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La WTA se disculpa con Pegula por el incidente de micrófono

Valerie Camillo, presidenta de la Women's Tennis Association, salió a escena con un mensaje claro: disculpas públicas para Jessica Pegula y un reconocimiento de que lo ocurrido en Indian Wells fue “lamentable e inaceptable”. No fue una simple anécdota técnica. Fue una grieta expuesta en la relación entre espectáculo, tecnología y la intimidad de las jugadoras.

Todo arrancó en un entrenamiento previo a las WTA Finals. Pegula, número cinco del mundo, charlaba en privado con su entrenador Mark Knowles tras una sesión de práctica. En esa conversación, se refirió a Mirra Andreeva como una “diva” y comentó que la joven campeona de Roland Garros “necesita que la bajen de la nube”, apuntando también a la influencia de su entrenadora Conchita Martínez.

Lo que debía quedar en la confidencialidad de una pista de entrenamiento terminó retransmitido en directo. La WTA no había avisado a las jugadoras de que había micrófonos activos en las canchas de práctica, y el diálogo se coló en un directo de YouTube. El clip voló enseguida por las redes sociales.

La reacción no tardó. Pegula calificó el episodio de “desafortunado” y dejó claro que el consejo de jugadoras de la WTA respalda con firmeza la demanda de mayor privacidad. Su entorno aseguró que la estadounidense estaba “completamente ajena” a que sus palabras podían ser captadas por micrófonos a pie de pista.

Camillo asumió la responsabilidad. Anunció que todo el equipo de grabación de audio en las zonas de práctica ha sido retirado, admitiendo “un fallo evidente” en la ejecución técnica y en la supervisión del sistema. Y fue directa al nombrar a la afectada: “Quiero disculparme específicamente con Jessica Pegula y con Mark Knowles. Lo que ocurrió fue lamentable e inaceptable. Jess es una de las mejores defensoras de la WTA y una de sus mayores estrellas. No merece esta distracción”.

El asunto, sin embargo, va más allá de un micrófono mal señalizado. Pegula, en una entrevista con ESPN, puso el dedo en la llaga: el aumento constante de cámaras, audios y acceso a los bastidores del circuito femenino. “Es algo por lo que hemos luchado mucho en los últimos años, porque hay mucha más vigilancia, audio y acceso a las jugadoras en los torneos que antes”, explicó. Para las televisiones es oro. Para las protagonistas, cada vez más, una invasión.

La estadounidense recordó que no es el primer incidente de la temporada. Coco Gauff pidió más protección después de ser grabada en la zona de jugadoras rompiendo la raqueta tras caer ante Elina Svitolina en los cuartos de final del Abierto de Australia. En ese mismo torneo, Iga Swiatek denunció que las cámaras las seguían “como animales en el zoo” en los espacios que, en teoría, deberían ser de respiro.

En Indian Wells, la WTA reaccionó tarde. Eliminó las retransmisiones de los entrenamientos del miércoles de su canal de YouTube, pero el material ya circulaba por redes, fuera de su control. El daño, en términos de confianza, estaba hecho.

Camillo insistió en que el circuito “es sensible a la privacidad de las jugadoras” y que existen políticas para equilibrar la necesidad de espacios seguros con la intención de acercar a los aficionados al juego. Esta vez, reconoció, fallaron los avisos previos y la señalización clara sobre la presencia de equipos de grabación.

La presión mediática, el negocio del contenido permanente y la obsesión por el acceso total chocan ahora con una generación de tenistas que exige límites. Pegula lo resumió con pragmatismo: este episodio reavivará el debate y, con suerte, servirá para seguir empujando hacia una mayor protección de la intimidad.

La WTA ya ha retirado micrófonos. Falta por ver si retira también la línea invisible que separa el espectáculo del derecho de las jugadoras a hablar, desahogarse y equivocarse sin sentirse grabadas a cada paso. En un circuito cada vez más expuesto, esa frontera puede marcar la próxima gran batalla fuera de la pista.