada por Estados Unidos tras el título de Premier League 2023-24. Allí, en un contexto reservado para los elegidos, el joven cumplió un sueño: entrenar a diario bajo las órdenes del técnico catalán y compartir sesiones con figuras como Erling Haaland.
En un amistoso ante Chelsea llegó su pequeña primera vez: unos minutos finales que, para muchos, serían intrascendentes; para él, una confirmación de que el sueño tenía base real. Ese verano dejó huella.
Títulos juveniles y la puerta del primer equipo
El ascenso continuó. En 2024 levantó la FA Youth Cup con el City. Un año después añadió la Premier League sub-21 a su palmarés. La progresión no era solo estética: respondía a un futbolista que se sentía cómodo dos escalones por encima de su edad.
Guardiola comenzó a incluir su nombre en las convocatorias de Champions League y de Premier League. El banquillo dejó de ser un horizonte lejano y se convirtió en rutina. Faltaba el salto definitivo.
Llegó en la FA Cup, en un 10-1 descomunal frente a Exeter a comienzos de año. Mfuni entró tras el descanso, sustituyendo a Nathan Aké. No fue un partido de máxima exigencia, pero sí el punto exacto en el que su nombre dejó de ser solo cosa de la academia.
Watford, el tropiezo que frenó la primera explosión
Pocas semanas después de ese debut, el City lo envió cedido a Watford. Llegaba para ocupar el hueco de Max Alleyne, repescado por Guardiola en plena crisis de lesiones en defensa. El propio Alleyne le habló maravillas del club: ambiente cálido, vestuario acogedor, un lugar ideal para crecer.
Valon Behrami, asistente de la dirección deportiva, definió el perfil que buscaban: un defensor inteligente, rápido al espacio, capaz de sacar el balón jugado y de actuar tanto de central como de lateral izquierdo. Mfuni encajaba en todas esas casillas.
No tardó en hacerse con un sitio en el once inicial. Parecía el escenario perfecto para su primera irrupción real en el fútbol profesional. Hasta que llegó Stoke.
En una derrota por 3-1 en marzo, una lesión de tobillo lo obligó a retirarse en los minutos finales. El diagnóstico fue lo bastante serio como para cortar la cesión y devolverlo antes de tiempo al City. Aquellos meses que debían consolidarlo en el fútbol adulto se desvanecieron de golpe.
Coventry, Lampard y un salto sin red
La siguiente oportunidad le ha llegado en un contexto mucho más crudo: una cesión a Coventry, recién ascendido y metido de lleno en la lucha por la permanencia en la Premier League. Nada de aterrizaje suave. Nada de margen para aprender sin presión.
Una lesión en el gemelo de Aurele Amenda y el cambio de Frank Lampard, que abandonó la defensa de tres centrales para apostar por una línea de cuatro, abrieron un hueco. Mfuni lo vio. Y se lanzó.
Ante Newcastle, salió desde el banquillo y dejó una acción que resume su perfil: conducción agresiva, aceleración brutal, determinación para pisar área y definición limpia. Gol y victoria por 4-1 para Coventry. Para un defensa de 18 años, ese tipo de impacto no pasa desapercibido.
En el siguiente partido, frente a Sunderland, Lampard fue más allá y le dio la titularidad en el 3-1. Mfuni respondió con varias despejes clave y un par de bloqueos que reforzaron la confianza del técnico.
Lampard no se guardó los elogios, aunque los dosificó con intención. Habló de niveles distintos, de un chico al que no quería “darle demasiado crédito” para que no se le subiera a la cabeza. Destacó su carácter: seguro de sí mismo, pero humilde, bien integrado en el día a día. Y remató con una sentencia que pesa: “Va a llegar muy lejos en el fútbol”.
Inglaterra sub-21 y la marca de Guardiola
El crecimiento de Mfuni no se limita al club. También ha escalado en la selección. En su primera convocatoria con la Inglaterra sub-21, fue titular como lateral izquierdo en una victoria por 4-2 ante Kazajistán. Semanas más tarde, actuó como central en la derrota frente a Irlanda. Dos posiciones, mismo mensaje: los técnicos confían en su versatilidad.
Su estilo encaja con la escuela City. Con el balón, levanta la cabeza y busca el pase vertical, no el toque cómodo hacia atrás. Cuando ve espacio, acelera y rompe líneas. Esa agresividad ofensiva, según él mismo ha reconocido, se la inculcó Guardiola.
El técnico catalán le cambió la mirada sobre su propio juego. Le insistió en conducir hacia adelante, en no conformarse con el pase seguro. La temporada pasada ya lo demostró en la FA Youth Cup con goles llegando desde atrás. Su objetivo, decía entonces, era claro: empujar al equipo desde la defensa para ganar partidos y trofeos.
Ante Newcastle, esa idea se vio cristalina en la jugada de su gol. No fue casualidad. Fue consecuencia.
Un defensor moderno con referentes gigantes
En el juego aéreo, Mfuni ha demostrado solidez. Sabe usar su altura, mide bien los saltos y sorprende por su velocidad para corregir a campo abierto. Aun así, su fútbol sigue siendo el de un proyecto, no el de una obra terminada.
Su mayor riesgo aparece cuando encara a un atacante en el uno contra uno. Tiende a lanzarse al suelo con demasiada facilidad. Eso le expone a cometer falta o a ser superado con un simple recorte. En la Premier League, ese detalle se paga.
De Guardiola se llevó otra lección clave: ser más agresivo defensivamente, ganar ese “centímetro” vital por delante del rival y utilizar mejor el cuerpo. Es un aprendizaje en marcha, pero ya se aprecia en su forma de anticipar.
Sus referentes no son discretos. Mfuni se mira en Josko Gvardiol, en Virgil van Dijk y en John Stones. Del croata toma la capacidad de jugar tanto de lateral como de central y esa energía en conducción. De Van Dijk, ciertos matices defensivos y presencia aérea. De Stones, la calma y calidad con el balón.
Todavía no es tan feroz al ras de suelo como Gvardiol ni tan dominante en los duelos aéreos como Van Dijk, pero ha absorbido rasgos de todos ellos. Y los mezcla con su propia personalidad.
Un futuro en juego en plena batalla por la permanencia
El recorrido de Mfuni tiene algo de simbólico. A los 16 años ya captaba la atención de Guardiola. A los 18, se gana los elogios de Lampard en plena pelea por no descender. Entre medias, títulos juveniles, una cesión frustrada en Watford y una rápida escalada hasta la Inglaterra sub-21.
Ahora, la batalla es otra. Convertirse en titular habitual en un Coventry que se juega la vida cada fin de semana. Ayudar a mantener al club en la élite antes de regresar a Manchester con un peso distinto en el vestuario del City.
El margen de mejora es evidente. La necesidad de encontrar regularidad, también. Pero si mantiene este ritmo de crecimiento, si pule las decisiones en el uno contra uno y sostiene su valentía con balón en escenarios hostiles, la pregunta deja de ser si llegará al primer equipo del City.
La cuestión pasa a ser cuánto tiempo tardará en hacerlo. Y qué tipo de defensor será cuando ese momento llegue.






