Amar Dedic y la sorprendente persecución policial con arco y flechas
Amar Dedic saltará previsiblemente al césped con Newcastle ante Fulham el sábado, pero su semana ha estado lejos de ser la rutina habitual de un futbolista de élite. El lateral derecho bosnio se vio envuelto en una sorprendente persecución policial en Northumberland después de ser visto portando un arco y flechas en el campo inglés.
La escena, más propia de una película que de la tranquila campiña al norte de Inglaterra, arrancó el miércoles por la tarde. Un ciudadano avisó a la policía tras observar a dos hombres caminando junto a un embalse, en un camino junto a la Military Road, en la zona de Harlow Hill. Llevaban un arco y flechas. Uno de ellos era Dedic.
El aviso encendió todas las alarmas. Northumbria Police movilizó hasta seis coches patrulla y una unidad armada, que siguieron el vehículo del jugador hasta su domicilio en la exclusiva urbanización de Darras Hall, a las afueras de Ponteland. Allí, los agentes detuvieron el coche del futbolista de 24 años y registraron el maletero, donde se encontraban los arcos y las flechas.
La intervención terminó sin drama. La policía incautó el material y, tras las primeras comprobaciones, rebajó el tono del incidente. En un comunicado, Northumbria Police explicó que los agentes quedaron satisfechos de que el arco y las flechas eran “para uso recreativo y no existía amenaza para el público”, aunque subrayó que las pesquisas “siguen en curso”.
En el Reino Unido es ilegal perseguir animales con arco, flechas o ballestas, una línea roja muy clara en la legislación. No hay indicios, sin embargo, de que Dedic o su acompañante estuvieran cazando ni de que hubieran salido con ese propósito. Todo apunta a una actividad de ocio mal interpretada en un contexto especialmente sensible para cualquier objeto que pueda considerarse arma.
Mientras la policía completa sus investigaciones, en Newcastle el asunto se maneja con calma. El club no tiene previsto imponer sanción al internacional bosnio y cuenta con él para el compromiso liguero frente a Fulham. El episodio, estridente en su desarrollo pero aparentemente inocuo en el fondo, quedará marcado como una advertencia: en el fútbol moderno, cualquier gesto fuera del césped puede desatar una tormenta inesperada.






