Logotipo completo Cancha Firme

Boris Becker descarta volver a entrenar a Zverev

Alexander Zverev ya no compite solo contra sus rivales del circuito. Compite contra la historia del tenis alemán. Y, a estas alturas de 2026, está claro que se ha instalado en el panteón.

El alemán de 29 años ha firmado el año que llevaba una década persiguiendo. Primero Roland Garros, después el US Open, con una final en Wimbledon perdida entre medias. Un triplete que lo ha catapultado al número uno del mundo y que ha roto, por fin, el viejo discurso de “gran jugador sin Grand Slam”.

Con ese currículum, en Alemania solo un nombre se mantiene por delante del suyo: Boris Becker. Campeón precoz, icono de una generación y, en los últimos años, mentor intermitente de Zverev. Una relación tan prometedora como turbulenta.

Becker baja la persiana: “Con Zverev, no”

En una entrevista con Der Spiegel, Becker fue directo cuando le preguntaron si contemplaba volver a entrenar a Alexander Zverev. No dejó espacio para interpretaciones.

“Yo tengo que ser el jefe en el ring”, explicó. “Si un miembro de la familia tiene entonces una opinión diferente, en un idioma que no entiendo, en este caso ruso, entonces es inaceptable”.

La frase destapa lo que durante tiempo se había intuido: fricciones en el box, diferencias de criterio y una barrera idiomática que, para Becker, no es un simple detalle. Es una línea roja.

El seis veces campeón de Grand Slam recordó su implicación con Zverev: “Estuve en su box en muchos partidos, estuve en la pista de entrenamiento y lo apoyé activamente”. No hablaba como un asesor ocasional, sino como alguien que se sintió dentro del proyecto.

“Ha habido altibajos”, admitió. “Soy 30 años mayor que él; tengo hijos de su edad. A estos jóvenes hay que decirles a veces lo que no quieren oír”. Ahí, Becker dibuja el choque generacional: la voz del veterano que aprieta, el talento joven que se rebela.

“Eso puede motivarlos aún más; piensan: ‘¿De qué habla este? Se lo voy a demostrar a ese viejo’”, añadió. “Está bien. Lo principal es que gane. Y este año lo hizo”.

El reconocimiento deportivo es total. La puerta personal, no tanto. La frase inicial lo deja claro: Becker no se ve volviendo a ese banquillo.

El número uno… y las dudas

El ascenso de Zverev al número uno del ranking ATP llega tras años de acumular títulos en Masters 1000, ATP Finals y torneos de élite, pero chocando una y otra vez contra el muro de los Grand Slams. 2026 ha cambiado el relato.

Roland Garros fue el gran desahogo. El US Open, la confirmación. Entre ambos, la herida de una final perdida en Wimbledon que, en otro contexto, habría pesado mucho más. Hoy queda como el único borrón en un curso casi perfecto.

Su condición de número uno, sin embargo, no ha acallado todas las voces. Hay quienes cuestionan la “validez” de su trono, un debate recurrente en cualquier cambio de guardia del ranking. Becker, pese a sus reservas personales, no entra ahí. Sus palabras sobre el rendimiento de Zverev este año son elogiosas. El respeto deportivo está intacto.

Un entrenador libre… y un futuro abierto

Si con Zverev la historia parece cerrada, con el resto del circuito el discurso cambia. Becker no descarta volver a la ATP como entrenador.

“Ha habido varias consultas; ¡por supuesto que no mencionaré nombres!”, reveló. “Ya veremos qué pasa el año que viene”.

El mensaje es claro: el alemán escucha ofertas, mantiene el radar encendido y conserva el peso de su nombre en el vestuario del tenis masculino. Sabe lo que significa guiar a un jugador hacia los grandes escenarios y no oculta que ese rol le sigue atrayendo.

Mientras tanto, Zverev continúa su propio camino, ahora como campeón múltiple de Grand Slam y número uno del mundo, pero sin Becker en su esquina. Dos generaciones del tenis alemán, unidas por la historia y separadas por la gestión del día a día.

El tiempo dirá si este 2026 marca solo el año de la consagración de Zverev o el inicio de una era que obligue a reabrir, de verdad, la comparación con el legado de Boris Becker.