Liam Lawson: Un piloto destacado sin futuro asegurado
En la antesala del Gran Premio de Brasil, Liam Lawson llega a Interlagos con una mezcla incómoda: uno de sus mejores años en Fórmula 1 y, al mismo tiempo, un futuro completamente en el aire. El neozelandés de 24 años lo resume con crudeza: está firmando una temporada sólida, pero Racing Bulls aún no le garantiza un volante para 2027.
Noveno del campeonato con 83 puntos. Mejor clasificado entre los pilotos que no pertenecen a los cuatro grandes equipos. Piezas que, sobre el papel, encajarían en cualquier proyecto de media parrilla. Sin embargo, el asiento sigue sin candado.
“Llevo todo el año intentando hacer lo mejor posible. Hemos tenido un año muy fuerte y estamos en una buena posición”, explica Lawson antes del fin de semana en São Paulo, donde Interlagos suele mezclar lluvia, caos y oportunidades. Su rendimiento no es un espejismo: Racing Bulls marcha quinta en el Mundial de Constructores, casi 40 puntos por delante de Alpine, y el kiwi ha sido clave en esa batalla directa con los franceses.
La carrera de México fue un buen resumen de su 2026: arrancó desde el pit lane, remontó hasta la novena posición en pista y, tras las sanciones posteriores a otros pilotos, terminó séptimo en la clasificación oficial. Trabajo silencioso, sin estridencias, pero con resultados. De ahí su frase, medio resignada, medio desafiante: “No sé qué más quieren que haga”.
Sin plan B y con el reloj en contra
La situación contractual de Lawson se ha convertido en un nudo cada vez más apretado a medida que la temporada se acerca a su final. Él mismo admite que no tiene alternativa preparada si el equipo decide prescindir de sus servicios.
“Es el final de la temporada. Cuando algo se empuja hasta tan tarde, te quedas prácticamente sin opciones, así que no es la situación más fácil”, reconoce. No hay segunda vía, no hay categoría paralela en el horizonte. Solo la esperanza de que el rendimiento en pista pese más que las apuestas de futuro del grupo Red Bull.
Lawson asegura que no ha querido pensar demasiado en su futuro durante el año, centrado en exprimir cada fin de semana. Aun así, deja claro que su nivel actual está muy por encima del que mostró en 2025, cuando Red Bull lo bajó del coche después de solo dos Grandes Premios. Aquella decisión aún planea sobre su carrera, pero el neozelandés ha respondido con constancia, puntos y madurez.
La sombra de Nikola Tsolov
El problema para Lawson tiene nombre propio: Nikola Tsolov. El búlgaro, procedente de la F2, forma parte de la apuesta de renovación de Red Bull y ya se subió al coche de Lawson en la primera sesión de entrenamientos libres en México. Un gesto que en Fórmula 1 nunca es inocente.
El CEO de Racing Bulls, Peter Bayer, no escatimó elogios hacia su piloto actual: reconoció que Lawson “ha hecho todo” lo necesario para demostrar su valía dentro del equipo. Sin embargo, dejó clara la filosofía de la estructura: su obligación es seguir introduciendo sangre nueva en la parrilla. Y ahí entra Tsolov, de quien Bayer destacó que se “integró perfectamente en el equipo” durante su primera toma de contacto.
La decisión final, eso sí, recaerá en el director del equipo, Alan Permane. “Tomará la decisión correcta para el equipo”, apuntó Bayer, abriendo la puerta a cualquier desenlace. Para Lawson, significa que todo su año se resume, en parte, a la valoración de un despacho.
Interlagos, escenario de riesgo… y oportunidad
En medio de esa tensión, llega Brasil. Interlagos, circuito corto, técnico, con clima cambiante y carreras que a menudo se convierten en ruleta. Exactamente el tipo de fin de semana en el que un piloto con hambre puede cambiar narrativas.
Lawson no se esconde: está “emocionado” ante el reto. “Siento que el ritmo ha sido bueno, y en México fue muy, muy bueno. Será una carrera dura, pero seguro que tendremos condiciones mixtas este fin de semana, y seguro que va a ser un desafío para nosotros”, anticipa.
La combinación es clara: un piloto que corre como si cada vuelta fuera un examen final, un equipo dividido entre el presente que rinde y el futuro que promete, y un circuito que rara vez perdona errores, pero a veces recompensa a los que se atreven.
Lawson ya ha dejado claro lo que piensa: no sabe qué más puede hacer. La respuesta, ahora, ya no está en sus manos, sino en la de quienes deciden cuánto vale, de verdad, una temporada fuerte en la zona media de la parrilla. Interlagos puede ser su último gran alegato. O el primer capítulo de una historia que se niega a terminar.






