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Jack Grealish: ausente ante Coventry y sin regreso claro

Jack Grealish sigue en el limbo: fuera ante Coventry y sin fecha clara de regreso

David Moyes ha cerrado la puerta a cualquier regreso exprés. Jack Grealish no estará disponible para el duelo en Goodison Park de este viernes ante el recién ascendido Coventry, el último compromiso de Everton antes del parón de selecciones de noviembre. Y con esa decisión, el enigma alrededor del internacional inglés se hace todavía más ruidoso.

Hablamos de un futbolista con 39 partidos con Inglaterra y un traspaso de 100 millones de libras cuando dejó Aston Villa para fichar por Manchester City. Un jugador de escaparate mundial que, sin embargo, no volverá a sentir la competición, como pronto, hasta el 23 de noviembre. Demasiado tiempo lejos del foco para alguien de su talla.

Su último partido data del 17 de octubre, ante Chelsea. Desde entonces, tres encuentros seguidos viendo la acción desde fuera. Primero fue una “infracción de la disciplina del club” la explicación oficial. Después, el mensaje cambió: no está en condiciones de jugar. Nada más. Sin matices. Sin contexto.

El silencio, claro, alimenta las dudas.

Un caso rodeado de sombras

En torno a Grealish se ha levantado un muro de discreción poco habitual en la Premier League. Ni el club entra en detalles ni el propio jugador ha dado su versión. Solo se filtra una sensación: algo pasa, pero nadie lo cuenta.

Michael Ball, exdefensa de Everton, lo resumió con crudeza al ser consultado por GOAL: se sigue intentando averiguar qué ocurre, no sale nada del club ni del entorno del futbolista y solo queda desear que todo esté bien. La preocupación es real, porque el talento también lo es.

Ball no escatima elogios. Define a Grealish como “absolutamente increíble”, uno de los mejores de la plantilla cuando está en forma, un jugador al que el club “adora” tanto dentro como fuera del campo. No es una frase hecha: Everton ya apostó por él y volvió a hacerlo, convencido de que su calidad puede cambiar el paisaje de un partido en un instante.

Pero incluso en ese retrato luminoso se cuelan las sombras. El exjugador admite que el atacante “tiene algunos problemas” que necesitan solución. Y ahí se abre la grieta entre el futbolista fascinante y el profesional que, a estas alturas de su carrera, ya no puede refugiarse en la etiqueta de joven prometedor.

Entre el genio y la frustración

Grealish siempre ha atraído miradas. Y no solo por lo que hace con el balón. Su vida fuera del campo, sus decisiones, sus excesos puntuales… todo se amplifica. Ball lo dice sin rodeos: a veces no se ayuda a sí mismo. Ya no es un chico que empieza, y los errores que antes se toleraban como parte del aprendizaje ahora pesan más, con una carrera que entra en su tramo decisivo.

Lo paradójico es que, cuando pisa el césped, el debate se disuelve. Su primer toque, su manera de recibir entre líneas, la facilidad con la que parece jugar cuando se le ve en directo… “Es demasiado fácil para él”, apunta Ball. El problema es que esa facilidad se ha visto menos de lo que debería en la Premier League.

Hay una crítica que le acompaña: a ratos da la sensación de jugar dentro de sí mismo, de bajar revoluciones al juego, de ralentizar ataques que podrían ser más directos. Eso irrita a parte de la grada. Pero, al mismo tiempo, los rivales no saben cómo pararle. No saben cómo marcar a un futbolista con esa capacidad para esconder la pelota, para girar, para forzar faltas y cambiar el ritmo del partido.

Y todo eso, hoy, está fuera del escenario.

Un futuro por escribir

Para Everton, su ausencia es un lujo que el equipo no se puede permitir durante mucho tiempo. Para la Premier League, es un vacío de talento en un campeonato que vive de las figuras que levantan al público del asiento.

Ball lo tiene claro: Grealish es un jugador que debe estar en la Premier League. Y debe estar siendo protagonista. Moyes, por su parte, insiste en que tendrá oportunidades. No dice cuándo. No promete nada. Deja la pelota en el tejado del propio futbolista.

Ahí está el punto clave. Será Grealish quien tenga que forzar la puerta del once inicial, quien demuestre en los entrenamientos que está listo física y mentalmente, quien recupere la versión que le convirtió en uno de los talentos más caros del fútbol inglés.

Everton y la liga inglesa son mejores con Jack Grealish sobre el césped. Esa es la sensación que flota en el ambiente. La gran incógnita es otra: cuánto tiempo más puede permitirse el club –y el propio jugador– seguir viviendo de ese recuerdo y no de su impacto real en los partidos.