Imane Khelif: Debut Profesional en París Tras la Tormenta Olímpica
Imane Khelif vuelve a ponerse los guantes. Esta vez, sin himno, sin bandera y sin podio olímpico. El 15 de diciembre, en París, la campeona argelina de peso wélter en los Juegos de 2024 debutará como profesional ante la venezolana Clarida Sarabia, en el mismo escenario donde conquistó el oro y se convirtió, a la vez, en símbolo deportivo y diana política.
Tiene 27 años. No pelea desde hace más de dos. Lo dijo sin rodeos en una rueda de prensa recogida por Yahoo: ha echado de menos el cuadrilátero. “Han sido un par de años bastante difíciles. Ha llegado el momento de hacerme profesional y lo voy a dar todo”, afirmó. Esa frase no suena a tópico en su boca: su carrera ha estado marcada por algo más que rivales y puntuaciones.
Del oro a la polémica
Khelif ganó el oro en París 2024 en peso wélter y celebró como cualquier campeona olímpica. Pero el ruido no vino por su jab ni por su juego de pies. Su verano quedó ensombrecido por un debate feroz sobre su elegibilidad de género, alimentado por su descalificación en el Mundial amateur de 2023.
En aquel torneo, organizado por la International Boxing Association (IBA), fue apartada por supuestamente no cumplir los criterios de elegibilidad de género. La decisión llegó desde un organismo que ya había sido expulsado del movimiento olímpico por problemas de gobernanza. El contexto institucional no frenó la polémica, pero sí añadió una capa más de confusión.
Khelif no es una atleta trans. Lo ha repetido una y otra vez. Se define, simple y firmemente, como mujer. Y sostiene que siempre tuvo derecho a competir en los Juegos.
Entre el profesionalismo y Los Ángeles 2028
El 15 de diciembre marcará su salto oficial al campo profesional, en el peso superwélter, ante Sarabia. Nuevo escenario, nuevas reglas, otro tipo de presión. Pero Khelif no cierra la puerta al boxeo olímpico. Este mismo año dejó claro que no considera terminada su etapa amateur y que su intención es defender el título en Los Ángeles 2028.
Para hacerlo, deberá someterse a los requisitos de test genéticos que rigen la elegibilidad. Y aceptó el desafío. En declaraciones a CNN en febrero, fue tajante: está dispuesta a cumplir con todo lo que se le exija para poder competir. Defendió la necesidad de proteger a las mujeres en el deporte, pero advirtió contra el daño colateral: al intentar proteger a unas, no se debería perjudicar a otras. Reivindicó su identidad sin matices: no es trans, es mujer, y quiere vivir su vida sin convertirse en arma arrojadiza de agendas políticas.
Sus palabras dibujan a una deportista que pelea en dos frentes: el deportivo y el simbólico.
Un futuro abierto, incluso entre su propio equipo
Ni siquiera en su entorno técnico hay una visión única sobre lo que viene. Uno de sus entrenadores, Kamel Abdesselam, aseguró que Khelif “no tiene ningún interés” en volver a los Juegos. “Ya es campeona olímpica”, recordó, como si el círculo estuviera cerrado.
La propia boxeadora, en cambio, ha dejado abierta la puerta a un regreso al escenario olímpico. Entre lo que dice ella y lo que interpreta su equipo se abre un espacio de incertidumbre, el mismo que suele acompañar a las figuras que trascienden el deporte.
De momento, la próxima campana sonará en París, en clave profesional. Allí donde empezó la controversia, Khelif intentará que solo hablen sus puños. La cuestión es si el boxeo, por sí solo, bastará para silenciar todo lo demás.






